Abril/13

Escriben este mes:  Florencia //Jarkowski /
/ Karrer // Kohan Ezquenazi // Korn // Lukin /
/ Luzuriaga // Martin // Maggiori // Ojeda /Petroni /
A. Rodríguez // Setton // Vitagliano 
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PIES DE IMAGEN

Cinta Scott, por Miguel Vitagliano


No es una cinta, pero no deja de ser una proyección adhesiva: es Francis Scott Fitzgerald disfrazado de mujer en los tiempos en que hacía teatro en la universidad. Era su tercer año en Princeton donde había ingresado en 1913 y sus estudios iban de mal en peor. Consiguió de todos modos que lo aceptaran condicionalmente como estudiante en el Departamento de Inglés, lo que más deseaba, y empezó a preparar su comedia The Evil Eye (Mal de Ojo) , en la que se reservó el papel más provocativo, el de la primera bailarina. Como en el grupo de teatro planeaban hacer una gira por distintas ciudades, enviaron una gacetilla a la prensa junto con la fotografía en la que Scott Fitzgerald posaba con peluca rubia, un hombro bastante descubierto y una sonrisa de ambiguas promesas.
     Cuando todo estaba listo para el estreno, los profesores reconsideraron su posición y prohibieron que siguiera adelante con las actividades teatrales por su malogrado rendimiento académico. Era septiembre de 1916, el primer gran fracaso en escena de Scott Fitzgerald que abandonaría Princeton un año después y que al cabo de una década se convertiría en el novelista más representativo de la nueva modernidad que agitaba a su país.
     
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APUNTES

Sobre Espía vuestro cuello de Javier A. Trímboli, por Guillermo Korn


“Sólo algunos de ustedes, que de por sí son pocos, se preguntarán porque no llamo a las cosas por su nombre, a qué viene tanto gambeteo si la libertad de opinión es irrestricta”.
Javier A. Trímboli, Espía vuestro cuello

Creo que unos pocos sabían de su existencia. El autor, remiso a contar y cuidadoso de lo que podría resultar esa aventura, apenas la había anticipado. Al paso. Algo decía a veces de "la novela". Porque las librerías porteñas remozan de títulos que hablan de una nueva narrativa argentina. Cien páginas promedio. Javier Trímboli se despacha con casi seiscientas. Un bofetón para los que se regodean en el diminutivo. Apuesta fuerte. Poco y nada de “novelita”. Evocación de la desmesura, en todo caso.
     Espía vuestro cuello se llama el libro en cuestión. El curioso título remite a una frase que se esconde en otra más extensa: "No son las protestas de los traidores encubiertos; no son las seguridades de los consejeros incautos; las que han de desviar la mano aleve que espía vuestro cuello en la soledad y en la sombra. Es vuestro propio valor. Es vuestra propia energía." El grandote y bravucón Hernández zamarreaba así al vencedor de Caseros, para increparlo tras el asesinato del Chacho Peñaloza. Lo alertaba de las falsas expectativas que debía tener –cuando confiaba– en esos aliados. Sus enemigos. En este libro, la frase se acompaña de un subtítulo: "Memorias y documentos de trabajo”. Sus partes, como las cuerdas de la guitarra, son seis. En tres converge un punto de partida común: el Colegio Nacional de Buenos Aires. Miguel Cané logró convertir al Nacional Central en el colegio: un emblema de la Generación del ochenta y todas las que colearon por atrás. Para la voz narrativa de Espía…, hecha de fragmentaria reconstrucción, en el Establecimiento. Un modo de tomar distancia –“por tristeza y por pudor”– de aquella aplastante carga simbólica que le impregnó el autor de la ley 4144. Y una pista para indagar la marca del orillo. También sus secuelas.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Papelitos nucleares, por Pablo Luzuriaga


Robert Dalton Harris y Diane DeBlois viven juntos en una inmensa casa-museo ubicada en West Sand Lake, un pueblo pequeño a las afueras de Albany, New York. Se trata de una entrañable pareja de libreros que pasa sus días configurando colecciones de archivos para venderle a museos y a particulares. Reúnen libros, documentos, ephemeral –impresos confeccionados para ser desechados, como panfletos, anotaciones y estampas–; importantes instituciones de Norteamérica y del mundo les consultan sobre documentos más y menos antiguos.
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ADELANTOS

