mayo/17

Escriben este mes:  // Beccaria // García Curten /
Luzuriaga /Mothe /Parino /A. Rodríguez /
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/ Vitagliano // Zapata
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PIES DE IMAGEN

Ruinas sobre ruinas, por Alcides Rodríguez


Los artistas del siglo XVI europeo fueron los primeros en llevar la idea de ruina al terreno de la reflexión estética. No es difícil saber el porqué: la idealización del mundo grecorromano los impulsó a investigar las ruinas de los templos y palacios de la antigüedad que aún estaban en pie. Arquitectos como Leone Battista Alberti y Andrea Palladio las estudiaron a fondo, obsesionados por reproducir la arquitectura original de los edificios. El desarrollo de la perspectiva lineal les permitió dibujar esas ruinas de manera más precisa y detallada, y la pintura no tardó en hacer suyas estas imágenes. Las paredes de los palacios renacentistas se poblaron de cuadros que representaban paisajes ideales con ruinas y ambientes bucólicos con templos derrumbados. Hasta la iconografía religiosa pobló sus escenarios de ruinas. No era raro ver a la Sagrada Familia instalada entre los restos de un templo pagano, señalando el triunfo de la nueva religión.
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NOTICIAS DE AYER

En la redes: Veinte mil leguas de viaje por las profundidades del Océano Trump, por Peter Mothe



I. Preámbulo

En marzo de 1869, la Magasin d'Éducation et de Récréation de Paris publicó el primer fascículo de Veinte mil leguas de viaje submarino, la novela de Julio Verne que narra los viajes del biólogo francés Pierre Aronnax a bordo del imponente submarino Nautilus. La entrega se abría con la siguiente frase de Aronnax: “El año 1866 quedó caracterizado por un extraño acontecimiento, por un fenómeno inexplicable e inexplicado que nadie, sin duda, ha podido olvidar”.
     Un siglo y medio después de aquellas aventuras por altamar, lo que era inexplicable en la ficción nos invita a compararlo con lo que hoy resulta inexplicable en la realidad. Un mundo que parece desconocido. Así que lo sigue debe leerse con el tono de un relato de ciencia ficción.
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APUNTES

A propósito de Santos y eruditos de Terry Eagleton, por Miguel Vitagliano



En los escritos de Mijail Bajtín (1895-1975) no hay lugar para una primera persona solitaria, sólo es posible un “yo” porque hay un “otro”, y cada palabra pronunciada por ese “yo” es respuesta, afirmación, duda y conflicto con las palabras de los otros que lo pueblan. La alteridad es el eje que recorre sus estudios, se traten del lenguaje, de la historia de la novela o de la cultura popular. “Desde mi ojos están mirando los ojos de otro”, escribió al referirse a la situación de un hombre ante el espejo. ¿Cuándo fue el momento en que Bajtín vio corporizarse esa idea a su alrededor? Aun cuando la pregunta resulte peregrina, resulta imposible no pensar que ese primer otro fue su hermano mayor Nikolai (1894-1950). Ambos fueron inseparables durante la infancia y la temprana juventud. Compartían la pasión por las letras y la filosofía. Y se sabían mutuamente queridos muy por encima del afecto que extendían a sus padres y sus tres hermanas. Nikolai era para Mijail el modelo inalcanzable que buscaba en todas partes, incluso dejó la Universidad de Odesa para estudiar a su lado en la Universidad de San Petersburgo. Mijail era reservado y preciso en sus comentarios, y su hermano mayor se le imponía como el otro que atravesaba el espejo, brillando donde estuviera y siempre expansivo. Al estallar la Primera Guerra palpitaron que algo se rompía entre ellos, Nikolai se había alistado como soldado del Zar. Abandonó Rusia en 1918, Mijail apoyaba la revolución y no veía razón más poderosa que quedarse en su país. Jamás volvieron a verse. Nikolai partió con los Guardias Blancos, fue marinero en el Mediterráneo y, en una noche de borrachera, terminó por alistarse en la Legión Extranjera para combatir en África del Norte. El azar lo llevó después a Francia y a la Sorbona, y más tarde a Cambridge donde compartió la amistad con Ludwig Wittgenstein (1889-1952). La tesis que comenzó en Francia y finalizó en Cambridge colocaba en el centro, también, el problema de la alteridad: indagaba los orígenes del mito del centauro. Durante la Segunda Guerra se arrepintió de su pasado político y se afilió al Partido Comunista británico, apoyando férreamente a Stalin. Mijail, en la URSS, soportaba como podía las persecuciones y las purgas del régimen sobre sus escritos desde fines de los años veinte.
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RELATOS

