octubre/16

Escriben este mes:  // Beccaria // García Curten /
Luzuriaga /V. Martínez // Molloy // Parino /
/ A. Rodríguez // Scavino // Vitagliano // Yemayel
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PIES DE IMAGEN

El otro Jack, por Fernanda García Curten

 
Anestesiados y clavados como las mariposas, concluye Roland Barthes en un pasaje de su Cámara Lúcida, cuando se refiere a los personajes que la Foto, en tanto definición de imagen inmóvil, muestra quietos: no sólo significa que no se mueven sino que no se salen.
    En la selfie tomada por el cineasta y notable fotógrafo Stanley Kubrick durante el rodaje de El Resplandor (1980) el actor Jack Nicholson -en primer plano, fuera de foco- logra a su modo salirse. O no “salir” quedándose. O interponerse, según cómo se lo mire. El personaje más borroso de esta foto es, vaya paradoja, el más definido, ya que entre otras caras que por lo general suelen moverse detrás de las cámaras, la que nos resulta más familiar -quizá la única que podemos inmediatamente identificar, incluso antes que la del propio Kubrick- es la de Nicholson. Porque, desenfocado y todo, vemos (o sabemos) que se trata de Nicholson aunque su gesto, lo que se alcanza a distinguir al menos, no aparente evocar ninguna de las expresiones más características del actor. Zanjando la disyuntiva de Hamlet, aquí Jack es y no es en una sola fracción de segundo. A pesar de que no se parezca demasiado a sí mismo, ni al brutal y alucinado Jack Torrance -Jack, otra vez, el escritor alcohólico que se muda con su mujer y su hijito a un hotel solitario en medio de las Rocallosas, como vigilante de invierno, y enloquece- a pesar de todo, decía, logramos reconocerlo, completarlo, enfocarlo mediante la suma de innumerables “fotos” viejas y siempre vívidas de Nicholson. Busco un indicio en esos ojos esfumados -fulminantes o amigables-, en el esbozo de su boca de labios juntos, y no logro precisar si efectivamente sonríe. Si me acerco demasiado lo veo sonreír, si empiezo a alejarme lo descubro serio, hasta enojado. Su cara es una máscara inconclusa detrás de la cual seguramente sonríe malévolo el auténtico, el de mirada filosa en unos ojos de abismo, el opulento y voluptuoso, el de cortesía irreverente. Nada de eso se deja ver en esta imagen difusa -ni en la conjetura de su gesto, insisto, en principio nada escalofriante- pero guardo, guardamos, ese otro saber dentro, lo que podríamos llamar nuestro Archivo Nicholson.
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ADELANTOS

Adelantos: "El Más-a-fuera de la Nación", por Silvia Molloy


Sarmiento. Diez fragmentos comentados es uno de los títulos de la colección que EUFyL, la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), comenzó a publicar este año. Diez escritores –ensayistas, poetas y narradores- eligen y comentan páginas de Sarmiento, como ya otros hicieron con las “aguafuertes” de Arlt y los poemas de Lugones.
     Con un prólogo de Adriana Amante, el volumen reúne textos de Luis Gusmán, Sylvia Molloy, Adriana Puigrós, Marcos Mayer, Juan Bautista Ritvo, Javier Trímboli, Claudia Torre, Pablo Pineau, Diego Tatián y Raúl Antelo. Un abanico tan amplio y riguroso que despabila hasta la cabeza del más pelado.
    EdM ofrece como adelanto “El más-a-fuera de la nación” de Sylvia Molloy, una exquisita lectura sobre la visita de Sarmiento a la isla donde Defoe colocó a su Robinson. Sarmiento quiso ver una promesa en la isla, Molloy leyó lo que quedaba asilado y burlado en el sueño de una nación.

