Febrero-Marzo/14

Escriben este mes: / Andradi // Brindisi /
Espeche // Luzuriaga // Rivero // A. Rodríguez /
Trímboli // Vitagliano // Zito  
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PIES DE IMAGEN

Sandes, por Javier Trímboli


No hay muchos daguerrotipos como éste. Me refiero a la pose elegida, al torso desnudo. En cuero diríamos hoy, incluso descamisado. Hacia 1862 la técnica ya no requería de largos minutos frente al aparato, pero seguía siendo un punto alto de la modernización y su artificiosidad. Se sabe que lo nuestro nunca fue victoriano, no tanto porque no se lo pretendiera sino porque la agitada vida política y social del siglo XIX impidió el reinado de modales adecentados a gusto de la burguesía consagrada. Pero Ambrosio Sandes da un paso más allá. Él y todos quienes intervinieron en la realización de este daguerrotipo que se transformó en carte du visite, es decir, que se puso en circulación —moderada es cierto— y no se guardó en secreto como pornografía. Mira Sandes entre desconfiado y desdeñoso.
     En un folleto del mismo año, Sarmiento se refiere a este “retrato”. Quien sólo en algunas páginas fue cultor de buenos modales, eligió con cuidado cómo quedar guardado en las placas fotográficas. Conciencia de la posteridad y del significado de los atuendos. Ante el de Sandes, se rinde. “Su retrato, desnudo el busto, reproducido por la fotografía es el más extraño museo de la variedad de cicatrices que pueden dilacerar la piel humana. Tiénelas en cruz, paralelas, redondas, angulares y de todas las formas, como arabescos.” Quizás con el recuerdo de la sensualidad de las imágenes de santos, Sarmiento hace números: 49 heridas ornamentan el cuerpo de Sandes. Y agrega que es nuestro Cid Campeador. ¿Legajo? Con certeza sólo se sabe de él en los alrededores de esos años, los últimos de su vida. Oriental como tantos militares que fueron fundamentales en la avalancha mitrista, Sandes pelea en Pavón y sale herido; sin embargo, de inmediato participa del episodio de Cañada de Gómez que si a algo se parece es a una masacre y se une al ejército que desde Buenos Aires es lanzado hacia las provincias para que se adapten a la nueva situación. Ahí Sarmiento lo conoce. De ese momento breve es el daguerrotipo. Juntos llegan a Cuyo; uno gobernador de San Juan, el otro coronel.
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ADELANTOS

Un adelanto de la novela: el primer capítulo de 98 segundos sin sombra de Giovanna Rivero


En estos días la editorial Caballo de Troya ha comenzado a distribuir en librerías la última -y esperadísima- novela de Giovanna Rivero (Bolivia, 1972). 98 segundos sin sombra cuenta la historia de Genoveva, una adolescente boliviana de los años ochenta que sueña con volar hacia otro mundo, lejos, casi tan lejos como pueda animarse. Y Genoveva es capaz de animarse a todo.
   Giovanna Rivero ha publicado las novelas Las camaleones (2001) y Tukzon, historias colaterales (2008) y, entre otros, los volúmenes de cuentos Las Bestias (1997) y Niñas y detectives (2009).
   Ver un comentario de Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967) aquí.

(Capítulo 1)

La mejor parte de mi vida son las mañanitas, cuando camino sola las dos cuadras que separan mi casa de la parada del autobús escolar. Siempre pienso en cuánto odio a mi padre y en cómo nuestras vidas, la de mamá y la mía, y claro, la de Nacho, podrían convertirse en algo fantástico, una fábula, tan solo si él tuviera la decencia de morirse. Si alguien me pregunta por qué odio tanto a papá, no puedo explicar las razones. No es malo, no exactamente… Lo odio por intruso. Es un extraño. Y sí, es cierto que él estaba antes de que yo naciera, por una cuestión de secuencia, pero tengo la súper certeza de que es un intruso. Inés entiende cuando digo estas cosas. Ella misma se siente una intrusa y dice que un día va a regresar al lugar donde realmente pertenece aunque descubrirlo, saber cuál es ese sitio, le tome la vida entera. Sin embargo, Inés dice también que todo pasará al ser jóvenes en serio, no «capullos», como nos llaman las monjas; por lo menos hace tres años que científicamente hablando ya no somos púberes, dice, y esa palabra me estruja el estómago. Púberes. Una esdrújula patética que comienza con «pu». Inés sospecha de todo lo que comienza con «pu»: pus, puerta, puerca, puñado, puta. Igual, me encanta cuando entrecierra los ojos y se pone a hablar como una poseída: Esta edad, dice Inés, es difícil, es dura, es patética, es un infierno. Todo cambiará cuando salgamos bachilleres y entonces tengamos que largarnos juntas a estudiar en alguna universidad del interior. Para eso falta un año y cuatro meses. Estoy de acuerdo, las cosas cambiarán, no sé cómo, no sé si algo verdaderamente importante le pasará a la mente, al espíritu, cuando se termina la esclavitud escolar.

