Junio-Julio/14

Escriben este mes: /Brindisi // Cascallares /
/ Cross // Figueras // Luzuriaga // Mothe /
Petroni/Rodríguez /Scavino /
/ Vitagliano // Yemayel
Seguir leyendo
PIES DE IMAGEN

Sugerencias (Ready Made 2014), por Bruno Petroni


Tengo 5 años y quiero hacer el amor
Tengo 5 años y estoy embarazada
Tengo 5 años con el DIU
Tengo 5 años trabajando
¿cuánto me toca de liquidación?

Tengo 10 años y soy gay
Tengo 10 años y quiero tener novia
Tengo 10 años y estoy enamorada
Tengo 10 años
y ya hice el amor

Seguir leyendo
APUNTES

Vidas de bolsillo: Aristóteles Onassis, por Miguel Vitagliano


No era un buen estudiante. Cuando sus compañeros de escuela ya habían aprobado los exámenes para ingresar a la universidad, el joven Ari todavía seguía mordiéndose los labios y barruntaba excusas, o lo que todos creían que eran excusas. Decía que no necesitaba diplomas para hacer cuanto quería en la vida, y su padre no dejaba de decirle la misma frase que le repetía desde su infancia: “Ari, hay que hablar menos y escuchar más.”
     Había nacido en 1906, en Esmirna, Grecia, y era hijo de Sócrates, un próspero comerciante de tabaco en aquella zona cercana a la frontera con Turquía. Perdió a su madre a los seis años y ese hecho no pudo sino marcarlo de por vida. Exacerbó la rivalidad con su padre, que pronto contrajo matrimonio con una joven llamada Helena, y alimentó en su interior el deseo de buscar la viva imagen de la madre allí donde pudiera encontrarla. Recordaba poco de ella en realidad, tal vez por eso sintió, a lo largo de las décadas, que encontraba destellos de su presencia en los lugares y situaciones de lo más diversas. Lo que no tiene una marca tiende a dejar su huella en todas y cada una de las cosas. Su madre estaba en las manos de una mujer que dormía a su lado como una niña, en el gesto de una jovencita que buscó hasta conquistar, en el olor a pan caliente una mañana en una ciudad lejana, en la espuma del mar durante una caída de sol en un barco, y en sus propios ojos en el instante en que levantó la cabeza del lavabo y se miró al espejo.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Peregrino”, por Dardo Scavino


n un artículo de los años noventa consagrado a la importancia del viaje en los poemas de Wordsworth, Byron y Osip Mandelstam, el filósofo francés Jacques Rancière aseguraba que esos desplazamientos eran metáforas de la metáfora, o de la translatio latina, y, a su vez, de la revolución política y poética: cambiar de vida significaba, para estos escritores, cambiar la manera de ver las cosas, y cambiar la manera de ver las cosas significa cambiar las imágenes sobre ellas, es decir, renovar las metáforas. Pero no había que esperar a esos acontecimientos que conmovieron al mundo –la Revolución francesa y la rusa– para que este vínculo entre la renovación de las metáforas y de la vida se estableciera.
   Esta concepción del viaje contaba ya con una tradición acreditada en el pensamiento occidental y con un nombre muy preciso en el monaquismo griego de la Antigüedad y de la Alta Edad Media: xeniteía. Los autores romanos solían traducir este vocablo por peregrinatio, sólo que no entendían esta acción como una mera excursión a un lugar santo sino como un viaje a un país extranjero (xénos) o alejado de la tierra nativa. La peregrinatio era una verdadera iniciación, un abandono deliberado de la patria y la familia, una travesía que transforma por completo la vida del peregrino, de modo que estaba asociado con la conversión o metanoia. Un filósofo judío contemporáneo de San Juan, el platónico Filón de Alejandría, consideraba que la “emigración” era una manera de abandonar las costumbres y las formas de vida arraigadas en nosotros, “porque resulta difícil resistirse a los hábitos, y es de temer que alguien, si se queda en su lugar, se vea atrapado por estos, subyugado por sus seductores encantos”. Lo mejor, a su entender, era “emigrar, huyendo sin retorno de la casa y de la patria, de los prójimos y de los amigos”. Y por eso los autores judíos y cristianos solían invocar por ese entonces el versículo del Génesis en el que Jehová le dice a Abraham: “Abandona tu país, tu familia, la casa de tu padre, y márchate hacia el país que te mostraré” (Gen 12: 1). Podemos empezar de nuevo, sí, pero en otro lado.
Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

Sobre La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo de Mariana Enríquez, por Mónica Yemayel


La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo de Mariana Enríquez, publicado en Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, Colección Vidas Ajenas, 2014.