Cartas de Guerra, de Jacques Vaché


En 1916, mientras Apollinaire se paseaba por las calles de París mostrando sus heridas de guerra; Bretón leía las investigaciones de Sigmund Freud en pasillos de hospitales psiquiátricos y Arthur Cravan se entrenaba para luchar contra Jack Johnson en Barcelona, Jacques Vaché escribía desde las trincheras francesas sus geniales Cartas de Guerra que próximamente publicará Editores Argentinos. Cartas de Guerra, traducido por Martín Abadía, reúne diversos escritos del joven escritor francés, dibujos, fotografías y manuscritos del autor. Además, Cartas de Guerra incluye un ensayo inédito de Néstor Sánchez seguido de cuatro prólogos de André Bretón.

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NOTICIAS DE AYER

La neuronciencia en moto, por Germán Maggiori


Hace dos años encontré de casualidad este artículo en The New Yorker. Es un extenso perfil sobre alguien llamado David Eagleman, un profesor de neurociencias del Baylor College of Medicine de Houston, Texas. En su laboratorio estudia la forma en que el cerebro percibe el paso del tiempo. Su fascinación por este campo le viene de la infancia, de cuando tenía ocho años y casi se mata viniéndose abajo de un techo en una casa en Albuquerque (cualquier episodio de Breaking Bad sirve para ubicar el escenario). El recuerdo, extremadamente vívido del accidente, despertó su curiosidad sobre la forma en que las situaciones de riesgo de vida condicionan la actividad del cerebro, provocando un aumento de la cantidad de detalles registrados y una dilatación en la percepción del tiempo.
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MAPAS COMPARTIDOS

Crónica de un grotexto (1) que da vueltas sobre la literatura argentina, por Ana Ojeda


e desperezó y no pudo evitar el reloj: las diez y media, el sol entraba lleno de polvo por la ventana. Venía de un sueño plúmbeo, petite morte que siempre resultaba en un renacer rejuvenecido: recargué pilas. Se repantigó debajo del plumón (única posesión de valor en el monoambiente de alquiler) y se convirtió en una pequeña pirámide con funda. Mientras colgaba sus ojos de la deriva del polvito ingrávido que caía sin fin a la luz del sol, barajaba posibilidades para la jornada a cuya puerta se encontraba. La quería lánguida, saquito de lana y polaina a media pantorrilla, rodajas de pan con miel y mate mate mate, para que por contraste la desempetrolara del desquicio que era su cotidiano de secretaria en la Fábrica de Fantasmas del Sr. Quiroga. Se acordó de su madre, hacía cerca de un mes que no la veía, y no porque no estuviera allí, junto a ella, en la otra mitad de la cama.
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POEMAS

Anónimo, de Martina Florencia


Despierto, abro lo ojos y pienso:
No escribo

Si el barco era la lengua
Los dientes la niebla y los labios
Eso tupido o llano, igual desierto
De hombres: un contorno móvil, parlante
Y el resto el resto con sus entierros y cantos
Cierto: los tripulantes serían ideas húmedas
Incomparables, regiones de sensibilidad
Y el pasado en caída y subida
Traga y devuelve y a veces queda
Morado o abierto o mudo del miedo
Bien: sería, eso sería y sin embargo
¿Por qué esa quietud: si es barco
Es lo que no navega pero flota: la lengua?

Mal sueño: despertar metafórico.
Y pensar que no escribo.

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APUNTES

Saer: el Arte de conversar, por Aníbal Jarkowski


1.

