Septiembre-Octubre/14

Escriben este mes: Andradi // Angilletta /
Bonifatti // Catania / Form /
Luzuriaga // Martínez / Ojeda /
/ Rodríguez // Setton // Vitagliano /
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PIES DE IMAGEN

De la cabeza, por Miguel Vitagliano


(Foto B.Settnik, 1990, AP)
Los gestos quieren ser actos. Esa es una marca de nuestro tiempo. La otra es que los actos se devoran entre sí con una rapidez tan flagrante que parecen nacer muertos. Vivimos en un tiempo en que los gestos quieren redimir el valor perdido de los actos. Esa es la certeza que nos mueve. Vivimos en medio de una hipérbole de símbolos mientras la sordera ante el lenguaje no deja de aumentar. La foto de Bern Settnik, de 1990, capturó un gesto con voluntad de acto. Lo que se ve suspendido en el aire es la cabeza del monumento a Lenin de 19 metros que estaba en el barrio de Köpenick, en Berlín, al ser demolido y cortado en 129 pedazos, como quedó registrado en una escena de Goodbey Lenin (2003). Los bloques fueron enterrados en las afueras de la ciudad. El monumento había sido inaugurado en 1970, en una plaza emblemática de la RDA y se mantuvo en pie sólo un año luego de la desaparición de Alemania del Este.
      Desde hace cinco años, la responsable de Cultura del Ayuntamiento de Spandu, Andrea Thiessen, quiere crear un centro histórico y cultural con los símbolos que marcaron la vida de Berlín en los últimos dos siglos y reclama fragmentos de ese monumento, pero las autoridades de la ciudad se niegan a responder dónde está enterrada esa cabeza de Lenin; mejor dicho, el pedazo de granito rojo de un metro y medio que la representaba. En una nota del diario El País (21-9-14), Enrique Müller presentó las controversias que desató el suceso. Una funcionaria del Departamento del Desarrollo Urbano de la ciudad no dudó en decir que “las nuevas generaciones no están preparadas para confrontarse con lo que representaba Lenin”; tampoco vaciló el portavoz del grupo La Izquierda en el Parlamento al asegurar que “le tienen miedo a las ideas revolucionarias de Lenin, como el diablo le tiene miedo al agua bendita”.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Sobre Baigorria, por Florencia Angilletta


El poeta y pintor Henri Michaux –exquisito globetrotter nacido en Bélgica que recorrió Río de Janeiro, París, Ecuador y países de Oriente– escribió: “Yo remo / remo contra tu vida / me multiplico en remeros innumerables / para remar más fuerte contra ti”. Estos famosos versos aparecen en la página 74 de Sobre Sánchez, libro escrito por Osvaldo Baigorria y editado por Mansalva en 2012. Allí, como un anzuelo, coagulan y se proyectan las trayectorias de tres viajeros y remadores: el propio Michaux, Néstor Sánchez, el escritor argentino más enigmático; y Osvaldo Baigorria, autor de esta escritura entusiasta e inclasificable.
      Escritor, periodista y docente, Osvaldo Baigorria (1948) fue colaborador de publicaciones emblemáticas de la “contracultura” argentina como El Porteño y Cerdos y Peces, y de importantes diarios y revistas. Publicó, entre otros, Llévatela amigo por el bien de los tres, Correrías de un infiel y Anarquismo transhumante; y compiló Cartas a Baigorria de Néstor Perlongher y Prosa plebeya. En septiembre de este año, Baigorria fue invitado a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires para conversar en una entrevista, junto a profesores y alumnos, sobre los cruces posibles entre crítica-ficción-creación en Sobre Sánchez y en dos libros de reciente publicación: Cerdos y porteños, que recoge doce artículos escritos en los años ochenta; y la reedición de Con el sudor de tu frente. Argumentos para la sociedad de ocio. De este modo, el encuentro fue una invitación para acercarse a la trayectoria de Baigorria, compartir sus itinerarios –en un triángulo que abarca desde el barrio de Mataderos, la vida en comunidad en Estados Unidos y la pregnancia del Delta– y para poder pensar sus escrituras atravesadas por el problema de la verdad y las formas de vida.
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APUNTES

Tres variaciones sobre el oro, por Yaki Setton


Yaki Setton leyó el siguiente texto en la presentación de Variaciones de la luz de Diana Bellessi, editorial Cien Volando, en La Casa de la Lectura, Ciudad de Buenos Aires, el jueves 4 de septiembre de 2014.