Como si continuara una conversación que comenzó hace tiempo con viejas amigas interesadas por los mismos asuntos, Mariana Enríquez, esta vez, va al encuentro de Silvina Ocampo. Y con el desparpajo cuidado con que las amigas se cuentan absolutamente todo en la intimidad, escribe el retrato de la escritora que para muchos es la mejor cuentista argentina.
    Antes, lo hizo en Alejandra Pizarnik, vestida de cenizas, un perfil también editado por Leila Guerriero, incluido en Los Malditos (Ediciones Universidad Diego Portales, 2011). Allí escribió acerca de la vida corta y trágica -y a la vez tan vital, según sus propias palabras- de la poeta argentina que ella señala como una de las influencias más potentes en el relieve de su mundo propio. Y tal vez, allí, en aquellas páginas, esté velado el origen de La Hermana Menor. Un retrato de Silvina Ocampo, cuando hurga en las pasiones que desvelaban las noches de Pizarnik antes de suicidarse: “El último tiempo estuvo marcado por una gran pasión: la que vivió con Silvina Ocampo…La había conocido a través de la revista Sur, que dirigía Victoria, la hermana de Silvina. Tenían muchos gustos e intereses en común: la infancia, los juegos de palabras, el misterio, el erotismo. Silvina era la esposa de Adolfo Bioy Casares e íntima amiga de Jorge Luis Borges. Alejandra le enviaba cartas acompañadas de litografías de Odilon Redon, dibujos de niñas en la nieve, niñas llevando flores y cometas, cartas escritas con tinta verde y turqueza…”. Esos “gustos e intereses en común” son también los de Mariana Enríquez, y acaso expliquen el impulso –que no cede ni en una sola de las páginas del libro- por descifrar quién fue Silvina Ocampo en ese juego perpetuo que siempre la hacía ser otra y otra y otra.
Seguir leyendo
RELATOS

Cuento inédito: “Jonathan” de Esther Cross


En las narraciones de Esther Cross (Buenos Aires, 1961) la elegancia envuelve el mundo de los personajes como si fuera una brisa distraída. Nada busca imponerse ni se esfuerza siquiera por disimularlo, todo está allí delante y a la espera. Así en su primera novela, Crónica de alados y aprendices (1992), que tiene en Leonardo Da Vinci a uno de sus personajes, como en su último libro, La mujer que escribió Frankestein (2013), una biografía que se lee como novela pero que es también un ensayo sobre el arte de escribir: ¿Acaso escribir no es construir un cuerpo-Frankestein con restos de otros libros y otras lecturas?
   En “Jonathan” se presiente el aliento que anticipa otro tipo de transformaciones. ¿O serán las mismas que parecen otras?

Íbamos al monte todos los días. Mi hermano mayor apartaba las ramas, abriendo camino. Lo seguía con mi hermanito, que siempre estaba con el sombrero puesto –todos teníamos uno pero él no se lo sacaba. En el monte encontrábamos huevos de urraca, pichones de paloma, huesos y cosas nunca vistas, raras. Era un lugar ideal para esconder otras, robadas de la casa.
    Al lado del molino y el tanque australiano estaba la quinta. El quintero se llamaba Antonio Reina, Nelson Antonio Reina. Estaba siempre borracho pero decía que sólo tomaba naranjín. Era de Catriló y había girado mucho por la zona, hasta aparecer en el campo. Su perro se llamaba el Jonathan y lo ayudamos a enterrarlo.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