Al comienzo de los Viajes de Sarmiento, hay un incidente que siempre me ha intrigado. En 1845, se recordará, Sarmiento emprende un viaje desde Chile, donde se ha exiliado, rumbo a Europa. Se trata de un viaje principalmente utilitario –el gobierno de Montt lo envía en misión oficial para estudiar métodos de educación europeos–, pero este objetivo pasa rápidamente a segundo lugar. El viaje de Sarmiento es menos viaje de documentación que viaje ilustrado, de instrucción personal, viaje civilizador, semejante, en ese sentido, a la ejemplar Educación de Herny Adams de su vecino del norte: viaje en el que el educando americano se ilustra en Europa a la vez que, como representante de "estas tierras lejanas", educa a Europa sobre su región.
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MAPAS COMPARTIDOS

A propósito de The Mapping Journey Project (2008-2011) de Bouchra Khalili y del candidato Donald Trump, por Mónica Yemayel


A mediados de junio de 2016, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, MOMA, la exhibición que domina el hall principal se llama The Mapping Journey Project (2008-2011). Su autor es Bouchra Khalili. Y su obra se basa en la travesía de ocho inmigrantes ilegales que lograron traspasar los controles de fronteras y llegar a destino. En la sala se despliegan ocho planisferios en grandes pantallas; frente a ellos un banco y auriculares. Los visitantes se sientan y escuchan cada historia. Mientras, en el mapa, se va trazando en color rojo la ruta de cada migrante. Tramo a tramo. Con detalle. Con la minucia que importa cuando se ha expuesto completamente lo que sigue de la vida. De los ocho inmigrantes ilegales no se sabe casi nada. No se ven sus rostros ni se conocen sus apellidos. Sólo se escuchan sus voces que cuentan el viaje prohibido. A menudo se los oye decir hambre, miedo, desconcierto, futuro.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Bob Dylan X Bob Dylan Once veces Once, por Anselmo Parino






1.
-Bob Dylan, debes de tener veinte años.
-Eso es. Debo tener veinte.
(…)
-La tuya es una de las carreras de cantantes folk más meteóricas.
-Pero es que yo no me veo como cantante folk… No toco por todo el país. No estoy en el circuito de nada. O sea que no soy un cantante folk….Toco un poco de vez en cuando…
-Me gustaría que cantaras una canción de tu breve trayectoria
-¿Breve trayectoria?
                                                                 (Entr.radiofónica de C.Gooding, Ny, 1962)

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NOTICIAS DE AYER

Un caballero andante de la música, por Alcides Rodríguez


Hacia fines del siglo XIX el nombre de Richard Strauss comenzó a ser conocido en Europa gracias a sus poemas sinfónicos. Berlioz y Liszt habían mostrado que un poema sinfónico podía ser el camino para descubrir la naturaleza del arte musical. Otros, en cambio, consideraban que la sola idea de utilizar un texto literario para componer música era casi un sacrilegio. La obra musical, argumentaban, era algo absoluto en sí mismo. El compositor debía ir en pos de la belleza desde concepciones puramente musicales, sin apelar a ninguna fuente externa. Crear artificios basados en sentimentalismos literarios era alejar al espectador de la belleza musical. Eduard Hanslick, considerado el primer gran crítico musical moderno y profesor de estética de la música en la Universidad de Viena, era un buen exponente de esta línea de pensamiento. En De lo bello en la música sostenía que era necesario actuar desde la crítica para llevar “al campo de batalla victoriosos arietes contra la podrida estética del sentimiento”. Lejos de estar de acuerdo con todo ello, Strauss veía en las obras literarias y filosóficas la posibilidad de disponer de un abanico de ideas e imágenes que el compositor podía utilizar para elaborar un “programa” que lo guiara en la creación musical. “Para mí - le decía a su amigo Romain Rolland - el programa no es más que el motivo conformador que me permite expresar y desarrollar mis sensaciones en el plano estrictamente musical, y no, como usted cree, una mera descripción musical de determinados acontecimientos de la vida”. Había que dejar de componer de una manera exclusivamente formalista. “Realmente - le escribía al director Hans von Bülow - ya no es posible componer música de un modo puramente formal, a la manera de Hanslick; ya no habrá floreos desprovistos de todo programa, en los que ni el compositor ni el oyente puedan imaginarse nada”. Se comprende que Hanslick no dudara en salir a la arena de combate cada vez que Strauss estrenaba un poema sinfónico.
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Cuaderno LIRICO: “Un año. La literatura argentina en 1969”