La crítica ha observado, temprana y acertadamente, que en sus relatos Saer invierte el uso de los procedimientos primordiales de la narración convencional; es decir, por ejemplo, y es lo más evidente, que los desarrollos narrativos ceden su hegemonía al de aquellos dedicados a las descripciones. Así, a veces, puede ocurrir que la historia es breve, como sucede en Glosa, cuyas más de 250 páginas narran el encuentro de dos conocidos y su caminata a lo largo de 21 cuadras, hecho que no ocupa en sus vidas poco más que 50 minutos del 23 de octubre de 1961.
     Se ha observado menos, entiendo, el uso que Saer hace de otro de los elementos naturales, previsibles en una narración; esto es, el diálogo entre los personajes. En verdad, sí ha sido observado por la crítica, aunque acaso no tanto en la perspectiva que deseo señalar aquí.
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Las transformaciones libidinosas del racismo en Carl Gustav Jung, por Wolfgang Karrer


El libro Las transformaciones y los símbolos de la libido de Carl Gustav Jung apareció en cuatro ediciones, la primera en 1912, la segunda en 1924, la tercera del 1937 (con cambios menores), y la cuarta del 1950, que tiene grandes cambios con respecto a la de 1912. La primera versión fue reimpresa en el 91 por su importancia histórica. Significaba en su tiempo la ruptura con Freud y a la vez establecía los fundamentos de la escuela analítica del psicoanálisis; es decir, contiene elementos para una teoría del inconsciente colectivo, de la individuación y de los arquetipos (aquí todavía llamados “símbolos”).
En las ediciones de obras junguianas previas al 45 son frecuentes las revisiones. En muchos casos sirven para disfrazar las raíces ideológicas y las simpatías derechistas, y hasta fascistas, de Jung. Hoy se han recuperado estos textos. Por ejemplo, la declaración de su simpatía hacia Hitler en el artículo sobre Wotan y sobre el alma colectiva alemana, así como su intención de formar una asociación psicoanalítica aria y antisemita (Gess 2005).
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NOTICIAS DE AYER

Meteorito, por Bruno Petroni


La filmación, cámara en mano de fan, muestra lo siguiente: Los Tekis tocan el carnavalito (recital en Salta), la gente canta y aplaude (baila, supongo, aunque solo se ven sus cabezas). Termina el carnavalito, empieza otra canción, el sonido falla, el fan abre el plano, y entonces aparece una pequeña luz amarilla en el cielo. Una luz que avanza en dirección a la tierra (tipo película, aunque con menos movimiento parabólico), que se expande en el cielo negro, cambia de amarillo a verde, y desaparece.
     Termina el video. El conductor de Telefé Noticias (Barilli) le pregunta al meteorólogo qué fue eso, qué impacto puede tener en tierra, le pregunta (algo exagerado, Barilli, una virgen antes de su primera vez) -¿Qué podemos hacer con esto? ¿Qué está haciendo la NASA?-. El meteorólogo, un gordito canchero, sonríe y (después de decir frases como “Estamos entrando en la fase acuariana, por lo tanto, la masa ígnea se funde más lentamente en la ebullición y los cuerpos celestes se convierten en ceniza más cerca de la tierra”) dice –Estamos siendo cascoteados todo el tiempo, hay algo del azar que es inmanejable-, y sigue sonriendo.
 
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POEMAS

Niña de Freire y Juramento, por Yaki Setton














La espío hace varios días desde mi ventana aunque
repita siempre la misma rutina de lunes a viernes.
Es por la mañana, apenas las seis media, y ya
juega y barre la vereda con su pequeña escoba.
Luego, ordena sus sábanas, frazada, juguetes,
lápices de colores; los guarda despacio y con
delicadeza en su bolsa de plástico transparente.

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MAPAS COMPARTIDOS

Verso a verso VIII: Vallejo, Saint-John Perse, Lezama, por Liliana Lukin


Habría leído Vallejo a Saint-John Perse? Un mapa de las lecturas de cada escritor, con los posibles cruces en tiempo y espacio, un mapa de citas e influencias, el sueño de todo lector, develaría una imposibilidad, pero qué maravillosas sugestiones abre saber años de escritura, de publicación, amistades, el destino de los libros, la historia de sus traducciones…Porque Saint-John vivió de niño en el Caribe, y eso narra el largo poema “Para celebrar una infancia”, en su primer libro, Elogios, de 1911, del que tomo esta línea:
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APUNTES