Triunfo de una continuidad, por Alcides Rodríguez


Mundial de Fútbol Brasil 2014. Tras el ajustado triunfo de la selección de Alemania sobre la de Argelia por 2 a 1, Joachim Löw, el director técnico alemán, exhibió un indisimulable gesto de alivio. No era para menos: los argelinos, haciendo gala de un excelente nivel futbolístico, habían forzado a los alemanes a realizar un agotador esfuerzo para ganar el partido. En declaraciones a la prensa Löw elogió lo realizado por sus dirigidos, señalando que "a veces en un torneo hay partidos así en los que uno tiene que luchar hasta el final". Y remató sus dichos afirmando que la victoria de su selección había sido “un triunfo de la voluntad”. Hace unos sesenta años, en la Alemania de posguerra, el filólogo Victor Klemperer señalaba ciertas continuidades en el lenguaje utilizado por los jóvenes llamados a reconstruir el destrozado país. “En el llamado instituto nocturno de la Universidad Popular de Dresde - escribía Klemperer en LTI La Lengua del Tercer Reich - y en los debates organizados por la Asociación Cultural junto a la Juventud Libre Alemana, me llamó la atención más de una vez que los jóvenes se aferraran a argumentos del nazismo, con toda inocencia y en un esfuerzo sincero por remediar lagunas y errores de su formación desatendida durante todos estos años. Ni siquiera se daban cuenta; los usos lingüísticos heredados de la época anterior los confundían y los seducían”.
Seguir leyendo
PIES DE IMAGEN

Viaje al centro del corazón del tiempo, por Francisco Cascallares


[POSIBILIDAD DE CUALQUIER PENSAMIENTO]. Los labios se quedan apenas entreabiertos como dos caramelos blandos de cereza. Me pregunto cómo se llama la bolita que conforma el centro de su labio superior, aunque en realidad no puedo pensar. Es una estalagmita carnosa, una gota en w que cuelga como el sueño de un murciélago, es una ocasión en la que lo único que me queda es querer decir. De hecho, el centro de su labio está apenas partido por el verano que acaba de ocurrirle. Estos caramelos blandos de los que hablo, cuando pasa el tiempo, se secan, se ajan, apenas, no más de dos o tres grietas finísimas que sugieren (1) alguna profundidad pero también (2) que hay mucha más materia por debajo, sosteniéndolas. Así, hay labios que se parecen por sus grietas a glaciares, yo pienso, aunque ya haya reflexionado que no puedo pensar. La cabeza me va a mil y a la vez a cero. Delante de mí hay un labio. O dos. Ni idea. Y una grieta sin fondo justo antes, exactamente atrás.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Bruno dibuja, por Marcelo Figueras


ara el Día del Padre, mi hijo Bruno, de cinco años, me regaló un dibujo del diablo. Un Satán de tridente, cuernos rojos, cara negra y sonrisa de absoluta satisfacción. Como estoy escribiendo una novela que tiene por personaje a un padre-diablo, me sorprendió. No soy de hablar en casa respecto de mi escritura; a lo sumo puedo haber dicho que estaba en medio de una novela de terror, o en el caso más específico, mencionar que tenía algo que ver con el Infierno. Pero la formación de Bruno en materia religiosa es nula. Ni siquiera estoy seguro de que esté en condiciones de vincular diablo con infierno. Y hace años que no veo pelis como Legend, Angel Heart y Hellreiser, que podrían haberle prestado su imaginería. Lo más parecido al diablo que Bru conoce es Saurón, pero el dibujo es demasiado específico. (Remito nuevamente al detalle del tridente.) Tal vez haya visto algo semejante en ese cartoon que se llama Hora de aventura, porque todo puede aparecer en Hora de aventura; en ese caso, se trataría de un episodio que me perdí.
Seguir leyendo
APUNTES

Buscando blogs: hoy, Brain Pickings, por Peter Mothe


“Traté de pensar que no estaba creando un mundo, sino que estaba transcribiendo el contenido de una bitácora perdida.” Así describe el artista y autor estadounidense James Guerney, su clásica serie de libros para chicos, Dinotopia. La obra, publicada en tres tomos, relata con imágenes fantásticas y una prosa sencilla pero enriquecedora, las aventuras de un padre e hijo, que tras un naufragio, terminan en una isla cohabitada por hombres y dinosaurios. Guerney evoca en Dinotopia, con frescura y belleza, uno de los temas mas explorados en la historia de la literatura: la convivencia y relación entre hombre y bestia en un mundo fantástico.
    La exploración de las relaciones que surgen de ese encuentro es el tema de los últimos textos publicados por la también estadounidense Maria Popova, en su luminoso blog multi-temático, Brain Pickings. Siguiendo el impulso de Guerney, propone catálogos literarios de monstruos mitológicos y tierras imaginarias. Pero también indaga, en su artículo (17/2/14) “Legendary Lands: Umberto Eco on the Greatest Imaginary Places and Why They Appeal to Us”, en la más reciente publicación de Umberto Eco, un decálogo de mundos imaginarios, titulado en castellano, Historia de las tierras y lugares legendarios. Popova guía a sus lectores en la selva de Eco, reproduciendo mapas, dibujos y citas inspiradoras.
   En su artículo “An Illustrated Field Guide to Mythic Monsters: from Gremlins to Zombies to the Kraken” (3-3-14), Popoya insiste en compartir esa misma búsqueda pero a través de Monsters and Legends, un divertido volumen para chicos escrito por el italiano Davide Cali e ilustrado por Gabriela Giandelli.
Seguir leyendo
APUNTES