Relato inédito: Especies, por Raúl Tamargo


En el mes de marzo Raúl Tamargo (Argentina, 1958) publicó su primera novela, Más que nada (Alción editora), después de dos años y algo más que la misma editorial nos permitiera conocer su excelente libro de relatos El hilo del engaño (Alción, 2014). EdM quiere compartir ahora un relato que integra una nueva serie que Tamargo está escribiendo sobre animales. Eso es lo que dice su autor, pero, claro, uno también podría pensar que en realidad tratan de las fronteras entre los animales y los animales. O mejor: que son relatos poblados de parlantes animales tamarguinos.

En el principio estábamos las moscas y yo. A mí me asistía el derecho de la propiedad privada. A ellas, el instinto de acercarse a las deposiciones de las vacas. Desde luego que sobrevolaban la bosta, pero el asunto no les alcanzaba. Invadieron la galería, atraídas por las migas que yo dejaba sobre la mesa, en las horas del mate. Me cuidé de no volver a olvidar ese cebo, pero se ve que se aquerenciaron porque ya no abandonaron el lugar.
     La lucha era desigual; podía ganar alguna que otra batalla, pero la guerra estaba perdida. Lo supe desde el principio, por eso es que decidí asumir el problema como un modesto desafío de superación personal. Deseché la facilidad de las palmetas y el carácter indirecto de los venenos o las trampas. Como única herramienta, me permití usar mi cuchillo de asador. No más de diez centímetros de acero, cabo de hueso, manufactura de un artesano de Tandil. Fui perfeccionando el procedimiento hasta que encontré su mayor grado de eficacia. Apoyaba mi antebrazo sobre la superficie de la mesa, con el cuchillo bien sujeto. Solo debía tener un poco de paciencia hasta que alguna de las moscas se posaba a distancia de tiro. Entonces debía pivotear la muñeca en un movimiento difícil de explicar, pero que, a fuerza de practicarlo, se me hizo tan natural como el de girar las llaves adentro de una cerradura. De cada diez golpes, tres o cuatro rendían sus frutos. El resultado me dejaba satisfecho.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Un acto en la Feria del Libro o el camel de la postverdad, por Lucía Thompson


Dicen que en los atados de Camel, si se los observa con detenimiento, se puede encontrar, oculto dentro del camello, el dibujo de un hombre bien paradito. El dato nada tiene relevante, lo sé, pero fue en lo que pensé en el acto de inauguración de la 43 Feria de Internacional del Libro de Buenos Aires. Había ido a escuchar el discurso de apertura de Luisa Valenzuela, una escritora que admiro desde que leí Cola de Lagartija hace muchos años lejos del país. Solo la conocía por escrito y quería escucharla. Hasta dudé en llevarme una peluca de rizos bien negros como los de ella, al enterarme de cuál era el tema sobre el que haría hincapié, la post-verdad, lo había anunciado en una entrevista en Página 12 hacía unos meses. Según el diccionario Oxford, la post-verdad (Post-Truth) era la palabra del año 2016: la (extraña) convicción de que importa menos la verdad en lo que se dice que el impacto emotivo que produce lo que se dice, aun cuando no sea muy veraz. Pero no fue por eso que pensé en los Camel sino por la espera, por lo que padecía como una espera engañosa, por rumiar en silencio, por estirar el cuello queriendo buscar quién sabe qué o sabiendo a quién. Había hecho mucho para estar allí y escuchar a Luisa Valenzuela y su intervención se demoraba más de la cuenta. El presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspascher, había tomado la palabra. Salvo las cifras, lo que decía en su discurso era sabido por todos: las ventas de libros habían caído un 25 % desde el año anterior, lo que hacía que se produjeran 20 millones de ejemplares menos, a razón de 55 mil ejemplares por día. Las más perjudicadas eran las editoriales medianas y las pequeñas; las otras dos o tres podían arreglárselas mejor en el desierto. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico ingrese al reino de los cielos. Lo pensé, sí, y de golpe noté que los ojos del presidente de la Fundación El Libro se clavaban, no en mí que estaba lejos, sino sobre el Ministro de Cultura Pablo Avelluto: “La verdad, señor Ministro, es que no solo continuamos con esos mismos problemas que se han agravado y a los que se han sumado otros nuevos”. El año anterior, ante una situación crítica menos acuciante, el Ministro se había mostrado más entusiasta con respecto al futuro y comprometido con el sector editorial, del que había formado parte como director general de una de las mayores empresas editoriales afincadas en el país.
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MAPAS COMPARTIDOS