Uno

Se escuchaba un poco mal, entrecortado, alejados. Era febrero del 2006, una voz en la ciudad de Buenos Aires, la otra en el Tigre

-pero ya está corregido, Diana?
-Sí, mi querido. Ya está. Solo necesito que vengas un día a la isla a que lo leamos juntos. Variaciones de la luz, se va a llamar, Variaciones de la luz.

Fue para una efímera colección de poesía hecha junto con la editorial Bajo la luna que Diana Bellessi, amiga y maestra desde hace casi treinta años me cedió por primera vez este bello y sencillo universo de cuatro palabras: “Variaciones de la luz”. Con su propia letra cursiva dibujó la tapa de ese libro provisorio. Para mí Variaciones de la luz fue desde un principio un llamado al amor por la amistad y por la poesía. La generosidad de Diana al ceder una serie de poemas en proceso que luego culminó en dos libros: Tener lo que se tiene (incluido en la poesía reunida, Tener lo que se tiene, publicado por Adriana Hidalgo en 2009) y Variaciones de la luz (Premio Internacional de la ciudad de Melilla, editado en el 2011 por Visor de España) Finalmente hoy presentamos Variaciones de la luz, su edición argentina, en la nueva editorial Cien Volando .
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NOTICIAS DE AYER

La West-Eastern Diván en Buenos Aires, por Alcides Rodríguez


Johann Eckermann no salía de su asombro cuando, en medio de una charla sobre tecnología de arcos y flechas, Goethe le preguntó si le interesaba ver un legítimo arco bashkir. El escritor lo llevó a un gabinete de curiosidades que tenía en el jardín de su casa. “Aquí lo tiene usted - le dijo a su amigo - está tal y como estaba cuando en 1814 me lo regaló un cabecilla bashkir. ¡Vaya! ¿Qué me dice usted?” Goethe hablaba aquí de su primer contacto directo con el mundo musulmán, cuando el ejército imperial ruso que venía derrotando a Napoleón a lo largo de Europa acampó en Weimar. Entre las tropas del Zar había algunos regimientos compuestos por grupos étnicos bashkires, de religión islámica. En carta a un amigo Goethe describía sus impresiones acerca del oficio religioso musulmán celebrado en la escuela protestante de la ciudad y contaba los pormenores de su encuentro con el “cabecilla bashkir” que le había regalado el arco. Ese mismo año leyó por primera vez el Diván del poeta persa Hafiz, encendiendo en su alma un intenso entusiasmo por la poesía persa y sufí. Bajo su influjo publicó en 1819 el Diván de Occidente y Oriente, una antología de poesía ambientada en el mundo musulmán. Convencido de estar viviendo tiempos de advenimiento de la literatura universal, Goethe iba con su nuevo libro al encuentro del Otro, reconociéndolo y reconociéndose al mismo tiempo en él. ¿Qué mejor que encabezar el feliz encuentro con la palabra Diván, término árabe que designa una colección de poesías en árabe, persa o turco? En carta al canciller Friedrich von Müller, Goethe sostenía que si la confianza y la sumisión a Dios son los cimientos de “toda religión mejor”, entonces el islam y el cristianismo reformado se tenían que dar las manos. Como se lee en el Diván

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RELATOS

Relato: “Qué remedio”, por Ana Ojeda


Ana Ojeda es escritora y editora de El 8vo. Loco, una de las editoriales que desde hace ya varios años participa en el panorama de la nueva literatura argentina. En 2012 publicó su novela Falso Contacto, un recorrido por la piel de la ciudad en las voces de personajes que la atraviesan durante casi todo el siglo XX. El relato “Qué remedio” también está atento al tiempo, y sobre todo a esas marcas que nos marcan cuando creemos que vamos desmarcados por la calle.