Uno por dos, por José María Brindisi




Sobre Cómo escribir sin obstáculos de Francisco Cascallares y Agua del mismo caño de Natalia Zito. Lo que sigue es el texto que José María Brindisi leyó en la presentación de ambos libros, en el pasado mes de junio, cuando todavía hacía más frío en Buenos Aires


Lo primero que tengo que decir, y acaso sea lo más importante, es que con ambos me equivoqué totalmente.
     A Francisco Cascallares lo había visto algunas veces, pero apenas había escuchado su voz, y en todo caso esas breves intervenciones no hicieron otra cosa que confirmar el prejuicio que me imponía su figura, sus movimientos, sus gestos, incluso la excesiva amabilidad de sus palabras: parecía arrancado de otra época, de una época en que sin duda las cosas eran mejores, una época en el pasado o en el futuro en que la gente debía ser más cristalina, más real, incluso más necesaria. Pero después vino la lectura, y cuando me encontré con él a solas ya había comprendido, hace rato, que lejos de tratarse de alguien que necesitara cobijo estaba frente a alguien de quien había, en realidad, que cuidarse. Entiéndase bien; si digo que “era alguien de cuidado” estoy queriendo decir que nada con él iba a ser fácil, estuviese uno en el lugar que estuviese: el del colega, el del amigo, el del simple actor de reparto de su vida, como lo somos todos en la vida de los otros. Entonces empecé a seguir su mirada y se me reveló que lo que parecía candidez era, muy por el contrario y justamente, observación; que lo que podía parecer ingenuidad no era otra cosa que fascinación ante la complejidad de cada uno de los elementos, de cada una de las partículas que lo rodeaba; que eso que yo había traducido con torpeza como ansiedad adolescente, una adolescencia por otro lado demasiado tardía, era desesperación, entre otras cosas la intuición de saberse capaz de lograr lo que se propusiera, pero ser consciente de que mucha gente se pasa la vida entera escuchando en su cabeza una musiquita que jamás llega a interpretar.
Seguir leyendo
APUNTES

Lucrecio anticipó la bomba atómica, por Pablo Luzuriaga


¿Qué relación mantienen la bomba atómica y el modernismo? Como residual de una época, la bomba se esconde detrás de los campos de concentración y exterminio nazis. En "La colonia penitenciaria", Kafka anunció los campos. H. G. Wells y Ramón Gómez de la Serna, en una novela y un cuento, anticiparon la explosión nuclear (ver EdM).
   Isomorfismos. El modernismo rompió "el contrato" entre la palabra y el mundo que se sostenía desde la antigüedad clásica. La bomba también es una declinación milenaria: del atomismo de Leucipo y Demócrito, en la costa de Tracia; al proyecto Manhattan, en Los Alamos, Nuevo México. El modernismo termina con la imagen del conocimiento fundado en un sujeto, hombre, blanco, motor al mismo tiempo del progreso y la emancipación de la naturaleza, capaz de asir con la fuerza del pensamiento la totalidad de lo real, figura ejemplar del positivismo y el historicismo del siglo XIX. La bomba, como los campos, tira por la borda a la razón como guía privilegiada de cualquier proyecto. El modernismo, en su acepción inglesa que incorpora en la misma curva al alto modernismo y a las vanguardias históricas, en tanto crisis de la representación, entre otras formas, operó mediante la sustracción: de la ruptura de Cézanne a la no figuración y las propuestas cientificistas de movimientos como De Stijl o la Bauhaus. La bomba atómica, en tanto violencia sobre la materia, sustracción técnica de las cosas, arma de destrucción masiva, es resultado de un largo desarrollo de la física. ¿Demócrito sabía que esos átomos, que no veía, podían hacer lo que hicieron en Hiroshima y Nagasaki?
Seguir leyendo
 Mayo/14