Un nuevo Cuaderno LIRICO ya está dando vueltas en el mundo. Pero no es una ópera ni un fantasma, es el número 15 de la Revista de la red interuniversitaria de estudios sobre las literaturas rioplatenses contemporáneas en Francia.
   El número de 2016 que acaba de aparecer está dedicado a un año: “Literatura argentina 1969”.
  EdM comparte la salida de la edición que incluye ensayos de Julio Premat, Dardo Scavino, Cecilia González, Graciela Montaldo, Julio Schvartzman y David Oubiña, entre otros.
   Aquí se podrán leer y obtener los textos en pdf.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Vida de bolsillo: Delia Ingenieros y Delia Kamia, por Miguel Vitagliano


Delia se conocía a sí misma, por eso intuía que la soledad no le pertenecía, que debía ser parte de otra. Desde que era una nena le daba vueltas esa idea, mientras inspeccionaba a las hormigas o veía trabajar al padre, José Ingenieros (1877-1925), o cuando escuchaba lo que los otros decían del autor de La simulación en la lucha por la vida. Si nada era tal cual creía percibirlo, no había razón para que ella fuera una excepción al desconcierto. Esas primeras certezas la condujeron hacia la ciencia. A los 31 años, en 1946, obtuvo su doctorado en Ciencias Naturales por la Universidad de Buenos Aires, aunque desde hacía diez años ya que trabajaba en la investigación teniendo como maestro al Dr. Bernardo Houssay.
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MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Desinformación”, por Dardo Scavino


un Tzu sabía, por experiencia, que el arma más poderosa en la guerra era el engaño. Proporcionarle una información falsa al enemigo podía resultar más ventajoso que obtener alguna información verdadera sobre él. Los servicios de inteligencia terminaron llamando desinformación a esta artimaña. Y cualquier estado mayor se dota de importantes medios de espionaje para obtener informaciones útiles acerca de sus enemigos, pero también de importantes medios de contraespionaje para desinformarlo.
    Entre las obras maestras de la desinformación durante la Segunda Guerra se encuentra sin lugar a dudas la Operación Fortaleza, cuando los Aliados lograron convencer al estado mayor alemán de que el desembarco tendría lugar en Calais en lugar de Normandía. Para eso, simularon instrucciones a través de transmisiones radiales y telegráficas, pusieron falsos planes de desembarco en los bolsillos de un cadáver, recurrieron a varios agentes dobles –como el legendario “Garbo”–, y hasta montaron un escenario de tanques, aviones e infraestructura militar de utilería, destinado a engañar a los pilotos alemanes que sobrevolaron el lugar. Lograron así que la Wehrmacht concentrara el grueso de sus tropas en las inmediaciones de Calais desprotegiendo Normandía.
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APUNTES

El Legado del Maestro: sobre Oswaldo Guayasamín, por Victoria Martínez



    El complejo cultural de Oswaldo Guayasamín se encuentra hacia el norte de Quito. Es fácil enterarse de su existencia porque está siempre en la punta de la lengua que recomienda. Llegar, sin embargo, es un poco más complicado. La marca del turista no nos abandona: mapa en las manos y seño fruncido por la concentración, por el trabajoso intento de representarse la ciudad en el orden del mapa. La indicación fue clara: ir por la avenida, doblar a la derecha y seguir unas diez cuadras más. Giro la cabeza obedeciéndole al plano, pero debo elevar la vista más de lo esperado. Residente de ciudad llana, no llego a comprender cómo alguien podría caminar –actividad que no puedo pensar sino en horizontal– en un plano tan inclinado. ¿Saltar? Nuestras caras debían ser así de transparentes como para llamar la atención de un conductor: “¿Van a la casa de Guayasamín?”
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MAPAS COMPARTIDOS

Que me trague la mina, por Luciano Beccaria


obre la estación Pasco de la línea A de subtes flota una leyenda que sostiene que, durante la construcción de ese tramo de la vía, hubo un derrumbe que dejó dos obreros muertos. Mucho tiempo después quedaría inhabilitado uno de los dos andenes de la estación, que se mudó unas cuadras a otra parada, lo que le insufló más aires de misterio. Pero hablar de Pasco, derrumbes, muertes, mudanzas y el mundo subterráneo remite con mayor fuerza hacia otras coordenadas.
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APUNTES