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NOTICIAS DE AYER

El fordismo de la muerte, por Alcides Rodríguez


Cuando el escritor Vasili Grossman visitó, en plena Segunda Guerra Mundial, el puesto de mando de un ejército soviético, observó algo que captó poderosamente su atención. “A una persona que anteriormente hubiese trabajado en la industria, podría parecerle que se encontraba de nuevo en el despacho del director de una gran fábrica”, escribía en una crónica publicada en Estrella Roja, el diario del Ejército Rojo. Las formas de organizar la maquinaria para la guerra eran comparables a las que se utilizaban en la gran industria. “Cuando una persona ajena llega a una fábrica metalúrgica, el potente ruido del trabajo provechoso le parece caótico, como el bramido del mar. En el estrépito actual de nuestra artillería, una persona no instruida podía ver también el desencadenamiento de los elementos de la naturaleza, un caos. Pero era el ruido del trabajo de la guerra, un trabajo tan inteligente, complejo y grandioso como el de millares de ingenieros, delineantes, horneros, fundidores, laminadores y contramaestres de una fábrica metalúrgica”. Ningún jefe de fábrica, razonaba Grossman, puede dirigir bien una planta si no cuenta con equipos de trabajo coordinados y eficientes. El óptimo funcionamiento de todos los servicios de un ejército y la perfecta colaboración de sus diferentes armas eran claves para tener éxito en el “trabajo” de la guerra. De allí que a las unidades del Ejército Rojo se las llamara “economías”. Organismos enormes y complejos, dirigir cada una de estas “economías” exigía a sus mandos un gran esfuerzo y capacidad de trabajo. Todo demandaba una cuidadosa atención: las existencias de municiones y combustible, el estado de las rutas, el clima, la alimentación diaria de miles de hombres y mujeres, el enlace fluido entre las distintas partes de la “economía”, el transporte de las armas pesadas, los servicios sanitarios y los hospitales de campaña, los pontones y barcazas para cruzar los ríos, la sincronización de las operaciones con la fuerza aérea, la moral de la tropa… centenares de cuestiones a resolver para que miles de soldados fueran a la guerra de la mejor manera posible, para que lucharan con la máxima eficacia. Un esfuerzo enorme que se realizaba bajo la presión constante de un enemigo experimentado que trataba de quebrar el aceitado funcionamiento de esta gran maquinaria para tratar de imponer el ritmo de la suya. Un ocasional descuido, un cálculo inexacto se pagaba, inexorablemente, con la sangre de los combatientes.
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APUNTES

No hay más lugar para cínicos: tortura y rock, por Miguel Vitagliano



Los helicópteros vuelan hacia una aldea del Vietcong para bombardearla. De los altoparlantes adosados a sus carlingas se expande una música, “La Cabalgata de las Walkirias” de Wagner, el canto de las guerreras que protegen la morada de los dioses. Difícil olvidar esa escena de Apocalipsis Now (1979) y al artífice del ataque, el teniente coronel Kilgore con su sombrero de la caballería americana, convencido de que está librando una guerra de película contra “los pieles rojas”. Para él, todos esos otros son iguales. Francis Ford Coppola decidió que la música de Wagner se oyera potente también en las butacas de los cines, tanto como la de Hendrix y la voz de Jim Morrison cantando al comienzo, entre explosiones, This is the end / My only friend, the end/ Of our elaborate plans… La película era una crítica al cinismo del colonialismo en sus distintas facetas, y una ironía sobre su avance imperial en la sensibilidad colectiva.
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MAPAS COMPARTIDOS

