enero/16

Escriben este mes:  / Greco /Lescano /
Luzuriaga // Parino // Pittaluga /A. Rodríguez /
Raimondi // Rivero // Scavino // Vitagliano /
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PIES DE IMAGEN

Fuera de cuadro. René Girard (1923-2015), por Miguel Vitagliano


La foto pertenece al primer homenaje del Presidente Hollande a las víctimas de los atentados en París la noche del 13 de noviembre de 2015. Seis ataques simultáneos reivindicados por el llamado Estado Islámico y que dejaron 130 muertos y 352 heridos. Algunos de los sobrevivientes están delante de las gradas siguiendo atentos las palabras del Presidente. Son muy pocos los presentes que no miran en esa dirección. Quizá sea eso lo que subraya cierta carga de pasado en la fotografía: miramos las imágenes igual que leemos en todas las lenguas indoeuropeas, vamos en conquista del futuro a medida que incorporamos las letras del pasado. Las miradas de la fotografía, en cambio, enfocan en dirección contraria, se detienen en el Presidente que queda fuera de la toma.
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MAPAS COMPARTIDOS

Palabras: “Pirata” por Dardo Scavino



¿Qué diferencia hay entre un emperador y un ladrón? ¿Y entre estafador y un gobernante? Exactamente en esos mares navega la palabra de Dardo Scavino esta vez.

a leyenda cuenta que cuando Alejandro Magno le recriminó a Diomedes sus pillajes, el marino le respondió: “Tú haces lo mismo que yo por todo el orbe, pero como yo lo hago con un barco y tú con una flota, a mí me llaman pirata y a ti emperador”. Tomás de Aquino, quien refiere esta leyenda, añadía que el incremento del poderío militar no bastaba para elevar al pirata a la dignidad de emperador. La diferencia entre la soberanía y el latrocinio, explicaba, es la legalidad. Un acto es un delito o no, en función de si transgrede o no una norma instituida. Y como el soberano es quien instituye esas normas, él decreta si sus propios actos son delictivos o no. Además de una flota, Alejandro precisaba una vasta escuadra de letrados que transmutara sus exacciones en hazañas, sus ejecuciones en justicia y sus invasiones en pacificación. El modesto barco de Diomedes le había impedido extender sus tropelías a todo el orbe conocido y el moderado monto de sus pillajes no le había permitido granjearse las simpatías de los doctores y poetas capaces de legalizarlos o enaltecerlos.
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NOTICIAS DE AYER

Cables: La poesía o la muerte, por Anselmo Parino


(La Vanguardia, 20, VIII, 2015, Sucesos) En una región de los Urales, Rusia, un profesor de literatura retirado, de 53 años, mató de una puñalada a un amigo, de 67 años, en medio de una acalorada discusión. No se trató por negarse a devolver un volumen del siglo XVII, ni por descubrir que lo había plagiado, tampoco por el mezquino placer ante un texto, la causa abarcó mucho más, la imposibilidad de dirimir cuál era “la única verdadera literatura”. Acaso la víctima tuviera sólidos argumentos o la bebida impidió que su contertulio replicara con los suyos, pero murió luego de asegurar que “la prosa era la verdadera literatura”.
    El defensor de la poesía se dio a la fuga. Una semana después fue detenido y llevado a la delegación de Sverdlovsk de la policía federal.
    Al parecer no se trató del único incidente de esa naturaleza. En septiembre de 2014 un hombre recibió un disparo en una discusión sobre Kant en la zona del Rostov del Don; no hay acuerdo si la polémica fue sobre la Crítica del Juicio o sobre la noción de Imperativo Categórico.
    ¿Por qué habría de resultar absurda la muerte de quien defiende lo que considera “la única verdadera literatura” y no también absurdas tantas otras muertes de apariencia racional? El hecho muestra poco de la literatura y mucho de todo lo demás, aunque casi no hubo diarios que se hayan ocupado de la noticia y La Vanguardia no la coloque en tapa sino en “sucesos”, como si todos los restantes no lo fueran.