Escriben este mes: Ávalos Blacha /Brindisi /
Consiglio /De Luca // Luzuriaga // Martínez /
Rodríguez /Scavino // Vitagliano // Zito  
Seguir leyendo
PIES DE IMAGEN

Klein, Klein, por José María Brindisi


El caso es bien conocido: la historia de un hombre al que, durante la ocupación nazi en Francia, le arrebatan la identidad, y a partir de allí su vida se convierte en un infierno. La película es de 1976; la dirigió el gran Joseph Losey, y en los papeles principales estaban Alain Delon y Jeanne Moreau. El título original era falsamente simplón: Mr. Klein. Tratándose de un caso de doble identidad, o mejor dicho de identidades falsas, la austera certeza de ese título se tiñe de una ambigüedad sutil, algo así como la punta del ovillo. Pero el caso es que los distribuidores de entonces, sin duda demasiado preocupados porque las cosas estuvieran bien claritas -conscientes de que las imprecisiones son en el fondo siempre inmorales-, le agregaron al título original un pequeño condimento: pasó a llamarse El otro señor Klein, lo que equivale a contar por anticipado algo así como la mitad de la película.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Ser escritor y los problemas de definición, por Guillermo Martínez


omo con toda palabra asociada a cierto prestigio, el intento de definición se empeña (inútilmente) por recortar lo suficiente o identificar un rasgo que sugiera alguna clase de valor, más allá de la comprobación tautológica de una cantidad de páginas escritas. La palabra es a la vez profunda y trivial, y basta cambiar la entonación para que concurran distintas acepciones o gradaciones para desglosar. En la acepción más llana y democrática un escritor es, me parece, simplemente una persona que se ha dedicado con cierta consecuencia y al menos durante una parte de su vida a escribir. Cualquier otro requisito que se quiera imponer queda de inmediato bajo el fuego de contraejemplos. Por ejemplo: ¿Es necesario haber publicado algo? No: Kafka, o cualquier escritor todavía inédito que acumula manuscritos, o que se limita a escribir por amor al arte. Mi padre nunca publicó en su vida y dejó una obra escrita apabullante. ¿Es necesario haber escrito una cierta cantidad de libros? No: Rulfo y su obra mínima. ¿Es necesario haber escrito durante toda la vida, para recibirlo como título honorífico al final? No: Alain Fournier o Rimbaud. ¿Es necesario ser ungido por la academia? No: Borges ignorado por nuestras facultades hasta 1965 y atacado durante muchos años más. ¿Es necesario tener el reconocimiento de lectores? No: Di Benedetto y su obra tanto tiempo no leída. ¿Es necesario haber sido publicado por un editor? No: otra vez Borges y tantos otros, que se publicaron a sí mismos el primer libro. ¿Es necesario tener alguna formación en particular? No: hay ejemplos de todos los oficios terrestres y Piglia, famosamente, porque quería ser escritor, decidió eludir la carrera de Letras.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

Las matemáticas en la escuela, por Alcides Rodríguez


Al abrir un libro de texto italiano de matemática elemental de los años treinta el lector se encuentra con una peculiar manera de plantear los temas y las ejercitaciones propias de la asignatura. La propiedad conmutativa de la multiplicación, por dar un ejemplo, se explica a través de la operación 3 x 4, y se recurre a un grupo de jóvenes “balilla” para que el alumno la pueda visualizar.
     Opera Nazionale Balilla era la organización que nucleaba a la juventud fascista. Formados y marchando en perfecto orden, estos doce pequeños fascistas ayudaban al alumno a entender el concepto. La ideología fascista también hacía su contribución para plantear problemas: uno de ellos pedía al alumno que calcule cuantos italianos era necesario enviar a Abisinia para colonizarla, y otro hacía referencia a verdades que todo niño o niña de la Italia de Mussolini debía saber: “Cuatro comunistas, que tienen pocas ganas de trabajar, ganan 8 liras al día, y 4 fascistas ganan 15 liras por día. ¿Quiénes ganan más?”. En los textos de física los balillas solían dejar el lugar a fascistas adultos para ilustrar los contenidos. El capítulo introductorio a la mecánica clásica de uno de ellos se abría con un claro ejemplo de movimiento uniforme: la imagen de un desfile de falanges fascistas al compás del paso “romano”.
Seguir leyendo
APUNTES

Ramón Gómez de la Serna y Voltaire: relativismo y sustracción, por Pablo Luzuriaga


“La sentencia de muerte no tendrá el carácter aflictivo que hoy tiene. El sentenciado entrará en la invisibilidad con sólo aplicarle el medio microátomo.” (Una afirmación de don Alfredo, en “El dueño del átomo” de Ramón Gómez de la Serna).