Dejarse llevar, por Esther Andradi


Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado
Wislawa Szymborska

as mañanas son vertiginosas. Saltar de la cama, cepillarse los dientes, levantar a los niños, asearlos, vestirlos, sacar el traje del armario, preparar el desayuno, hervir el agua, tostar el pan, untar la mantequilla, llenar la lavadora, funcionar y resolver sobre la marcha, correr y correr, con serenidad y soltura, sin perder un minuto ni un segundo, el vaivén de una puerta que no se termina de abrir ni se acaba de cerrar. Y descubrir azorada, perpleja, hipnotizada, que está en el agujero negro, que la nebulosa la envuelve, que se diluye todo lo que la rodea, que una fuerza irresistible la chupa, la arrastra, la lleva, la sumerge, su cuerpo tiene la consistencia de una hormiga en el water, es una mosca en la leche, la irresistible sensación de ser impelida sin mover ni un labio ni un músculo, se deja caer al vacío como una bailarina, está en el borde del agujero negro en el horizonte 24 de la Vía Láctea, en un amanecer permanente, o es un crepúsculo, pero no piensa ni siente, dejarse llevar, vuelta y vuelta, lo que devora también expulsa, el horizonte 24 es una ficción que se derrama como el jugo sobre el plato, ay hijo qué has hecho, el líquido sigue su recorrido por la mesa, se vierte sobre el piso, el niño lo impulsa con su cuchara, la niña sigue el fluido con su galleta, tomar una esponja, eliminar los últimos vestigios de lo que sea sobre la baldosa, secar la cerámica, liberar sus manos del trapo volador, correr a su trajecito recién planchado sobre la cama, se lo va a poner, se va a vestir, se va a convertir en la señora dueña de sí que dirige ese carrusel, que es restaurante, lavandería, spa, terapia de grupo y hasta psiquiatría si no hay modo, hotel cinco estrellas de día, burdel de madrugada, centro de rehabilitación.
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PIES DE IMAGEN

Un balde, un cuerpo, un mundo, por Natalia Zito


Uso mi cuerpo como si fuera mío. Lo es. Mientras funciona, estoy convencida de que tengo total soberanía sobre él, que puedo llevarlo adónde quiera. Cuando empieza a andar mal, revela lo que era grato ignorar: el usufructo no es garantía de nada. Las garantías no existen.
    Esta foto fue publicada en Clarín.com HD, en la sección “El día en fotos”, el 30 de diciembre de 2013, junto con un breve pie que decía que es un niño jugando mientras espera a su mamá, en Chennai, la capital de Tamil Nadu, al sur de la India. En mi mundo, el rosa es para las nenas. En la India los colores tienen, entre otras, connotaciones religiosas. El rosa no necesariamente significa femenino, puede significar suerte. Cuando pienso en otro mundo tal vez imagino la India. Otro mundo es que nada sea como naturalmente pienso que es. El mundo es donde suceden las cosas, es el cuerpo y el idioma. Si voy a otro mundo y entiendo rápido, es probable que esté llevando para mi terreno, haciendo equivalencia de signos, traducción, cualquier cosa que me evite el vacío de no entender. Conocer un mundo o dos, incluso tres, no es garantía de nada. La India es un lugar donde las vacas comen de la basura y luego duermen en la calle. Es el lugar donde las vacas son sagradas. Yo pienso que duermen como perros vagabundos. En mi mundo, sagrado es distante privilegio. En la India es común ver hombres que caminan de la mano por amistad, mucha gente vive en pequeños ambientes que son trabajo, casa y baño, todo junto; y nadie se sorprende si alguien come arroz con la mano.  
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RELATOS