Anselmo Parino, EdM, enero 2016
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ADELANTOS

Soviets en Buenos Aires, de Roberto Pittaluga


El mes próximo la editorial Prometeo distribuirá Soviets en Buenos Aires, de Roberto Pittaluga. ¿Hubo un soviet en Buenos Aires? ¿La revolución de octubre tuvo también lugar en las inmediaciones del obelisco? En este estudio minucioso sobre "La izquierda de la Argentina ante la Revolución Rusa" se afirma una cosa y también la contraria. Porque asume a la ficción "como instancia de inteligibilidad, parte inescindible de cualquier régimen historiográfico". Pittaluga, co-autor de Memorias en montaje (2006), propone en este, su más reciente trabajo, la cualidad política del soviet que sí existió: el que el libro compone, "una subjetivación que desabarataba identidades y saberes", la verdad de ese instante de emancipación que recorrió el mundo en la primera posguerra. Escritores del Mundo se complace en presentar este adelanto.



Preliminar

“Especialmente en Rusia sólo puede ver quien ya se ha decidido. En un punto de inflexión del acontecer histórico, como lo vaticina, si no lo establece, el hecho de la «Rusia Soviética», ni siquiera cabe debatir cuál realidad es la mejor, ni cuál voluntad se encuentra en el mejor camino. Solamente se trata de lo siguiente: ¿Cuál realidad converge internamente con la verdad? ¿Cuál verdad se prepara internamente para converger con la realidad? Sólo quien responda claramente estas preguntas es «objetivo». No frente a sus contemporáneos (eso no interesa) sino frente a los hechos actuales (eso es lo decisivo). Sólo quien, a través de su decisión, haya hecho las paces dialécticas con el mundo, puede entender lo concreto. Pero a quien quiera decidirse «sobre la base de los datos», los datos no le ofrecerán base alguna para la decisión”.
Walter Benjamin, 1927.


1. ¿Qué discute la izquierda de la Argentina cuando se encuentra ante la Rusia revolucionaria? Evidentemente se discute, con los elementos que se tienen a mano, sobre la revolución en un lugar a la vez “lejano” y “cercano”. Una controversia entre la idea y la imagen que se tiene de lo que una revolución debe ser, y lo que una revolución acaecida dice que es —y hace por ese decir. En esa discusión sobre se tramitan, simultáneamente y por debajo, las querellas político-conceptuales que traman un campo de izquierda cuyas polaridades no se corresponden, necesariamente, con sus divisiones identitarias, ni con los términos del léxico heredado. Querellas político-conceptuales: son los sentidos de ese léxico los que quedan en entredicho, y en su objeción afloran los supuestos que traman —tejen y también conciben, engendran— los significados de la emancipación. Supuestos que son como topoi que ofician de puntos de anclaje de las derivas significativas y desde los cuales se construyen, como edificios argumentales, las orientaciones y las acciones de la izquierda. Pero esos lugares son también objeto de otra controversia, que no es explícita. Hay una arquitectura inestable de lo que se llama campo de izquierda, y el lenguaje que la textura está lejos de parecerse a un sistema homeostático. Ese universo nocional puesto por debajo y que generalmente escapa a la mirada, aflora en los deslizamientos de sentido de aquellas palabras propias del léxico de la izquierda en el momento en el que es tocado por la revolución, exponiendo en una larvada guerra por sus significaciones ese campo polar (que la izquierda es) y la inestabilidad semántica —y por ello política— que lo anima. Atravesar los nombres de ese léxico con el que la izquierda se presenta en una coyuntura que compromete sus coherencias para producir una aproximación a ciertas instancias de significación que no necesariamente fueron inteligibles a sus contemporáneos, es el propósito de este trabajo. Atravesar: se trata de una ex-posición a través de los discursos, a través de las palabras proferidas.
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APUNTES

Verdad y leyendas del joven Borges, por Martín Greco


Carlos García, en El joven Borges y el expresionismo literario alemán, además de compilar las traducciones del escritor argentino, observa las relaciones entre esos poemas y su propia obra. Martín Greco evalúa aquí la importancia de esta nueva publicación editada por la Universidad Nacional de Córdoba.