Mucho antes que Alan Moore inventara al Dr. Manhattan (1987); el superhéroe impasible de la historieta Watchman usado como virtual amenaza atómica para salvar a la humanidad de su inminente autodestrucción; antes, incluso, que la guerra fría y, también, que el propio proyecto Manhattan que administró las bombas de Hiroshima y Nagasaki; previo a todo aquello, la destrucción nuclear fue una idea. Tras el ascenso de Hitler al poder, en 1933, Leó Szilárd imaginó, en su exilio londinense, la reacción nuclear en cadena. Pero no apareció en la mente del científico húngaro, que luego se trasladaría a Estados Unidos y participaría del proyecto en Los Alamos (Nuevo México), sino hasta que la leyó en una novela: La liberación mundial (1913) de H. G. Wells. En ella, el profético escritor inglés, anticipa las bombas atómicas y predice el uso político de su destrucción como amenaza. Es poco probable que Leó Szilárd haya leído, en cambio, otra profecía nuclear: “El dueño del átomo”, un relato escrito, en 1928, por el inclasificable Ramón Gómez de la Serna (ver sobre Ramón en EdM).
Seguir leyendo
RELATOS

"Siesta", por Luciana De Luca


Luciana De Luca (1978) participó en las antologías Cuentos Raros (Outsider), Brasil, ficciones de argentinos (Casa Nova) y El libro de los muertos vivientes (LEA). En 2013 publicó el volumen de cuentos Las fiestas no son para los niños (Milena Cacerola y El 8vo. Loco).

Abuelo, abuelo

Con la boca abierta y la mandíbula apaisada, dejando al aire sin vergüenza esos dientes de piano de estudio.

¡Abuelo, abuelo!

Dormido, ocupado en las cosas de dentro, acunado por la música de la digestión.

¿Abuelo?

Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

Un cuerpo, una decisión, por Miguel Vitagliano


El 30 de abril en los jardines del Museo de la Lengua, en Buenos Aires, se realizó una maratón de lectura con una finalidad muy concreta: reclamar que de una vez por todas se discuta la ley de la interrupción voluntaria del embarazo. Participaron alrededor de 80 escritores, periodistas, profesores universitarios, investigadores… Lo que sigue es el texto que Miguel Vitagliano escribió para esa ocasión.

Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Tecnocracia”, por Dardo Scavino


unque habría aparecido por primera vez en un ensayo de 1919, el vocablo technocracy sólo empezó a circular masivamente a partir de los años ’30: en un sentido positivo, primero, sobre todo entre quienes aspiraban a que la sociedad fuese gobernada por un conjunto de expertos capaces de tomar las decisiones más eficaces para el buen funcionamiento global del sistema, y en un sentido negativo, a continuación, entre quienes comenzaron a percatarse de que los regímenes capitalistas, fascistas y comunistas coincidían todos en un punto: el tratamiento de la sociedad como un sistema que era preciso estudiar, o vigilar, en permanencia para regularlo o tomar las medidas adecuadas con vistas a mejorar su rendimiento. Estos diversos regímenes reducían a los sujetos al estatuto de objeto de estudio y de control, de cálculo estadístico y de influencia propagandística. Como escribían Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la Ilustración, “poder y saber” se convirtieron en sinónimos porque saber cómo funciona un objeto –noción que involucra ahora a los sujetos humanos– significa prever sus comportamientos físicos, químicos o biológicos, pero también económicos, sociales y psíquicos, y estos conocimientos permiten desarrollar las técnicas susceptibles de orientarlos o manipularlos, del mismo modo que los ingenieros agrónomos aprendieron a mejorar el rendimiento de las cosechas gracias al estudio de la biología mientras que otros expertos lograron desarrollar máquinas más eficaces gracias al conocimiento de los materiales y la energía.
Seguir leyendo