El hermano mayor, por Ximena Espeche


Ximena Espeche nació en Montevideo en 1974 y vive en Buenos Aires desde 1982. Publicó el libro de poemas Cosa y sombra (Montevideo, Estuario, 2003). Fue parte del colectivo No Quiero Ser Tu Beto, una hoja de pura literatura y crítica que, a lo largo de los 90, se repartía gratuitamente en los lugares más disímiles, incluso en las universidades. En 2005 el grupo hizo una edición de esos escritos que publicó la editorial Santiago Arcos. También formó parte de Zapatos Rojos, que entre fines de los 90 y los primeros años de la década siguiente organizaba lecturas públicas de narradores y poetas de distintas generaciones y tendencias estéticas. Es difícil encontrar a algún escritor, de ambas márgenes del Río de la Plata, que no haya participado en Zapatos Rojos o que no fuese leído en No Quiero Ser Tu Beto.
   Estudio dramaturgia y es egresada de la carrera de letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente se desempeña como docente en la UBA y es investigadora del CONICET.


a Federico Scigliano

Un hermano mayor que se muere a los dos años, y que es un medio hermano ¿cómo sigue siendo un hermano mayor? ¿es un medio-hermano mayor? No importa: para mi viejo es mi hermano mayor y así se murió, antes de que yo naciera.

Mi viejo no se acuerda de los cumpleaños. Ni el de él. No sabe porqué. Nosotros tampoco hasta que se nos ocurre después de ver las fotos. Mi viejo no se acuerda de los cumpleaños porque, aunque después los festeja, aunque después viene y feliz te da un regalo (hasta lo piensa y lo va a comprar), no quiere acordarse de que cada cumpleaños no estamos todos. Y el que siempre falta es su primer hijo, Juan Eduardo, “Juane”; el primero que tuvo con su ex-mujer. Hablo de mi hermano mayor como si eso hubiera sido posible.
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APUNTES

Paul Cézanne, un marxista, por Pablo Luzuriaga


Alex Danchev, el reconocido biógrafo que en 2012 publicó Cézanne: a life, el año pasado editó y tradujo al inglés las cartas del pintor nacido en Aix-en-Provence. 252 cartas de Paul Cézanne (21 de ellas nunca editadas ni traducidas) que nos acercan como instantáneas a su vida entre 1858 y 1906. Escritas desde sus 19 y 20 años, las primeras cartas están destinadas a su más íntimo amigo del colegio, quien poco antes partió hacia Paris. “Cher ami, que Paris retient bien loin de moi”, con ese verso comienza una de las cartas dirigidas a un joven E. Zolá, quien recién diez años más tarde concebiría el proyecto de los Rougon-Macquart. En la biografía que A. Danchev escribe sobre el pintor sugiere que el impacto que su mirada provocó en nuestro mundo es comparable al de Marx o Freud. Julian Barnes, en una reseña sobre esta biografía en el TLS, responde a esta afirmación diciendo que parece más el comentario de un amante entusiasta que un argumento sostenible. Si bien la comparación parece un tanto forzada, vista con más detalle quizás, en lo que refiere al filósofo alemán, se sostenga más de lo que aparenta.
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APUNTES

Masamadre, de Mariana Ares y Ana Barry, por José María Brindisi


La masa madre es, como se la define puntualmente en algún manual de cocina, una mezcla compuesta en esencia de harina y agua, por lo general en proporciones similares, en la que se alienta la reproducción de los hongos o levaduras que de forma natural se encuentran dispersos en el ambiente. Se trata de un método de fermentación antiguo, el modo en que se hacían el pan y sus derivados antes de la aparición de la levadura prensada o en polvo tal como hoy la conocemos.
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 Diciembre/13 - Enero/14

Escriben este mes: / Chávez // Korn /
/ Lukin // Luzuriaga // Rivero // F. Rodríguez /
/ A. Rodríguez // Ruiz // Scavino // Scott /
/ Vitagliano // Zito  
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PIES DE IMAGEN