Por indolencia o por desconocimiento, la historia de la literatura argentina de las primeras décadas del siglo XX suele repetir leyendas, conjeturas y prejuicios cristalizados, que casi nadie se toma el trabajo de verificar.
   El hecho ha vuelto indispensable la tarea de quienes se atreven a poner en crisis las opiniones recibidas y aportan nuevos materiales para abrir discusiones críticas: a esta tarea se ha dedicado Carlos García a lo largo de una vasta carrera de investigación independiente de los financiamientos académicos. Entre sus obras se cuentan numerosos estudios sobre Jorge Luis Borges, así como la edición de la correspondencia de figuras centrales de las vanguardias hispánicas, como el mismo Borges, Rafael Cansinos Assens, Gerardo Diego, Macedonio Fernández, Federico García Lorca, Ernesto Giménez Caballero, Ramón Gómez de la Serna, Vicente Huidobro, Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes, Guillermo de Torre y muchos otros. García, ahora, acaba de publicar El joven Borges y el expresionismo literario alemán.
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NOTICIAS DE AYER

Sobre el té, por Alcides Rodríguez


De acuerdo a la tradición que se conserva en los anales de la China antigua, Shen-Nong fue el último de los Tres Augustos, míticos emperadores que sentaron las bases de la civilización. Inventó la agricultura y creó las cinco plantas alimenticias fundamentales: trigo, arroz, mijo, sorgo y soja. “Dios granjero”, ése es el significado de su nombre, se encargaba también de sembrar todos los años cierta cantidad de semillas para iniciar el ciclo agrario. Preocupado por la salud de su pueblo, inventó la medicina, y dejó explícitas instrucciones en relación al agua, la única bebida disponible: había que hervirla antes de beberla. Un día de calor abrasador Shen-Nong descansaba a la sombra de un árbol. Se dispuso a hervir en un cuenco un poco de agua para aplacar la sed. En ese preciso momento se levantó una brisa muy refrescante que hizo temblar la copa del árbol. Inspirado, el emperador se dispuso a componer un poema cuando tres hojillas se desprendieron y fueron a caer sobre el agua que, impulsada por el fuego, comenzaba a temblar contra las paredes del cuenco. Con cierta curiosidad dejó que las hojas se posaran en el fondo, y cuando acercó la extraña infusión surgida del azar a sus labios quedó maravillado por su exquisitez. Shen-Nong había descubierto el té.
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ADELANTOS

El poeta y el Estado, por Sergio Raimondi


En noviembre de 2014, el Ministerio de Cultura y la Facultad de Filosofía y letras (UBA) organizaron el encuentro “La letra argentina. Lenguajes, políticas y vida en el siglo XXI”.
    Durante dos días se reunieron más de veinte narradores, poetas y críticos a exponer sus ideas y discutirlas. Las ponencias fueron compiladas en un volumen. EdM tomó una de ellas, la del poeta Sergio Raimondi analizando un poema clásico de Leopoldo Lugones.


Teniendo en cuenta que una articulación entre la literatura y la política siempre se efectúa desde una determinada escena presente – tal vez porque doy por sobreentendida esa escena presente que nos renueva el modo de la pregunta o los modos de la respuesta—, voy a cometer un presudoanacronismo: decidí traer algunos problemas en torno a Leopoldo Lugones.
    En realidad, cuando me quería formular esta pregunta en torno a la relación literatura-política, me interesaba incorporar la categoría de Estado y pensar no tanto en las relaciones que ciertos escritores pueden o no establecer políticamente con el Estado, sino sobre todo en una historia de la literatura argentina donde se piense esa relación con el Estado a partir de la escritura y de las obras mismas. Específicamente –por la propia biblioteca que uno conlleva, elabora y arma— yo me preguntaba por la aparición del Estado en la poesía argentina. Pero, incluso, hay un nivel más de especificidad de este interrogante: me preguntaba si en la poesía argentina existen ejemplos en los que apareciese el Estado de un modo afirmativo. Es decir, es posible, tenemos ejemplos justamente en el ámbito de la poesía moderna donde el Estado es reconocido de algún modo, no como algo distante, no como un ente alejado, o inclusive como un enemigo, sino afirmativamente. Por eso, quise volver a un poema que, de algún modo, concentra para mí un montón de preguntas, ese tipo de preguntas que –como planteaba Luis Gusmán en su exposición— interrogan acerca de la lectura como una política o como una invitación a pensar una política de la lectura.
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APUNTES