Fue un caso de falta de respeto diacrónica. Lo que apenas pasados los 60 parecía obligatorio, a los 75 se volvió innecesario y después de los 90, ridículo. Cuidado con el escalón, por ejemplo. Cadera quebrada y recompuesta una, dos, tres veces.
–Tiene adentro más titanio que Terminator.
    Ella seguía en pie y silencio, habitando su tiempo huraño.
    Los nietos llegaron como guarnición de noisette. Comenzaron los deslices.
–¿Y si la disfrazamos de Mamá Noel? Total, con que esté sentada basta.
     La metamorfosis se operó múltiple y la convirtió en árbol de navidad, elfo del bosque o enana de jardín. El efecto encantaba a la parva de menores que acompañaba sin resistencia en la visita semanal obligatoria, pensando que la esquina de Independencia y Boedo era una especie de pelotero clandestino.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Sobre los escritores de culto, por Guillermo Martínez


Hace algún tiempo, en 2012, Guillermo Martínez respondió unas preguntas sobre los “escritores de culto” para una nota de un suplemento cultural. Lo que escribió fue mucho más extenso que las quince líneas solicitadas. Es que el asunto parecía incitar al autor de La muerte lenta de Luciana B. a compartir en cada línea una reflexión y una nueva estocada.

La categoría de “escritor de culto” aparece por la dualidad peculiar de la literatura, que es una disciplina a la vez fácil y difícil. “Fácil” no sólo porque la literatura –íntegra- está al alcance de cualquiera que haya terminado la escuela primaria, sino también porque se ocupa de temas y asuntos que todos creemos conocer y con los que hay una empatía de experiencia y de sensibilidad inmediata: las pasiones, los deseos, las intrigas, las vicisitudes de la vida y la muerte, todo lo que constituye, en fin, el paisaje próximo de lo humano. En contraposición, el aspecto “difícil” de la literatura tiene que ver, por supuesto, con la literatura entendida como un arte, como una larga historia de permanente invención, variación y agotamiento de recursos y de efectos, de teorías, retóricas y géneros. Juzgar a una novela desde este punto de vista exige otro tipo de adiestramiento, requiere iniciaciones literarias y un lector que cargue con el conocimiento de una diversidad de tradiciones literarias, de mecanismos formales, de confrontación de autores y experimentos.
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APUNTES

Entrevista : Sur sin fronteras. La poesía de Gloria Dünkler, por Esther Andradi


Esther Andradi presenta en EdM a la escritora chilena Gloria Dünkler que acaba de recibir el premio Edición del Movimiento Internacional de Escrituras.


Mapudungun y alemán, la lengua de la cultura india y la de los colonos europeos se cruzan con el idioma español, en un relato épico que elabora las preguntas del mestizaje en el sur de Chile: Füchse von Llafenko, el poemario de Gloria Dünkler (Pucón, Chile, 1977) acaba de ser galardonado con el premio Edición del Movimiento Internacional de Escritoras Los puños de la paloma.

Gloria Dünkler estudió Pedagogía en Lenguaje y Comunicación, y cursa actualmente la carrera de Bibliotecología en Santiago, Chile. Ha sido editada en las antologías nacionales Mujeres en la poesía chilena actual y en Mujeres frente al mar Editorial Semejanza, Santiago, 2000, así como en revistas tanto en Santiago como en Temuco, en Chile, y traducida al catalán. Ha sido becaria del Taller de cuento dictado por la escritora chilena Pía Barros, y galardonada en varias ocasiones, tanto en poesía como en relato.
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RELATOS

Sobre no morir sin despertar, por Fernando Form

“Alice ha cambiado mucho desde aquellas historias del País de las Maravillas.”
Jean-Pierre Enard


Sean las diez de la mañana o las tres de la tarde, lunes o sábado, siempre, antes de entrar a la librería, desde el banquito de plástico Miguel me dice “…recién pasó el loco”.
     De día vive ahí, estacionado frente a la quiniela, junto a una parada de varias líneas, o escondido tras la puerta izquierda del kiosko de diarios, bajo un techo provisorio. Vive hace treinta años, más menos, en el barrio, y la gente le da de almorzar. De noche va a dormir a un parador de Macri, dice Miguel, y ahí también come.
     Insistente con prevenirme del loco (se refiere a un ladrón de libros que nunca volvió), siempre luce igual: un pantalón de vestir grande y oscuro, y una campera más grande todavía que le donó la Iglesia. La usa hagan diez o treinta grados. En este último caso impresiona verlo habitando ese sarcófago negro, sacando la cabeza como una tortuga, rengueando sentado sobre el pie herido que envuelve en una bolsa blanca.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