Las cabezas de Franz Xaver Messerschmidt, por Alcides Rodríguez


Entre los años sesenta y setenta del Siglo XVIII el escultor austríaco Franz Xaver Messerschmidt tenía buenos motivos para sentirse satisfecho. Autor de una escultura de bronce del emperador Francisco I y de dos de la emperatriz María Teresa de Austria, recibía frecuentes encargos de la propia emperatriz y de otras personalidades importantes de la corte vienesa. Protegido del pintor Martin van Meytens, un favorito de María Teresa y rector de la Academia de Bellas Artes de Viena, fue nombrado en 1769 profesor auxiliar de escultura de la prestigiosa institución. La dicha duró un tiempo. La muerte de van Meytens en 1770 y ciertos síntomas preocupantes en torno a su salud mental auguraban tiempos difíciles para la carrera artística de Messerschmidt. En 1774 el cargo de profesor titular de escultura de la Academia estaba vacante. Era la gran oportunidad de su vida: si lograba el nombramiento inauguraba el camino hacia la consagración de su arte. Claro que lo usual es que la realidad tome el buril y el martillo para esculpir escenarios de vida inesperados. Sus ilusiones recibieron un mazazo demoledor cuando el tribunal de selección rechazó su solicitud. Consideraron que el escultor no estaba en condiciones de ocupar el cargo porque padecía “problemas cerebrales”. “A veces – argumentaba el tribunal - parece perder la razón”. El conde Kaunitz, canciller de María Teresa, consideraba que “este hombre, bien debido a su pobreza o a su disposición natural, viene padeciendo algún desorden en su cabeza que, aunque ahora ha remitido, permitiéndole trabajar como antes, sin embargo se manifiesta de vez en cuando en una imaginación no del todo cuerda”. 
       
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RELATOS

La coronación del peón, por Leticia Martin


Una noche de julio traté de cruzarme a Bernardo Balderoa. Sucedió del siguiente modo. Fui a un lugar que se llamaba Pitágoras, por la avenida Medrano, y subí las escaleras sin pensarlo mucho. Hacía varios años que vivía en Buenos Aires pero tenía la ansiedad de una chica del conurbano que se siente en otro pozo. Me abrió la puerta una mujer emperifollada que me preguntó si era socia. Le dije que no, pero que quería, y alcé la vista para recorrer el vestíbulo. Las aberturas selladas en vitrales de colores me recordaron la primera vez que pisé Las Violetas. Los ojos no me alcanzaban para verlo todo. La mujer sacó un libro de actas y anotó mi nombre con una caligrafía casi perfecta. María Amelia Bergenmacher. Ese nombre le di, y la edad adulta de dieciocho años. Después, mientras le pagaba la mensualidad, la mujer me explicó una mecánica muy simple de cómo participar del club.
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APUNTES

Lo que nace de la muerte: sobre Gordon Matta Clark, por Sebastián Kohan Ezquenazi


Gordon Matta-Clark fue un activista que nació en el estado de Nueva York. Estudió arquitectura y, moviéndose siempre en los delgados y difusos márgenes que unen o dividen la arquitectura con el arte, le otorgó a dicha disciplina la dimensión radicalmente crítica y social que toda institución deja siempre fuera de sus márgenes. Instituir es, siempre, sinónimo de normativizar. Matta-Clark era un anfibio sin terreno definido, situado siempre afuera de lo que el sentido común de la disciplina contempla como correcto. Gordon Matta-Clark fue un interventor del espacio público que, desde la arquitectura y el arte, hizo el intento de apropiarse de la ciudad que le tocaba habitar, cuestionando la intocable validez de la propiedad privada en un mundo que consagraba la economía y el dinero como el patrón de todas las cosas.
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 Marzo/13

Escriben este mes:  Anich // Consiglio /
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PIES DE IMAGEN

Otra mañana sin Miguel Abuelo (21 de marzo de 1946-26 de marzo de 1988), por Germán Maggiori