Para una autocrítica empresarial, por Pablo Luzuriaga


El actual Presidente de la Nación podría promover, con la influencia que tiene tras su reciente asunción, una autocrítica de los empresarios sobre el papel que desempeñaron en la última dictadura militar. Convocar, en el marco de las políticas de memoria, verdad y justicia; y como gran primer paso en ese sentido, a los principales dirigentes empresariales y cámaras que los nuclean y proponerles que asuman de forma concluyente su responsabilidad respecto del terrorismo de Estado en Argentina. A los sectores del campo, a los industriales más y menos grandes, a las organizaciones de pequeños y medianos emprendedores; a todos aquellos cuyo imaginario está representado bajo la inminente política que impulsa abrir una empresa en un solo día. Reunirlos a todos en algún predio, invitarlos a un asado si quisiera, y exhortarlos a que a través de sus respectivas estructuras lleven adelante esta tarea. Un comunicado, o más de uno. Para eso, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación del gobierno saliente dejó, como legado a los que vienen, el libro: Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado, en dos tomos.
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NOTICIAS DE AYER

Borges y el ruso, Mariano Lescano



El tema del doble fue pensado por los rusos. Dostoievski es citado por Borges en el cuento donde se encuentra consigo mismo en versión joven. Uno y otro se miden a la distancia. El viejo, consciente de la situación dual, procura demostrar su identidad. El joven descree, las pruebas sobre la subjetividad compartida no pasan la hipótesis de que el viejo pueda ser parte de un sueño. Entre los libros que el joven tiene en su armario, el viejo sabe que se encuentra el Sartus Resartus (1833) de Carlyle. El joven dice estar preparando un libro de versos que se titularía Los himnos rojos o Los ritmos rojos.
     El Sastre remendado o Sastre zurcido es una novela enmarcada. El autor tiene el papel de editor de las teorías de Diógenes Teufeldsdröckh (“Hijo de Dios Bosta del Demonio”). Se trata de una filosofía de la ropa: las ideas y las instituciones pasan de moda como la ropa; si no las cambiamos, bien podemos hacerle arreglos, remiendos.
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APUNTES

Sobre El sonido de la H de Magela Baudoin, por Giovanna Rivero


El sonido de la H obtuvo el premio Alfaguara Bolivia 2015. Magela Baudoin es tallerista de la Escuela de Escritores en Bolivia. En su novela El sonido de la H, el espesor de la opresión política se vive en otras cárceles, detrás de otras rejas y bajo otras capuchas: es esa opresión que se lleva a todas partes sin que podamos movernos de nuestro propio encierro.

1. “Nunca supe cuál era el apuro por irnos y por qué no nos fuimos, si al final había hasta una conexión histórica o más bien histérica entre la ‘patria del Libertador’, como decían en la escuela; es decir, la nuestra y la de su ‘hija predilecta’, es decir la patria de mis padres…”, se lamenta Mar, la juvenil voz narrativa y protagónica de El sonido de la H (Premio Alfaguara-Bolivia 2015), de la escritora Magela Baudoin. Mar, efectivamente, elabora la conciencia de su aprendizaje a partir del recuento de heridas propias y heredadas, tendiendo el necesario puente hacia la adultez. La propia Mar es de, un modo extraño, una hija predilecta.
     Y es que hay muchas formas de ser una hija predilecta, aun cuando los términos de ese privilegio impliquen dolor, exilio e insilio, y sobre todo si esta hija ha nacido en el seno de una familia atravesada irreductiblemente por el arte, la política y algunos vicios disfrazados de aristocracia y tradición. Por ejemplo, se puede ser una hija predilecta del momento histórico o una hija predilecta del incesto entre el narcisismo generacional y la utopía. Sólo hay que recordar que ser una hija predilecta no implica para nada ser una hija obediente, sumisa, cómplice de los errores de la generación anterior o heredera pasiva de sus aciertos.
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 noviembre/15

Escriben este mes:  // Brina // Cavallo /
/ Kohan Esquenazi /Luzuriaga // Moreno /
/ A. Rodríguez // Ruiz /Scavino // Vitagliano /
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PIES DE IMAGEN