Sobre Realismo capitalista, de Mark Fisher, por Pablo Luzuriaga


El final del modernismo como estética alternativa a la cultura de masas y al realismo socialista desemboca, tras prolongar su agonía durante décadas –y que su ocaso haya sido anunciado de incontables maneras–, en el Realismo capitalista: el estadio de la cultura en el capitalismo tardío, 2010. Ese es el nombre que Mark Fischer propone para el análisis del mundo actual que no es otra cosa que las advertencias, cumplidas y con creces, anunciadas por F. Jameson treinta años atrás. La cultura hegemónica contemporánea como resultado lógico del fin de la historia, disolución del conflicto político: en el neoliberalismo de la era posfordista la cultura es una y no habría alternativa. Como una ironía de la historia, tras la muerte del modernismo, su principal oponente, el totalitario realismo socialista, aparece bajo un nuevo rostro: el estalinismo del mercado.
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 junio/16

Escriben este mes:  // Beccaria /
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PIES DE IMAGEN

Antiquísimo arte contemporáneo, por Facundo Ruiz


Conversando con Hans Ulrich Obrist y Gregory Chaitin, Marina Abramović cuenta que ha tenido una visión sobre el arte del futuro. Quizá, pues no lo recuerdo exactamente, solo haya dicho “el próximo arte contemporáneo” o “el arte del siglo que viene”. En cualquier caso, dice que será un arte sin objetos, un arte que prescindirá de las cosas, un arte en el que las cosas habrán desaparecido. Se tratará entonces sólo de un artista haciendo circular energía a través del público. Sorprendente, la idea entonces me hizo pensar en una sesión de espiritismo, incluso en algún evento de Iglesia alternativa que, a simple vista, no parecía corresponderse con lo que Abramović había visto, entre otras cosas porque en ambos casos median objetos. Malentendido mediante, olvidé todo aquello hasta que, hace poco, leí Sobre el arte contemporáneo de César Aira.
    Entre otras cuestiones, guía buena parte del ensayo de Aira la idea de que la obra de arte siempre llevó implícita su propia reproducción pues “al proponerse a la percepción y la memoria, es inevitable que desprendan fantasmas en el tiempo y el espacio”. En este sentido, “la obra de arte es apenas el modelo de sus reproducciones”. Este primer momento o movimiento da lugar a un segundo: así, al surgir el arte contemporáneo (con mayúsculas), su singularidad se establece como “una carrera entre la obra de arte y la posibilidad técnica de su reproducción”, lo que lleva a que hoy la obra de arte sea la que “se adelanta un paso a la posibilidad de su reproducción” y también que la reproducción misma se vuelva “arte sin obra”. La tarea del arte contemporáneo por tanto, dice Aira, es mantener “un quantum de irreproducibilidad” que se logra incorporando “lo no-hecho a lo hecho”.
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APUNTES