El hombre borrador y las palabras, por Miguel Vitagliano


Un hombre trata de borrar una pintada que pide por la liberación de Mandela en un muro de Cambridge. La fotografía fue publicada por el diario El País (P.Dunne, 7/XII/13) destacando que se ignora la fecha de la toma; pudo ser en cualquier día de los 27 años en que Nelson Mandela (1918-2013) estuvo en prisión por enfrentar al apartheid. O casi en cualquiera de esos días, si pensamos en la ropa liviana del hombre borrador que tiene un gorro de lana y unos anteojos que lo hacen parecerse a Wally, el personaje de los juegos gráficos al que hay que encontrar entre la multitud. Casi en cualquiera día, si tenemos en cuenta la necesidad de la pintada como reivindicación contra el olvido y al hombre borrador en solitario, como si las autoridades de Cambridge se negaran a dar importancia al hecho para sumar otros a la tarea o pretendieran disimularlo.
    Los “casi” no tienen lugar en los documentos de la historia, las ciencias sociales o el periodismo, quedan al margen del registro de lo verdadero, son parte constitutiva de las ficciones, esas que la escritura literaria llega a dotar de una intensidad que las hace imborrables. La fotografía toma al hombre borrador en medio de su tarea, cuando ya ha echado mano a la mitad de las siete palabras de la pintada, o casi esa mitad en la que se destaca justamente una palabra, FREEMAN. Apenas si podrá borrar lo pintado, no lo que está escrito, como diría Freud. En el momento en que el hombre borrador se empecina en decretar el olvido, la inscripción se hace imborrable y escapa a todo control. Sin duda que el hombre borrador no quería escribir lo que intentaba borrar. ¿Habrá pensado el fotógrafo en el poder de la ficción y las palabras al registrar esa imagen verdadera? Durante el juicio a Mandela en 1963, el tribunal ya había resuelto de antemano la sentencia a cadena perpetua para quien se había levantado contra el Estado. Mandela, aun así, dio un extenso discurso, confiando en que las palabras llegaran a inscribirse mucho más lejos que la realidad que tenía ante los ojos: “He albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y verlo hecho realidad. Pero, su señoría, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.”
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ESCRITORES EN SITUACIÓN

Horacio González. El escritor en la frontera, por Guillermo Korn


A fines de noviembre se conmemoró la obra de Horacio González, en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Allí el autor de Restos pampeanos (1999) dictó sus clases, durante dos décadas, hasta fines de este cuatrimestre.
    Fue una jornada maratónica a la que asistieron cientos de personas y una treintena de expositores habló de sus libros, a modo de homenaje. Lo que sigue es una de esas lecturas.

No voy a ahondar en el rezongo hacia una institución poco acogedora, algo hostil. Este acto lo confirma. Que seamos los ex alumnos de Horacio, sus ayudantes, colegas y amigos quienes nos juntemos para decir algunas palabras, siempre pocas, de reconocimiento a un pensamiento sutil y generoso, y no la facultad la que convoca a este acto, habla de cierta oquedad institucional. Pero habla también de la situación de relativa extranjería desde la cual González piensa.
     En las fronteras: en revistas masivas y menores, en mesas redondas, en opúsculos, en los márgenes de los libros y hasta en volantes callejeros. Decir en las fronteras nos lleva a este libro escrito en aquellos días en que Horacio era profesor de la Escuela de Sociología y Política cuando vivía en Brasil, y escribía en el suplemento “Folhetim” de la Folha de San Pablo. Eran los tiempos en que proponía a quienes cursaban su materia la práctica del método Bloom. El mismo consistía en una recorrida por las calles paulistanas, a la manera en que el personaje de Joyce recorría las de Dublín, para contar lo que allí acontecía.
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MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Minoría", por Dardo Scavino


ublicada por primera vez en Ámsterdam en 1770, la Historia filosófica y política de los establecimientos y el comercio de los europeos en las dos Indias, monumental obra del abate Guillaume Raynal, forma parte de los incipientes ensayos anti-colonialistas que se escribieron en la Europa de la Ilustración. Esto le valió la censura del gobierno de Luis XV, la reprobación del papado y la simpatía de no pocos revolucionarios de las colonias de ultramar. Ni Thomas Jefferson ni John Adams ni Benjamin Franklin ni Francisco de Miranda dejaron de visitar al jesuita durante sus estadías en Francia, y más de un autor considera que su influencia se percibe tanto en la Constitución de Filadelfia de 1787 como en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1789. Es más, si los montagnards lo exceptuaron de la vasta campaña de decapitaciones del año ’93, no se debió a su presunta senilidad –esgrimieron esta excusa para minimizar las críticas del abate en una carta dirigida a la asamblea– sino a la profunda admiración que le prodigaba Robespierre.
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NOTICIAS DE AYER