Diego contra el tiempo, y los 1440 minutos, por Sebastian Kohan Esquenazi



1106
1. Hace trece años fui a Londres a visitar a Diego Berruecos. Diego iba por la vida con una cámara de fotos registrando el mundo exterior. Registrando el mundo como era, tan fiel a si mismo que parecía que lo estaba fotocopiando para la posteridad. Fotocopiaba momentos sin aparente importancia. Sacaba fotos a todo, y todo formaba parte de algo no demasiado definido, pero de algo. La falta de definición de ese concepto que unificara y contuviera lo registrado, hacía que Diego retratara el mundo exterior dejando al margen la expresión de su mundo interior. No se trataba de él, se trataba del mundo. El mundo exterior era el mundo minuto a minuto, tal como es, retratado en su crudeza, sin filtros, sin la composición subjetiva del autor que luego será interpretada por el espectador. En las fotos de Diego, el margen de interpretación es mínimo o nulo. No hay lectura entrelineas. Hay imágenes.

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ADELANTOS

Rojo y negro, por María Moreno


En estas semanas la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA ha lanzado un nuevo libro de su proyecto editorial: Arlt. Diez aguafuertes comentadas. Fueron convocados diez escritores a elegir una aguafuerte de Robert Arlt y escribir un breve comentario. María Moreno, autora de El affaire Skeffington (1992/2013) y Subrayados. Leer hasta que la muerte nos separe (2013), eligió “He visto morir” (febrero de 1931), la aguafuerte sobre el fusilamiento de Severino Di Giovanni.
   El libro, con prólogo de Sylvia Saítta, reúne los comentarios de H.González, M.P.López, M.Kohan, A.Jarkowski, J.Schvartzman, J.Consiglio, G.Cabezón Cámara, S.Chejfec, A.Cristófalo y M.Moreno.

Política del número

El número es más poderoso que la imagen. La única cuenta regresiva que importa es la de los minutos contados. Ritual zonzo en la salida de la carrera de galgos, en los minutos cantados en los tímpanos de un hombre caído que lo acercan a la derrota por knock out, se vuelve música de escarmiento y eco del corazón de las víctimas durante una ejecución. Roberto Arlt comienza su crónica de la ejecución de Severino Di Giovanni con una frase (“rostros afanosos detrás de las rejas”) entre dos precisiones: “las cinco menos tres minutos” y “cinco menos dos”. El lector paladea el horror en la cifra que viene, del menos uno al cero desde donde la hora progresará salvo para un hombre: el tiempo se irá entre la aparición del condenado, su fusilamiento, la constatación del cadáver a cargo del médico y el posterior trabajo del herrero: quitarle los remaches del grillete y de la barra de hierro —no hace falta retener a un muerto.
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MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Secular”, por Dardo Scavino


l 5 de abril de 1943 una unidad de la Gestapo se presentó en el domicilio del pastor Dietrich Bonhoeffer con la orden de arrestarlo. La policía secreta del régimen lo acusaba de estar involucrado en la conspiración organizada por el almirante Wilhelm Canaris para asesinar al Führer. El atentado del coronel Claus von Stauffenberg contra Hitler lo sorprendió entonces en su celda de la prisión de Tegel, donde pasaba los días leyendo e intercambiando correspondencia con su prometida, su madre y un antiguo compañero de seminario, Eberhard Bethge. A lo largo de dos años, el teólogo le iría transmitiendo a este último la evolución de sus posiciones en materia teológica, consecuencia de sus lecturas, de su experiencia vital y de sus meditaciones carcelarias.
      Bonhoeffer había sido vicario de la Iglesia evangélica de Barcelona, becario del Seminario de la Unión Teológica en Harlem, pastor de la Iglesia Luterana en Londres, y desde hacía algunos meses venía frecuentando en la prisión a resistentes y prisioneros políticos ateos. Este pastor había comprobado que estos presos encarnaban los valores del predicador nazareno mejor que muchos cristianos, sin necesidad de observar sus liturgias ni de repetir sus dogmas ni de arrodillarse ante sus ídolos aunque los devorase la angustia o el temor ante la muerte. Después de dos mil años de propagación del cristianismo, el mundo había incorporado, a su entender, los valores del crucificado porque sus nociones de bien y de mal correspondían a su enseñanza.
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APUNTES