La identidad literaria de Harry Potter. Crónica de una lectura con mis hijos (parte 1), por Karina Bonifatti



No fueron pocos los lectores que vieron sacudirse los estantes de sus bibliotecas cuando leyeron Las voces de los clásicos en Harry Potter (Biblos, 2011). Karina Bonifatti, su autora, cuenta para EdM cómo fue que comenzó a entablar el diálogo entre tantas voces. Nada dice, sin embargo, de ese grupo que le envió a Harold Bloom varios ejemplares de su libro.

Los que subestiman los libros de Harry Potter no están viendo algo fundamental: que hasta que apareció esta saga no existía una narración moderna centrada en Pirro, Hermione y Orestes, los tres niños que se quedaron solos cuando sus padres: Aquiles, Menelao y Agamenón, marcharon a la Guerra de Troya, mito que hace tres mil años da origen a la literatura occidental.
    Se puede discutir parcialmente si los libros de JKR son buena o mala literatura; pero indudablemente tienen el mérito de ser una elaboración monumental de clásicos que tratan esa contienda y sus temas derivados. A mí me encanta cómo cuenta Virgilio, hace dos mil años, el fin de la Guerra de Troya en la Eneida; pero como Virgilio es un autor latino que escribe a favor del bando troyano porque justamente en esa tradición inscribe su epopeya, y lo hace lamentando la invasión griega, presenta a Pirro como un muchacho sanguinario, terriblemente violento, así que nadie lo asociaría con Harry… Otro autor que retoma la vida del hijo de Aquiles, y lo hace con más detalle que ningún otro, es Quinto de Esmirna, un griego. Quinto narra en las Posthoméricas todo lo que hizo Pirro para atravesar las murallas de Troya (está con los guerreros adentro del caballo de madera), incendiar la ciudad, matar al rey y ganar la larga contienda bélica. Pero Quinto escribió en el siglo III y no tuvo gran difusión por ser considerado “un poeta menor” (probablemente porque describe a los griegos como gente temerosa, no siempre valiente…, o porque parodia a Homero… influido como está Quinto por la comicidad propia de la literatura latina que tanto le gusta).
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APUNTES

Sobre Tragedia moderna, de Raymond Williams, por Pablo Luzuriaga


La semana pasada falleció la madre de un amigo, mis preguntas al teléfono querían, con la mayor delicadeza, llegar a un punto: se trató de una muerte trágica y dolorosa o, por el contrario, terminó sus días tranquila y sin dolor. History Channel emite estos días un documental acerca de la producción energética, cuenta la trágica muerte de Diesel. El inventor del motor se tiró, o lo tiraron, de un barco, apareció flotando en un río. Uno de los entrevistados, para sembrar la sospecha que se trató de un asesinato, dice: “la mayoría de la gente muere en la cama”. La del tren en once es una tragedia, también la de Cromañón y la de los estudiantes del colegio Ecos. Donde mataron a Pablo Tonello, el ciclista asesinado en la Avenida del Libertador, hay un cartel que anuncia: “La muerte de Pablo es el inicio”, como si esa muerte individual, como tantas otras muertes fatales en robos o accidentes, fuera el final de una etapa y el principio de un cambio. Usamos la palabra tragedia para darle nombre a ese tipo particular de dolor: el de una vida que se encuentra de forma abrupta con su final. En 1966, Raymond Williams se preguntó por las relaciones entre estas experiencias cotidianas con esa clase especial de arte dramático “para el cual se puede trazar una posible aunque complicada continuidad histórica de 25 siglos”. Este año Tragedia moderna, traducida por Camila Arbuet Osuna, fue publicada por primera vez en español, en la colección Ideas de la editorial Edhasa.
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APUNTES