A propósito de Fuera de lugar de Martín Kohan, por Miguel Vitagliano



Es una banda dedicada a la producción y venta de fotos para pedófilos. El cura del pueblo consigue los chicos en el internado que tiene a su cargo, otro encuentra las casas que sirven de escenario, una docente hace jugar y desvestirse a los pibes, todos varones de entre siete y diez años, un fotógrafo toma las imágenes y otro se ocupa del comercio. Cada uno se dedica a lo suyo, sin interferir en la tarea asignada a los demás. Y en esa especialidad se inventan moralmente a salvo y se justifican, porque los chicos –piensan- simplemente juegan desnudos sin que nadie los toque, porque nadie sabe qué hace el cura antes y después, porque ellos sólo fabrican lo que otros compran, no inventaron la demanda ni tampoco el valor que se le concede a las imágenes.
    No es la primera vez que Martín Kohan arremete en sus novelas contra ese tipo de justificaciones que embargan la buena consciencia de la sociedad argentina. En Ciencias morales (2007) la preceptora de un colegio espiaba a los estudiantes en el baño porque estaba convencida de que su deber consistía en vigilar y que no había otra razón ni moral que su deber, o en Dos veces junio (2002) donde un soldado en tiempos de dictadura se preguntaba a qué edad se podía empezar a torturar a un chico, muy preocupado por hacer bien su trabajo, no en discutir la maquinaria de la que formaba parte. Para ellos también el todo está exento de cuestión, se llame escuela, patria, iglesia, o lleve el nombre de cualquier otra empresa. El asunto estaría en preguntarse si la sociedad comparte algo de ese rigor, si estamos realmente lejos de seguir una disciplina semejante. A veces parecería que no, si pensamos en esos casos en que se da por sentado, por ejemplo, que cada uno aspira a vivir en un mismo tipo de país y que los escollos para lograrlo se resuelven “mirando hacia adelante”, como si todos nos enfrentáramos a circunstancias idénticas; o cuando se dice que lo que importa es que las cosas funcionen, no de qué manera ni a qué costos ni por qué. No es que impere la idea de que “el fin justifica los medios”, es mucho peor, están obturadas las discusiones sobre el “fin” y los “medios”, lo que impide pensar que podría haber otros.
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ADELANTOS

Adelanto de la novela: Mosca blanca, mosca muerta de Ana Ojeda



Una mujer suelta la lengua y habla hasta por los codos de su cuerpo y los hombres, pero también de su dentista, de Aqua Gym…, habla como si dijera todo. Así comienza la nueva novela de Ana Ojeda (Buenos Aires, 1979), Mosca blanca, mosca muerta, que la editorial Bajo la Luna está a punto de publicar, y por supuesto, con la boca abierta.


Señora. Me molesta. ¡Y lo repiten! No paran, es como una obsesión que tienen, un cáncer toti, potencial, poderoso: la oscura enfermedad de los falsos, amables. Porque yo, hija de mis siglos, me esfuerzo. El finadito me dejó y yo gestiono. El ph, el local, la cochera. Su pensión. Vivo bien, discreta. Mente activa para que no se empaste el disco de arranque. No me dejo estar. Hoy, un ejemplo, ya veo que Juliana me va a hacer la de llegar tarde a Pilates. Esta Juliana se impresenta todo el tiempo. ¡Pelotuda me tiene! ¡La voy a echar! Siempre me llega tarde, es su deporte nacional. Al final es una tarada del montón, como dice Gladys. Lo que es la gente: mala y contenta.
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MAPAS COMPARTIDOS

District Six, el patio trasero del Cabo, por Luciano Beccaria



iudad del Cabo no es África”, me dijo un keniano una vez. Y más allá de que es una observación más cultural que geográfica –y con algo de pica internacional e interétnica–, algo de razón tiene. En todo caso, cabría preguntarse qué queda de las naciones africanas originales en ese continente partido y repartido por los caprichos coloniales. Pero es evidente que Ciudad del Cabo es exponente de la descendencia europea, que se ufana de su africanidad con un término matizado por el filtro neerlandés: afrikaaner. Además de tratarse de una ciudad subsidiaria de un cabo que durante muchos años había sido el principal escollo para la expansión colonial hacia las Indias. Probablemente no habría existido la ciudad sin el accidente geográfico.
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NOTICIAS DE AYER