Psicolbolches de postal, por Luciano Beccaria


ijo un cantautor cubano, en dos versos difíciles de dulcificar con una melodía: “Nadie sabe qué cosa es el comunismo / y eso puede ser pasto de la censura”. Y se sabe que la industria cultural –y la de lo político, claro– evita el término “censura” cuando prohíbe algo del orden de lo real: prefiere más bien un rótulo que tilde al objeto molesto de “ficticio”, “inexistente”, o bien “inconveniente”. Incluso si se trata de una nación realmente existente. Mientras tanto, Hollywood fabrica chorradas de películas donde países remotos y con férreas dictaduras necesitadas de ser iluminadas por “el mundo libre” llevan nombres de fantasía, aunque puedan ser fácilmente localizables en África, Europa del Este o incluso Latinoamérica.
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VIVAS LAS QUEREMOS
Ni una menos


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PIES DE IMAGEN

Rainbows End, por Fernanda García Curten


Sabe bien qué clase de mujer se fue volviendo con el tiempo. Lejos ya de lo que cualquier chico con bermudas desflecadas que camina descalzo por la playa consideraría una “chica”. Por eso piensa que lo mejor va a ser que el chico no la siga mirando así. Que mejor pase de largo y se lleve a su harén de amigas nuevas, rubiecitas serias -sus hermanas, quizá, de vacaciones como él-, intensas recolectoras de caracoles, pequeñas ladronas. La mujer piensa que no tendrían que parar a juntar caracoles en esta parte de la playa. Aunque a lo mejor, sí. Tal vez el chico debería dejar que toda niña se aleje y quedar recortado contra el mar sólo para ella. Y mirarla bien ya que estamos. Si la hubiera mirado bien, todo sería distinto. Porque llegar hasta acá le ha costado demasiado a esta mujer.
  Porque esta mujer nunca quiso tener que llegar al borde de un mar en teoría exótico, y en esencia tan vivo, y en realidad tan plano y quieto, tan transparentemente verde, al pie de una ciudad que es la meca del esparcimiento y que ella no puede ver más que como el cadáver maquillado de una vieja actriz con cara de muñeca de los años veinte. Y verse ahí, un gusanito más, sentada en la arena, vista panorámica al abismo. O debería describir ese mar como un desierto. Un desierto fulgurante. Fulgurante y por supuesto líquido e infinito, lo cual, piensa la mujer, ya es demasiado para cualquier mar. Se lo vuelve a decir a sí misma: batallones de reposeras iguales orientadas al infinito, sólo eso. Cada una, con su respectiva sombrilla plegada, perfectamente dispuesta y perfectamente vacía. Cientos de postigos cerrados y persianas bajas de hoteles como rascacielos, uno al lado del otro hasta donde el mundo se acaba y se precipitan los barcos y los monstruos marinos devoran a los náufragos.
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NOTICIAS DE AYER

No a la impunidad de los genocidas, por Anselmo Parino


Con el reciente fallo de la Corte son varios los genocidas que podrían quedar en libertad. Entre ellos, Alfredo Astiz, condenado a prisión perpetua en 2011. El 14 de enero de 1998, la revista Tres Puntos (año 1, núm.28) publicó una entrevista de Gabriela Cerruti a Alfredo Astiz, quien entonces estaba en libertad. Habían pasado ocho años desde que el presidente Menen decretara el indulto a los genocidas y en esos días de verano planeaba algo nuevo: construir en la ESMA, que había sido el mayor centro de secuestro, tortura y desaparición desde 1976-1983, un monumento a “la reconciliación”.

Aquí van dos fragmentos de aquella entrevista a Astiz:

1. -¿Se acuerda de todos los operativos que hizo?