A propósito de Llévatela, amigo… de Osvaldo Baigorria, por Miguel Vitagliano


Llévatela, amigo, por el bien de los tres de 
Osvaldo Baigorria, Buenos Aires,
 Caja negra, 2015.
Cuando en marzo de 1989 se publicó Llévatela, amigo, por el bien de los tres aún era difícil ver que estábamos ante un inminente cambio de época, así que la primera novela de Osvaldo Baigorria contó exclusivamente con lecturas de exploración erótica, una decisión que estaba en sintonía con ciertas libertades conquistadas en los seis años de democracia. Veintiséis años después su reedición propone una lectura radicalmente diferente: ser leída como un conte philosophique sobre el amor. La transformación no depende del tiempo, es un logro de la novela porque no ha dejado de escribirnos en todos estos años. Porque las novelas piensan, continúan escribiendo sobre lo escrito y revelan así detalles que habrían quedado disueltos en el olvido. Como ese detalle escrito en una pared interior de la casa de Lila y Eduardo, los protagonistas de Llévatela, amigo…, toda una definición de su contrato de pareja a lo largo de veinte años: “Hacer el amor es algo bueno en sí mismo, y tanto mejor cuando más veces ocurre, de cualquier manera concebible, entre el mayor número de personas y durante el mayor tiempo posible”. No es una frase cualquiera, le pertenece al antipsiquiatra David Cooper, una figura de la contracultura de los 60; tampoco es una pared cualquiera, es la pared de la cabecera de la cama que comparten.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

FILBITA: “La infancia y el juego”, por Horacio Cavallo



En el Festival FILBITA, organizado en noviembre entre Buenos Aires y Montevideo, hubo un panel de escritores que fueron invitados a escribir textos sobre sus juegos en la infancia. Reflexiones sin red, una mirada espía sobre el pasado que sigue colándose en el presente, como este texto sutil que EdM tiene el placer de compartir.
    El narrador y poeta Horacio Cavallo (Montevideo, 1977) ha publicado El revés asombrado de la ocarina (2006) y la novela Invención tardía (2015).
    A fines de noviembre de 2015 recibió el premio anual de literatura del Ministerio de Educación y Cultura de la República del Uruguay por su libro de cuentos El silencio de los pájaros (Montevideo, Alter ediciones 2013) 

Cuando pienso en mi infancia predomina el asombro. Asombro al que conducen varias puntas. La primera es la certeza de que todo lo que pueda evocar está perdido. Lejana infancia paraíso cielo, a la manera de Idea Vilariño. Puedo pensar que rescatándola a través de los recuerdos puedo mantenerla viva. Pero es un consuelo. No puedo volver a la infancia, aunque intente acercarme a las emociones que primaban entonces. Algo de eso es lo que intento hacer cuando escribo Literatura pensando en los niños como potenciales lectores. Siempre teniendo en cuenta que a la distancia lo que mantengo es una construcción determinada de mi propia infancia donde predominan ciertas cosas que están ahí porque otras fueron borradas sin que me diera cuenta. Ese asombro que me asalta ahora, cuando trato de meterme en el niño que fui, tiene su correlato en el asombro de entonces. Entre los diferentes juegos que compartíamos con mi hermana, con los compañeros de la escuela o con los de la cuadra, había por lo menos dos tipos: los que tenían reglas fijas, y los que se apoyaban más que nada en lo espontáneo, en la imaginación pura y dura. Estos últimos también eran juegos a los que se podía jugar solo: buscar figuras en las manchas de humedad, en los detalles de los azulejos, en las nubes. Recuerdo que una vez en la puerta del club AEBU, donde iba a hacer gimnasia y natación, vi una niña que mordía su campera. No sé cuál fue el mecanismo que me llevó a pensar que también yo debía hacer algo parecido -¿imitación? ¿identificación?- pero lo cierto es que desde entonces intenté comerme el polvo que se veía flotando en cualquier ambiente cuando la luz del sol, sobre todo, atravesaba la habitación. Lo que sigue puede ser también una construcción posterior más conciente que otras, pero me veo corriendo en el hall de AEBU con la boca abierta intentando comerme todas las partículas de polvo. Para mi padre, que no conocía la construcción que me había llevado a eso, y que no había visto a la niña comerse la campera, yo era un perfecto bocabierta, torpe, a punto de clavarle los dientes en el codo a cualquier adulto o en la cabeza a algún niño que anduviera cerca.
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NOTICIAS DE AYER

Poesía científica en el siglo XIX, por Alcides Rodríguez.