A propósito de Eisejuaz, de Sara Gallardo, por Ana Catania


Somos en el mundo a través del lenguaje. Existimos, a diferencia del animal, porque podemos hablar. Nuestro modo de ser-en-el-mundo está atravesado por un modo determinado del habla que no es sino una convención: la que nos permite ser-con-otros y hacer de los objetos que nos rodean, incluso de la propia naturaleza, nuestras herramientas para (sobre)vivir.
     Martin Heidegger afirma, sin embargo, que hay un lenguaje, un modo del habla, que al permanecer más alejado, más cerca del Ser se mantiene. Hay un decir primigenio, original, que es capaz de “decir al Ser” o “nombrar lo Sagrado”: el decir poetizante. El poeta – y pensemos aquí en Holderlin, Rilke, Trakl– es quien, al mantenerse más retirado, más adelantado es (o está). El poeta es esa clase de hombre que permanece más cercano a la palabra que convoca el llamado del Ser: palabra inicial o palabra venidera, en camino.
    Pero, ¿qué sucede con el lenguaje cuando el mundo, tal como lo conocemos, deja de ser un lugar seguro y útil; se vuelve ajeno? ¿Cuando nos encontramos escindidos, expulsados por fuera de los límites? ¿Qué sucede con aquel hombre que es extraño en esta tierra, un extranjero de sí mismo, de su patria, de su identidad? ¿Qué lenguaje, qué habla, puede dar cuenta de esa experiencia? Y es que hay algo insuficiente y precario en nuestro decir. Pensemos, sino, en la sociedad actual, histerizada por el ruido, el chisme, las habladurías, la avidez de novedad, la publicidad, la tecnología. A pesar de acercar(nos), cuánto (nos) alejan.
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 Junio-Julio/14

Escriben este mes: /Brindisi // Cascallares /
/ Cross // Figueras // Luzuriaga // Mothe /
Petroni/Rodríguez /Scavino /
/ Vitagliano // Yemayel
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PIES DE IMAGEN

Sugerencias (Ready Made 2014), por Bruno Petroni


Tengo 5 años y quiero hacer el amor
Tengo 5 años y estoy embarazada
Tengo 5 años con el DIU
Tengo 5 años trabajando
¿cuánto me toca de liquidación?

Tengo 10 años y soy gay
Tengo 10 años y quiero tener novia
Tengo 10 años y estoy enamorada
Tengo 10 años
y ya hice el amor

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APUNTES

Vidas de bolsillo: Aristóteles Onassis, por Miguel Vitagliano


No era un buen estudiante. Cuando sus compañeros de escuela ya habían aprobado los exámenes para ingresar a la universidad, el joven Ari todavía seguía mordiéndose los labios y barruntaba excusas, o lo que todos creían que eran excusas. Decía que no necesitaba diplomas para hacer cuanto quería en la vida, y su padre no dejaba de decirle la misma frase que le repetía desde su infancia: “Ari, hay que hablar menos y escuchar más.”
     Había nacido en 1906, en Esmirna, Grecia, y era hijo de Sócrates, un próspero comerciante de tabaco en aquella zona cercana a la frontera con Turquía. Perdió a su madre a los seis años y ese hecho no pudo sino marcarlo de por vida. Exacerbó la rivalidad con su padre, que pronto contrajo matrimonio con una joven llamada Helena, y alimentó en su interior el deseo de buscar la viva imagen de la madre allí donde pudiera encontrarla. Recordaba poco de ella en realidad, tal vez por eso sintió, a lo largo de las décadas, que encontraba destellos de su presencia en los lugares y situaciones de lo más diversas. Lo que no tiene una marca tiende a dejar su huella en todas y cada una de las cosas. Su madre estaba en las manos de una mujer que dormía a su lado como una niña, en el gesto de una jovencita que buscó hasta conquistar, en el olor a pan caliente una mañana en una ciudad lejana, en la espuma del mar durante una caída de sol en un barco, y en sus propios ojos en el instante en que levantó la cabeza del lavabo y se miró al espejo.
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MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Peregrino”, por Dardo Scavino