Alfonsín y el hippismo indigenista, por Pablo Luzuriaga


En Epuyén, el pueblo de la Patagonia andina, narran la historia de uno de los entendimientos políticos menos esperados de la posdictadura. Un plan hidráulico amenazante prometía inundar el valle y destrozar esa tierra de Hippies y Mapuches. Distinto de otros parajes del sur andino, este pueblo se caracterizaba por albergar a una extraña comunidad hippie del tipo de las "proletarizadas". Con más precisión, lo que hicieron estos jóvenes rebeldes fue aprender el oficio de los peones y los trabajadores del campo, los hubo carpinteros y albañiles, pero en especial del campo, el hombre que vive de la tierra. Ese era el ideal de quienes se asentaron en Epuyén, vivir en armonía con la naturaleza, con el planeta y su sabiduría. El sueño del pequeño productor de fruta fina: vender frutillas, moras, dulce de la rosa mosqueta. Otro tipo es el que comercia artesanías en las Plazas, también piensan en la armonía, pero tienen menos “onda”, “conectan” con el turista y la sociedad de mercado que viene adosada a la ropa y los billetes. El hippie campesino es más consecuente.
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APUNTES

Mil versos chilenos. Presentación, por Facundo Ruiz


El 15 de noviembre se presentó en el Instituto de Literatura Hispanoamericana, en Buenos Aires, el libro Mil versos chilenos de Marcela Labraña y Felipe Cussen (un friso chileno de poesía de bolsillo o un poema de 1000 versos chilenos). El siguiente texto fue leído en esa oportunidad y precedió el diálogo que los autores mantuvieron con Pablo Vergara y Facundo Ruiz.

Es menos un gesto moderno que una rara certeza de la modernidad, el que todo comenzó en otro momento. De ahí –estimo– que la inquietud por los principios sea más acuciante que la preocupación por el origen. Por eso muchas veces la imitación suele parecer un gran asunto y, muchas más, presentarse como un problema, pues introduce la variable temporal más evidente pero no más simple: un antes y un después. Y lo que no es nada simple, al menos en la modernidad, es hacer líneas de tiempo, líneas rectas, rectas continuas, continuidades homogéneas, homogeneidades verosímiles. Otro asunto: el verosímil, que –a diferencia de la imitación pero en relación con ella– no introduce el problema de un “antes y después” sino el del modelo y sus copias, reproducciones y representaciones. En este sentido, que Duchamp haya colocado unos bigotitos y una barbilla a la Mona Lisa (1919) es menos relevante que cuando se los quitó (1965) y tituló la obra “Mona Lisa rasé”, pues desde entonces sí que es difícil mirar la Mona Lisa y distinguir si se trata de la que pintó Leonardo o de la que afeitó Duchamp.
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RELATOS

Cinco vueltas, por Natalia Zito


Natalia Zito (Buenos Aires, 1977) obtuvo el Primer premio del Concurso Microrrelato 2011 organizado por la Editorial Outsider, y una Mención Especial en el Concurso Itaú Digital 2012 con el relato “Nombre de almacenera” (parte de Agua del mismo caño, su primer libro aún inédito)
   Ha publicado textos en las revistas Anfibia, Casquivana y Lamujerdemivida, entre otras.