 Miguel Peralta (Miguel Abuelo) decía que Los Abuelos de la Nada eran una estrella de seis puntas, estoy hablando de la formación más exitosa de la banda, la que lo hizo brillar como nunca antes ni después. Cachorro López conoció a Miguel en Ibiza por el año 1979. Europa estaba entonces llena de argentinos errantes que huían de la oscuridad en la que estaba sumida la Argentina. Miguel se había ido a buscar suerte allá porque estaba cansado que la lo encanaran y lo cagaran a palos acá. Se había ido bastante antes, por el 71. Durante algunos años la cosa funcionó, dentro de lo esperable, más o menos bien; pero la oscuridad volvió a posarse sobre el joven artista y por esas cosas de las malas noches cayó en cana, y como a todo indocumentado la vida se le complicó de muchas de las horribles maneras que se pueden complicar cuando sos un sudaca en el primer mundo. Ahí comenzó un peregrinaje por distintas penitenciarias que terminó en la cárcel Modelo de Barcelona, el lugar donde guardaban a los nenes más pesados de la península. En ese agujero estuvo detenido uno de los más grandes poetas que dio esta tierra, entre ladrones, asesinos y estafadores. Si la cárcel lo endureció, lo supo disimular muy bien. Miguel era de esa clase de genio que aprenden de absolutamente todo. “La vida es un libro útil para aquel que sabe comprender”, reza uno de sus versos más famosos. Miguel tuvo una vida a la altura de su obra, desenfrenada, dura, luminosa, llena de adrenalina y magia, los ingredientes de los que está hecha su principal fortaleza, aquello que lo empujó a sobrevivir a todas las adversidades y desafíos que le impuso el destino: su alegría. La alegría estaba en el núcleo de su ser, era su ángel privado. Algo de eso debió haber percibido Cachorro cuando lo encontró y se propuso repatriarlo. La historia es conocida, a partir de esas dos puntas originales, la estrella siguió creciendo, sumaron a Calamaro, a Melingo, al Vasco Bazterrica y a Polo Corbella; entre todos hicieron un puñado de canciones eternas y en el año 81 devolvieron a Argentina -trajeron de vuelta en realidad- la alegría que la historia había exiliado. Me gusta pensar a Miguel como un refugio de esa alegría perdida, que siguió latiendo en su pechito valiente, deambulando por Europa bajo distintas formas: rey pagano, gitano embrujador, artesano, trovador callejero, ciruja y hasta impostor, asumiendo distintos rostros, esperando, a veces con paciencia y otras con furia, la primavera. 
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ADELANTOS

Fragmento de la novela Hospital Posadas, por Jorge Consiglio


El siguiente es un fragmento de Hospital Posadas, la novela que está escribiendo Jorge Consiglio.



A veces se establecen relaciones entre ciertos hechos -como si hubiera una conexión transversal de sentido- que parecen fruto de un orden más o menos riguroso. Este orden no es lineal. Copia las formas al capricho. Por esa razón, justamente, pasa desapercibido. Hay muchas alternativas para cargar de significado estos vínculos. Se puede consultar el I Ching, por ejemplo. Yo me limito a lo inmediato: capturar el relato excepcional. Y me empalago con el desconcierto. Es una manera de contrarrestar una sensación, casi voluptuosa, de que nunca pasa nada, de que lo único que queda es planear la estrategia, que implica someterse al sentido común, de acuerdo a la meta que uno se propuso. Esta trama ilógica, basada en subjetividades, brinda indicios que permiten imaginar un mapa -un contra mapa, se podría decir- distinto del que se organiza en base a lo cotidiano. Uno se convierte en un detective alucinado, al estilo de Mickey Rourke en Corazón Satánico. Sintoniza historias ajenas que contienen la clave de la propia. De pronto, la vida individual hace sistema con algo mayor. La potencia arrolladora de lo simbólico ejerce su dominio. 

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Inundaciones, por EdM


Son más de cincuenta las personas que han muerto en las tormentas y las inundaciones de La Plata y Buenos Aires en los primeros días de abril de 2013. 
 
Miles de familias tienen aún sus casas sumergidas. Han perdido sus pertenencias y el mundo en el que habitaban sus historias, incontables para todos los demás pero imprescindibles para cada de uno de ellos. 
 

¿Cómo es posible pensar que no haya un ellos y un nosotros?
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