n un artículo de los años noventa consagrado a la importancia del viaje en los poemas de Wordsworth, Byron y Osip Mandelstam, el filósofo francés Jacques Rancière aseguraba que esos desplazamientos eran metáforas de la metáfora, o de la translatio latina, y, a su vez, de la revolución política y poética: cambiar de vida significaba, para estos escritores, cambiar la manera de ver las cosas, y cambiar la manera de ver las cosas significa cambiar las imágenes sobre ellas, es decir, renovar las metáforas. Pero no había que esperar a esos acontecimientos que conmovieron al mundo –la Revolución francesa y la rusa– para que este vínculo entre la renovación de las metáforas y de la vida se estableciera.
   Esta concepción del viaje contaba ya con una tradición acreditada en el pensamiento occidental y con un nombre muy preciso en el monaquismo griego de la Antigüedad y de la Alta Edad Media: xeniteía. Los autores romanos solían traducir este vocablo por peregrinatio, sólo que no entendían esta acción como una mera excursión a un lugar santo sino como un viaje a un país extranjero (xénos) o alejado de la tierra nativa. La peregrinatio era una verdadera iniciación, un abandono deliberado de la patria y la familia, una travesía que transforma por completo la vida del peregrino, de modo que estaba asociado con la conversión o metanoia. Un filósofo judío contemporáneo de San Juan, el platónico Filón de Alejandría, consideraba que la “emigración” era una manera de abandonar las costumbres y las formas de vida arraigadas en nosotros, “porque resulta difícil resistirse a los hábitos, y es de temer que alguien, si se queda en su lugar, se vea atrapado por estos, subyugado por sus seductores encantos”. Lo mejor, a su entender, era “emigrar, huyendo sin retorno de la casa y de la patria, de los prójimos y de los amigos”. Y por eso los autores judíos y cristianos solían invocar por ese entonces el versículo del Génesis en el que Jehová le dice a Abraham: “Abandona tu país, tu familia, la casa de tu padre, y márchate hacia el país que te mostraré” (Gen 12: 1). Podemos empezar de nuevo, sí, pero en otro lado.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Sobre La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo de Mariana Enríquez, por Mónica Yemayel


La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo de Mariana Enríquez, publicado en Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, Colección Vidas Ajenas, 2014.

Como si continuara una conversación que comenzó hace tiempo con viejas amigas interesadas por los mismos asuntos, Mariana Enríquez, esta vez, va al encuentro de Silvina Ocampo. Y con el desparpajo cuidado con que las amigas se cuentan absolutamente todo en la intimidad, escribe el retrato de la escritora que para muchos es la mejor cuentista argentina.
    Antes, lo hizo en Alejandra Pizarnik, vestida de cenizas, un perfil también editado por Leila Guerriero, incluido en Los Malditos (Ediciones Universidad Diego Portales, 2011). Allí escribió acerca de la vida corta y trágica -y a la vez tan vital, según sus propias palabras- de la poeta argentina que ella señala como una de las influencias más potentes en el relieve de su mundo propio. Y tal vez, allí, en aquellas páginas, esté velado el origen de La Hermana Menor. Un retrato de Silvina Ocampo, cuando hurga en las pasiones que desvelaban las noches de Pizarnik antes de suicidarse: “El último tiempo estuvo marcado por una gran pasión: la que vivió con Silvina Ocampo…La había conocido a través de la revista Sur, que dirigía Victoria, la hermana de Silvina. Tenían muchos gustos e intereses en común: la infancia, los juegos de palabras, el misterio, el erotismo. Silvina era la esposa de Adolfo Bioy Casares e íntima amiga de Jorge Luis Borges. Alejandra le enviaba cartas acompañadas de litografías de Odilon Redon, dibujos de niñas en la nieve, niñas llevando flores y cometas, cartas escritas con tinta verde y turqueza…”. Esos “gustos e intereses en común” son también los de Mariana Enríquez, y acaso expliquen el impulso –que no cede ni en una sola de las páginas del libro- por descifrar quién fue Silvina Ocampo en ese juego perpetuo que siempre la hacía ser otra y otra y otra.
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RELATOS