-No, fueron muchísimos. Era el trabajo de todos los días. Llegaba a la mañana, me daban la orden y salía. Por eso es terrible toda esta hipocresía de por qué no discutíamos o nos negábamos. Yo no discutía, primero porque soy milico de alma, y lo primero que me enseñaron es que hay que obedecer a los superiores. Pero, además, porque estaba de acuerdo. Eran el enemigo. Tenía mucho odio adentro. Habían matado a dos mil de los nuestros. ¿Sabés por qué mata un milico? Por un montón de cosas: por amor a la patria, por machismo, por orgullo, por obediencia. Si todo eso no está muy alto, uno no sale todos los días a hacer su trabajo.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Revista Barcelona contra la censura, por Miguel Vitagliano


La revista de humor Barcelona publicó el 13 de agosto de 2010, en la contratapa de su número 193, uno de sus clásicos fotomontajes en el que aparecía Cecilia Pando (1967), presidenta de AFyAPPA (Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina) -el colectivo que representa a militares y miembros de fuerzas de seguridad procesados por la justicia en democracia por su participación en el terrorismo de estado de 1976 a 1983-, desnuda y sonriente, envuelta en una red de juego erótico, junto al titular “Las chicas quieren guerra antisubversiva”. El fotomontaje de Barcelona respondía con su tono a lo que Pando había hecho días atrás, encadenarse –junto con otras mujeres de su Asociación- frente a la sede del Estado Mayor del Ejército en Buenos Aires como una manera de reclamar, dijeron, una audiencia con la autoridades. El diario La Nación dijo en la cobertura que se trataban de “mujeres casadas con militares presos y condenados en juicios por delitos de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura en Argentina”. 
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APUNTES

Roberto Juarroz y José Ángel Valente: La exploración de la profundidad, por Alfredo Saldaña



Alfredo Saldaña es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza. Ha publicado Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (1989), Palabras que hablan de la muerte del pensamiento ( 2003) y Malpaís (2015), entre otros libros de poesía. EdM quiere compartir con sus lectores este artículo de Saldaña en el que dialogan las experiencias poéticas del español y el argentino. Allí donde Valente escribe “Cuando ya no nos queda nada, / el vacío del no quedar / podría ser al cabo inútil y perfecto”, Juarroz sentencia “Hay que excavar la nada hasta borrarla”. Ambos dejan caer del cielo lo que siempre falta.

Este es el relato de dos trayectorias, a mi juicio, fundamentales en el discurrir de la poesía en español durante la segunda mitad del siglo XX, las del argentino Roberto Juarroz (1925-1995) y el español José Ángel Valente (1929-2000), dos poetas que mantuvieron una relación intensa y radical con el lenguaje, al margen de grupos y movimientos generacionales. Ambos se entregaron a un proyecto similar de estiramiento de los límites del lenguaje y encontraron en la nada y el vacío, antes que representaciones de una cierta negatividad, oportunidades de generación de nuevos sentidos. En ambos casos, la palabra no sella ni clausura el pensamiento sino que se ve traspasada por un pensar que no termina de cerrarse. Lenguaje y reflexión convocados en un mismo y singular acontecimiento orientado hacia la explosión y la apertura y entendido como un proyecto armado a través de la duda y la interrogación permanentes, la búsqueda del sentido y la desconfianza frente a cualquier tipo de destello identitario.
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MAPAS COMPARTIDOS

Musicales. Un bárbaro en Asia: de Sigur Rós a Rubén Darío, por Facundo Ruiz


élebre es la advertencia de Rubén Darío en Cantos de vida y esperanza cuando dice que, sin ser un poeta para las muchedumbres, sabe que indefectiblemente tiene que ir hacia ellas, “porque la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres”. Y sin ser un gran advertido, como lo fue Darío, es algo que cierta y cotidianamente se vuelve tangible cuando, por ejemplo, uno se aficiona a escuchar los discos de Sigur Rós sin tener ni la más mínima idea de islandés: ¿se entiende o se disfruta, “nos toca” algo más que la forma (musical) en esos casos? Y si otro tanto podría decirse de la “Pavane pour une infante défunte” de Ravel (y del título incluso, que no refiere ni a una infanta ni a una difunta sino sólo al gusto del oído: pura aliteración), también de óperas enteras o del cine mudo mismo, ¿qué otra cosa disfrutan los niños al oír los maravillosos “Ruidos y ruiditos” de Judith Akoschky y los muy adultos al leer Finnegans Wake? ¿Qué otra cosa me llenaba de encanto, y poblaba mis más circunspectas charlas, al escuchar los discos de Kortatu?
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POEMAS