La música de Nietzsche, por Alcides Rodríguez


En 1881 Friedrich Nietzsche le puso música a un poema de Lou-Andreas Salomé, lo mandó a imprimir con el título Himno a la vida y le encargó a su amigo Peter Gast que lo adaptara para coro y orquesta. Nietzsche compuso unas cincuenta obras musicales de distintos géneros: obras para piano solo, para piano a cuatro manos, para piano y voz, piano y violín y piano y coro, y numerosos Lieder. No sin sorpresa también se descubre que el autor de El Anticristo compuso música religiosa en clave cristiana: una Misa para solo, coro y orquesta, un Oratorio de Navidad y varios motetes de estilo católico. Buscando cierto reconocimiento para su modesta obra musical mostró sus partituras al círculo de Richard Wagner e incluso se animó a interpretar algunas de ellas. No tuvo mucha suerte, por decirlo de manera suave. El director Hans von Bülow, bien conocido en el ambiente por su mal genio, fue lapidario: “es lo más desagradable - escribió refiriéndose a sus Meditaciones de Manfred - y antimusical que he visto en mucho tiempo”. Wagner ni siquiera habló luego de escucharlo por primera vez: le bastó con levantarse de su butaca y retirarse de la sala mientras Nietzsche aún ejecutaba una de sus piezas. Tiempo más tarde, hojeando la partitura de una de sus composiciones para piano a cuatro manos, se declaró angustiado por no poder entender su música. ¿Era el catastrófico final de la breve incursión de Nietzsche en el terreno musical? En una carta de julio de 1868 se declaraba ansioso por iniciar una investigación que combinara música y filología. Quería escribir una música especial, una “que no está escrita con notas, sino con palabras”. Tiempo antes de empezar a trabajar en El nacimiento de la tragedia sostuvo en una conferencia que la palabra y la lógica habían vencido al pathos de la tragedia y su música. El canto había sido desplazado por la discusión filosófica y las palabras se habían emancipado de la música. Completamente desvitalizado, el hombre vivía desde hacía siglos entre enormes castillos de palabras construidos según la fría arquitectura de la lógica. La conferencia se cerraba con una esperanzada referencia al renacimiento de la tragedia griega. Si bien no mencionó a nadie en particular, ninguno de los presentes dudó que se estaba refiriendo a Wagner.
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PIES DE IMAGEN

El estado del arte y la conexión Tibol, por Guillermo Korn





"La ruta a México es: Antofagasta, Lima, Panamá, México y escala técnica en esos lugares.
Comuníquenlo al canciller Rabasa y díganle que cruce los dedos"
Telegrama del embajador de México en Chile, septiembre de 1973.

“Amigo don César: quiero darle una noticia maravillosa. Me voy a Méjico el lunes, de aquí 8 días.
Tomaré el avión en compañía de Diego Rivera”
Carta de Raquel Tibol a César Tiempo, Santiago, mayo 11 de 1953.

Una muestra se inauguró hace pocos días en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Dos ejes la recorren: “La exposición pendiente”, en la que se exhiben bocetos, pinturas de caballete y estudios preparatorios que pertenecen a José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros; y “La conexión sur”, donde se buscó tejer lazos de intercambios entre los maestros mexicanos y los argentinos Antonio Berni, Carlos Alonso, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Romero, Diana Dowek, Juan Carlos Distéfano, Demetrio Urruchúa y Juan Carlos Castagnino.
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APUNTES

Vidas de bolsillo: La carrera de Terry Felix, el futbolista indígena de Canadá, por Peter Mothe



Es el 10 de julio de 1983 y en el BC Place Stadium de la ciudad de Vancouver se palpita una atmósfera de final. Con cuatro partidos por jugarse en la temporada regular de la North American Soccer League, los Vancouver Whitecaps están en la cima de la tabla de posiciones, y se enfrentan nada más y nada menos que a su escolta, los temibles New York Cosmos de Franz Beckenbauer, Giorgio Chinaglia, y del paraguayo Roberto Cabañas.
    El partido todavía no empezó, pero ya hay más de 50 mil personas alentando al equipo canadiense. Mientras en las gradas todo es fiesta, debajo de una de las tribunas, los jugadores de los Whitecaps están esperando para salir a la cancha y el estadio cruje sobre sus cabezas. Los nervios de Terry Felix crecen en tensión, el delantero de 23 años está a punto de debutar en la primera de los Whitecaps. Respira con pausas profundas, pero le tiemblan las manos y las piernas. Está por cumplir el sueño que tiene desde aquel día en 1974, en que vio el primer partido oficial de los Whitecaps. Es que a pesar de todo—a pesar de la muerte de su padre ni bien Terry llegó a Vancouver, a pesar de las horas que pasó trabajando de guardia nocturno en el ferrocarril de la CP Rail, a pesar de todos los insultos racistas que recibió desde que llegó a la ciudad—, Terry está a punto de convertirse en el primer jugador indígena en jugar en la liga de fútbol más importante de Norteamérica.
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