Eduardo se sentó, sacó la soga y la apoyó sobre sus piernas. Tendría que haber comprado un metro más, pensó. Agarró la hoja metida en un folio que tenía al costado. La estudió durante dos o tres minutos y la volvió a apoyar sobre la cama. Hizo una ese con la soga y con un extremo comenzó a dar las vueltas tal como en las indicaciones. Se dio cuenta de que lo había hecho al revés. Lo desarmó y comenzó de nuevo. Mientras tanto, contó en voz alta las vueltas del nudo de la foto. Siete. Su nudo tenía cuatro. Recordó que en otro sitio de Internet había leído que la cantidad de vueltas tenía que ser impar. Otra vez lo desarmó y volvió a comenzar. Cinco vueltas. Cinco y siete debe ser lo mismo, pensó y se sintió satisfecho, pero no supo cómo hacer para que el nudo quedara ajustado. Tuvo que usar su sentido común. Pasó el extremo que le quedaba suelto por dentro de las vueltas. Se fastidió porque no era tan estético como en la foto. Dispuso la parte circular hacia la derecha y probó el mecanismo. Uno de los extremos estaba fijo, mientras que el otro se deslizaba. Perfecto, dijo en voz baja. Se levantó, alzó la soga hacia el ventilador de techo y se dio cuenta de que le había quedado demasiado larga. Tuvo que repetir el procedimiento tres veces más hasta que logró una longitud que le permitiera ponerse la soga al cuello y que al mismo tiempo fuera lo suficientemente distante del piso como para que sus pies quedaran colgando.
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APUNTES

Sobre El ansia, por Edgardo Scott




A fines de noviembre se dio a conocer el primer número de El Ansia, una revista literaria de 336 páginas en las que ninguna de ellas deja de reclamar la lectura. Edgardo Scott, uno de sus editores, cuenta aquí acerca del proyecto de la revista que dirige José María Brindisi.

¿Cuál es hoy el lugar de una revista literaria? Entiendo que ese lugar debe ser otro respecto de los suplementos o revistas culturales de los diarios; y que también debería ser otro respecto de los incontables blogs literarios, que en cierto modo replican con matices la estructura de aquellos suplementos.
     El ansia, dirigida por José María Brindisi, intenta encontrar un lugar propio entre alguno de esos lugares. Lo hace desde una propuesta tan simple como ambiciosa. Elige y reúne a sólo tres escritores argentinos y les dedica una extensa e intensa atención. Por ejemplo, en el primer número de la revista ̶ que acaba de salir ̶ esos escritores son Marcelo Cohen, Hernán Ronsino y Alberto Laiseca, y a ellos El ansia les dedica más de cien páginas a cada uno.
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MAPAS COMPARTIDOS

Crónica sobre el Hombre de la Pierna, por Giovanna Rivero


o había cerrado los ojos mientras viajábamos hacia el Bronx. Me gusta mirar a la gente, esos rostros únicos que es casi seguro uno no volverá a ver jamás, me gusta adivinar sus preocupaciones, el deseo que no se extingue pese a la repetición de los viajes, de los infinitos vagones y los paraguas huérfanos. Pero esta vez, en lugar de mirar, quería sentir la vibración del traqueteo, la electricidad subsidiaria del movimiento metálico envolviéndome como una madre. Eso quería, una electricidad madre en esa cavidad multípara que avanzaba con todas sus criaturas para lanzarlas a la vida. Comprendí mejor porqué los terroristas eligen los trenes, no se trata sólo de una acumulación de gente, sino de la entrañable coagulación de obsesiones pequeñas, deudas pequeñas, oficios concretos, amores específicos, sueños llenos de pudor e ingenuidad, egoísmos insignificantes, hastíos invisibles. Es eso lo que estalla con una bomba.
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APUNTES

Una lectura sobre “Casa tomada”: El interior burgués, por Fermín Rodríguez


Mitad mujer por lo volátil, lo impresionable, lo sensual y apasionada; mitad animal por lo irreflexiva, lo dócil o lo violenta, la esfinge argentina del siglo veinte son las multitudes --las masas urbanas-- vigiladas en el cambio de siglo por el dispositivo jurídico-científico de la criminología. En el reverso de los saberes médicos, la literatura trabajó con el carácter irrepresentable de las masas, y su inscripción problemática en los discursos estéticos y políticos. Pero que la masa sea irrepresentable no implica que la literatura, en paralelo con las tecnologías de reproducción masiva, se haya abstenido de darles una figura reconocible en el lenguaje. Pero allí donde el arte de masas, el cine, la radio, la música popular, produce aglomeraciones de cuerpos y multiplicación de voces, la literatura diseña geografías del miedo vacías, espacios liminales y amenazantes, al borde de la presencia, cubiertos de la huellas negativas de una multiplicidad latente, no actualizada.
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