Poemas inéditos: por Lola Zapata


Lola Zapata prepara su primer libro de poesía, mientras tanto toma fotografías y piensa sus versos en el cruce con las instantáneas. Según ella, lee más de lo escribe y escribe más de lo que publica. Escritores del Mundo comparte en este número con sus lectores cuatro poemas como adelanto del libro en preparación. 

Parto

Con la herida todavía fresca
deslumbrado
mi cuerpo
celebra
la pérdida
del poema.


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NOTICIAS DE AYER

La retórica de Ramón Alcalde y los treinta mil de Martín Kohan, por Pablo Luzuriaga


En De la gramatología Derrida investiga relaciones entre las "regiones" de la lingüística y la filosofía. Propone una lectura del Curso de Lingüística General como exponente, y al mismo tiempo ruptura, de la metafísica occidental de la presencia. Ferdinand de Saussure, tal como Platón en Fedro, desdeña la escritura: la inscripción de caracteres es un apéndice del habla. El soporte escrito del significante es la traducción gráfica de un sonido, cuya imagen es, a su vez, soporte del significado. Imperio del fono. Hablar como acto primero, la escucha de la propia voz como acto de presencia. La escritura es diferida, no sería más que el mero registro, signo del signo, inauténtico. La ideología de quien dicta y escribe. Pero, también, la arbitrariedad del signo habilita la instancia deconstructiva; aunque provenga del fono dicho, el significante es inmotivado, no está determinado por la presencia del significado ni por la fuente de este en quien habla, sino por relaciones con un sistema impersonal. La arquitectura completa de la lingüística se organiza en base a la oposición binaria fonológica, que por la negativa reitera una metafísica que, al mismo tiempo, pone en cuestión. Mientras tanto, la escritura persiste en segundo plano, tal como Sócrates persuade a Fedro en el texto de Platón.

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 marzo/17

Escriben este mes:  // Lescano /Luzuriaga /
/ Monteagudo // Rey, P.B /A. Rodríguez // Shepard /
/ Tamargo // Vitagliano // Voskoboynik // Yemayel
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PIES DE IMAGEN

Famosa Laika, por Rául Tamargo


1.

Su aullido persistente alertó al buscador de astronautas. La encontró en un callejón perdido, en cuyo extremo la luna llena se ofrecía más a los viajeros que a los enamorados. Hasta que no estuvo oscuro, Laika no se dejó atrapar. Luego, se entregó a las promesas del hombre. Por primera vez estuvo en brazos de un ser humano; por primera vez, recibió una caricia.
    En el laboratorio del Programa Espacial Soviético le dijeron que viajaría a la luna. De haber sabido que los hombres eran capaces de mentir, habría igualmente aceptado, tal era su pasión por aquel medallón de luz blanca. Y aunque se trataba de hombres de ciencia, que medían, comparaban y evaluaban, libres de todo sentimiento, fue la pasión de Laika la que los decidió. Otros dos perros entrenaron tan duramente como ella, pero fueron devueltos a la calle y al olvido.

2.

El Sputnik 2 fue lanzado al espacio el 3 de noviembre de 1957. Laika no regresó. Varias versiones circularon sobre su final. El gobierno soviético aceptó su muerte 6 días después del lanzamiento. El oxígeno disponible en la cabina estaba a punto de agotarse; practicaron eutanasia a control remoto. Desde luego, nadie, en Occidente, creyó la versión oficial. En plena guerra fría, los rusos eran los seres más despiadados del planeta. Hacia el 2002, habían mejorado su imagen. Tal vez por eso dejaron saber que la perra astronauta murió pocas horas después del lanzamiento, como producto de un recalentamiento general del cubículo donde viajaba.
   Yo prefiero imaginar que todavía está orbitando la tierra. Puede que se trate de una visión ingenua, pero en absoluto edulcorada. Laika fue víctima de engaño. El destino de la nave no era la luna. Laika fue enviada a una Siberia espacial. Se sabía que el Sputnik orbitaría en un punto opuesto al de la luna, de modo que jamás, Kudryavka volvería a ver ese misterioso círculo de plata.
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POEMAS