Cuento inédito: “Jonathan” de Esther Cross


En las narraciones de Esther Cross (Buenos Aires, 1961) la elegancia envuelve el mundo de los personajes como si fuera una brisa distraída. Nada busca imponerse ni se esfuerza siquiera por disimularlo, todo está allí delante y a la espera. Así en su primera novela, Crónica de alados y aprendices (1992), que tiene en Leonardo Da Vinci a uno de sus personajes, como en su último libro, La mujer que escribió Frankestein (2013), una biografía que se lee como novela pero que es también un ensayo sobre el arte de escribir: ¿Acaso escribir no es construir un cuerpo-Frankestein con restos de otros libros y otras lecturas?
   En “Jonathan” se presiente el aliento que anticipa otro tipo de transformaciones. ¿O serán las mismas que parecen otras?

Íbamos al monte todos los días. Mi hermano mayor apartaba las ramas, abriendo camino. Lo seguía con mi hermanito, que siempre estaba con el sombrero puesto –todos teníamos uno pero él no se lo sacaba. En el monte encontrábamos huevos de urraca, pichones de paloma, huesos y cosas nunca vistas, raras. Era un lugar ideal para esconder otras, robadas de la casa.
    Al lado del molino y el tanque australiano estaba la quinta. El quintero se llamaba Antonio Reina, Nelson Antonio Reina. Estaba siempre borracho pero decía que sólo tomaba naranjín. Era de Catriló y había girado mucho por la zona, hasta aparecer en el campo. Su perro se llamaba el Jonathan y lo ayudamos a enterrarlo.
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NOTICIAS DE AYER

Triunfo de una continuidad, por Alcides Rodríguez


Mundial de Fútbol Brasil 2014. Tras el ajustado triunfo de la selección de Alemania sobre la de Argelia por 2 a 1, Joachim Löw, el director técnico alemán, exhibió un indisimulable gesto de alivio. No era para menos: los argelinos, haciendo gala de un excelente nivel futbolístico, habían forzado a los alemanes a realizar un agotador esfuerzo para ganar el partido. En declaraciones a la prensa Löw elogió lo realizado por sus dirigidos, señalando que "a veces en un torneo hay partidos así en los que uno tiene que luchar hasta el final". Y remató sus dichos afirmando que la victoria de su selección había sido “un triunfo de la voluntad”. Hace unos sesenta años, en la Alemania de posguerra, el filólogo Victor Klemperer señalaba ciertas continuidades en el lenguaje utilizado por los jóvenes llamados a reconstruir el destrozado país. “En el llamado instituto nocturno de la Universidad Popular de Dresde - escribía Klemperer en LTI La Lengua del Tercer Reich - y en los debates organizados por la Asociación Cultural junto a la Juventud Libre Alemana, me llamó la atención más de una vez que los jóvenes se aferraran a argumentos del nazismo, con toda inocencia y en un esfuerzo sincero por remediar lagunas y errores de su formación desatendida durante todos estos años. Ni siquiera se daban cuenta; los usos lingüísticos heredados de la época anterior los confundían y los seducían”.
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PIES DE IMAGEN

Viaje al centro del corazón del tiempo, por Francisco Cascallares


[POSIBILIDAD DE CUALQUIER PENSAMIENTO]. Los labios se quedan apenas entreabiertos como dos caramelos blandos de cereza. Me pregunto cómo se llama la bolita que conforma el centro de su labio superior, aunque en realidad no puedo pensar. Es una estalagmita carnosa, una gota en w que cuelga como el sueño de un murciélago, es una ocasión en la que lo único que me queda es querer decir. De hecho, el centro de su labio está apenas partido por el verano que acaba de ocurrirle. Estos caramelos blandos de los que hablo, cuando pasa el tiempo, se secan, se ajan, apenas, no más de dos o tres grietas finísimas que sugieren (1) alguna profundidad pero también (2) que hay mucha más materia por debajo, sosteniéndolas. Así, hay labios que se parecen por sus grietas a glaciares, yo pienso, aunque ya haya reflexionado que no puedo pensar. La cabeza me va a mil y a la vez a cero. Delante de mí hay un labio. O dos. Ni idea. Y una grieta sin fondo justo antes, exactamente atrás.
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