Humprhy Davy ocupa un lugar destacado en el panorama científico de la primera mitad del siglo XIX. De origen humilde y autodidacta, Davy fue nombrado en 1802 profesor de química de la Royal Institution, una institución cuyo objetivo era investigar, discutir y difundir la ciencia. Realizó grandes descubrimientos en la química de ácidos y óxidos, y creó ciclos de conferencias de difusión abiertas al público. Muy exitosas y siempre atiborradas de gente, no era nada sencillo asistir a ellas. Su carrera fue meteórica: a sus logros científicos se le sumaron un título nobiliario y la presidencia de la prestigiosa Royal Society. Fue, además, poeta, siendo parte del círculo conformado por poetas como Samuel Coleridge, Robert Shoutey y William Wordsworth. Solían viajar por el interior de Inglaterra para admirar la Naturaleza, charlar, filosofar e inspirarse, más de una vez bajo los efectos de drogas como el opio o substancias como el óxido nitroso, el “gas de la risa”, estudiado por Davy en su laboratorio. “El aire de cielo - dijo Southey tras una inhalación del “gas de la risa”- debe ser de este gas del placer que hace milagros”. Algunos de estos paseos se extendían, por así decirlo, por las salas de la Royal Institution. Coleridge asistió a varias conferencias de Davy para enriquecer, en sus palabras, su “almacén de metáforas”. Y Davy logró en 1808 que el poeta, en plena crisis matrimonial y en el peor momento de su adicción al opio, se comprometiera a dar catorce conferencias sobre la imaginación frente a un selecto público de científicos. No fue fácil la cuestión. Coleridge fue por momentos desdeñoso y negligente con el público. Faltó a cinco conferencias, y asistió a más de una recién amanecido y sediento, con los labios secos y ennegrecidos tras intensas sesiones nocturnas de opio, generando momentos de incómodo silencio por no poder articular ni una palabra. Más allá del caos en que terminaron algunos de los encuentros, la idea de creatividad se discutió acaloradamente y la noción de chispa imaginativa nació de esas agitadas charlas.
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APUNTES

Axipendra de Agustín Valero, por Facundo Ruiz


Diciembre de 2014. Barría la escalera de la casa a la que acababa de mudarme cuando escuché el disco por primera vez. No está terminado, me dijo: es una maqueta. A medida que bajábamos él cambiaba el celular de escalón y me iba comentado las canciones y cómo iba a escucharlas una vez terminado. La escalera es antigua, larga, y en las curvas, ventanales de vidrios repartidos y de colores van iluminándola desigualmente.
     Octubre de 2015. En la cocina cenamos y seguimos, sobre todo después de comer, hablando de música, de política, de amigos. La casa va silenciando sus desvelos rutinarios. Prendo el grabador.
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NOTICIAS DE AYER

X. De incertidumbres y mutaciones en la literatura española de las últimas décadas. Una aproximación (1era. Parte), por Maximiliano Brina


“Muerte de un miliciano”, la fotografía más conocida de la Guerra Civil Española, fue realizada por Robert Capa el 5 de septiembre de 1936. En 1953 el fotógrafo acuñó el término Generación X para referirse a los jóvenes que devinieron adultos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Durante esa década de 1950 varios actores explotaron la polisemia de la X. El ensayo de Capa hacía foco en la perspectiva fatalista que esos jóvenes poseían respecto a un futuro que, como la incógnita de una ecuación algebraica, se presentaba incierto. En una línea similar, fue en 1950 que el activista Malcolm Little reemplazó su apellido por una X para hacer visible el desarraigo, el desconocimiento de su origen. La X fue también el signo que movilizó reacciones a la amenaza nuclear posterior a la Segunda Guerra Mundial en la industria cultural. En cine, el antecedente sería X - The Unknown (Leslie Norman, 1956), una entre las tantas producciones que explotaron el miedo atómico y las posibles consecuencias que las investigaciones en ese campo podrían tener sobre la vida, sobre los cuerpos. 
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