Si nuestras mantas fueran alas, por Daniel Macmillen Voskoboynik


Daniel Macmillen Voskoboynik (1994) nació en Londres, pero vivió muchos más años en Rusia y Latinoamérica. En 2014 se graduó en la Universidad de Cambridge, donde estudió Ciencias Políticas, Psicología y Sociología. Sus artículos y poemas han sido publicados en Poetica, Missing Slate, King’s Review, The New Internationalist, Open Democracy, Pacific Standard, Resonancias y en Escritores del Mundo, entre otros. Hace pocos meses ha dado a conocer Partituras al viento (Editorial Zikoren). EdM ha elegido algunos poemas que forman parte de la serie “Si nuestras mantas fueran alas”, que Macmillen Voskoboynik define como “un mapa poético de la crisis mundial de los refugiados” que “recorre fronteras, rutas migratorias y campos de detención, desde Siria a El Salvador”.
    Dice Macmillen Voskoboynik: “Vivimos en un mundo de particiones y partidas. Cada día, decenas de miles de personas cruzan fronteras de agua y tierra, aferrados a la ilusión de una vida mejor. Algunos viajan con pasaje y pasaporte. Otros van sin papeles, dispuestos a eludir las púas y las arbitrariedades del origen. Muchos no llegan nunca a su destino. La estadística, sin cara y sin nombre, cuenta que desde el 2000, más de seis mil restos humanos han sido encontrados en la frontera entre México y Estados Unidos. En el 2016, más de cinco mil personas murieron ahogadas en el mar Mediterráneo. Perdieron la vida huyendo por ella. Los textos de “Si nuestras mantas fueran alas” aluden a esos viajes, que van desde el mar de Arafura hasta la costa yemení, desde los montes de El Salvador a la pequeña ciudad nigeriana de Maiduguri que ha acogido a más de cien mil refugiados”.
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NOTICIAS DE AYER

Divino catch, por Alcides Rodríguez.


Un sábado de 2015 el sacerdote católico irlandés Pierre “Jalapeño” Pepper se calzó los guantes de boxeo y se subió a un ring montado en el patio trasero de un pub. Frente a un público entusiasta ganó la pelea en el tercer round. Al otro día dio su misa dominical con la satisfacción de saber que habían aumentado los fondos de su parroquia para obras de caridad. El padre Sergei Akimov, de la Iglesia Ortodoxa Rusa, es otro religioso que se sube al cuadrilátero con el objeto de reunir dinero para construir una iglesia en su ciudad. Es probable que ambos se hayan inspirado en el ejemplo de un luchador de catch conocido por el nombre de Fray Tormenta.
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MAPAS COMPARTIDOS

Argerich en el espejo o hay otra mujer en ese lado, por Mónica Yemayel



n una escena del documental que dirige la hija de Marta Argerich sobre su madre, la pianista aparece sentada sobre una tela de colores en el césped de una plaza, con el pelo salvaje y suelto, como si fuera aún la mujer joven que a los 75 años ya no es (1:25:39). La hija le ha preguntado sobre la vejez, acercándole la cámara al rostro casi hasta tocarlo. Ahí están las arrugas, las manchas en la piel, la suave despedida de la belleza. La madre tiene una mira ascética. Ni resignada, ni melancólica, ni triste. Suelta la repuesta. Serena, natural, envenenada. Le dice que un día vio de lejos su reflejo en un espejo y que de pronto, inesperadamente, se dio cuenta de que esa imagen no era la que ella tenía de sí misma. Que ella se pensaba como era algún tiempo atrás. Cuando escuché esa frase pensé en aquellas mariposas de la infancia prendidas con alfileres sobre un telgopor; en sus alas deshaciéndose como polvo de terciopelo a medida que pasan los días. Después supe que había empezado a pasarme lo mismo. Que en mi mente mi reflejo se quedó detenido en un momento distinto al presente. No sé cuántas cosas me desesperan del paso del tiempo. Pero todo se resume en esa frase, en ese desconcierto, en esa especie de recuerdo de mí misma.

Mónica Yemayel
Buenos Aires, EdM, nmarzo 2017
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