Mayo/14

Escriben este mes: Ávalos Blacha /Brindisi /
Consiglio /De Luca // Luzuriaga // Martínez /
Rodríguez /Scavino // Vitagliano // Zito  
Seguir leyendo
PIES DE IMAGEN

Klein, Klein, por José María Brindisi


El caso es bien conocido: la historia de un hombre al que, durante la ocupación nazi en Francia, le arrebatan la identidad, y a partir de allí su vida se convierte en un infierno. La película es de 1976; la dirigió el gran Joseph Losey, y en los papeles principales estaban Alain Delon y Jeanne Moreau. El título original era falsamente simplón: Mr. Klein. Tratándose de un caso de doble identidad, o mejor dicho de identidades falsas, la austera certeza de ese título se tiñe de una ambigüedad sutil, algo así como la punta del ovillo. Pero el caso es que los distribuidores de entonces, sin duda demasiado preocupados porque las cosas estuvieran bien claritas -conscientes de que las imprecisiones son en el fondo siempre inmorales-, le agregaron al título original un pequeño condimento: pasó a llamarse El otro señor Klein, lo que equivale a contar por anticipado algo así como la mitad de la película.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Ser escritor y los problemas de definición, por Guillermo Martínez


omo con toda palabra asociada a cierto prestigio, el intento de definición se empeña (inútilmente) por recortar lo suficiente o identificar un rasgo que sugiera alguna clase de valor, más allá de la comprobación tautológica de una cantidad de páginas escritas. La palabra es a la vez profunda y trivial, y basta cambiar la entonación para que concurran distintas acepciones o gradaciones para desglosar. En la acepción más llana y democrática un escritor es, me parece, simplemente una persona que se ha dedicado con cierta consecuencia y al menos durante una parte de su vida a escribir. Cualquier otro requisito que se quiera imponer queda de inmediato bajo el fuego de contraejemplos. Por ejemplo: ¿Es necesario haber publicado algo? No: Kafka, o cualquier escritor todavía inédito que acumula manuscritos, o que se limita a escribir por amor al arte. Mi padre nunca publicó en su vida y dejó una obra escrita apabullante. ¿Es necesario haber escrito una cierta cantidad de libros? No: Rulfo y su obra mínima. ¿Es necesario haber escrito durante toda la vida, para recibirlo como título honorífico al final? No: Alain Fournier o Rimbaud. ¿Es necesario ser ungido por la academia? No: Borges ignorado por nuestras facultades hasta 1965 y atacado durante muchos años más. ¿Es necesario tener el reconocimiento de lectores? No: Di Benedetto y su obra tanto tiempo no leída. ¿Es necesario haber sido publicado por un editor? No: otra vez Borges y tantos otros, que se publicaron a sí mismos el primer libro. ¿Es necesario tener alguna formación en particular? No: hay ejemplos de todos los oficios terrestres y Piglia, famosamente, porque quería ser escritor, decidió eludir la carrera de Letras.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

Las matemáticas en la escuela, por Alcides Rodríguez


Al abrir un libro de texto italiano de matemática elemental de los años treinta el lector se encuentra con una peculiar manera de plantear los temas y las ejercitaciones propias de la asignatura. La propiedad conmutativa de la multiplicación, por dar un ejemplo, se explica a través de la operación 3 x 4, y se recurre a un grupo de jóvenes “balilla” para que el alumno la pueda visualizar.
     Opera Nazionale Balilla era la organización que nucleaba a la juventud fascista. Formados y marchando en perfecto orden, estos doce pequeños fascistas ayudaban al alumno a entender el concepto. La ideología fascista también hacía su contribución para plantear problemas: uno de ellos pedía al alumno que calcule cuantos italianos era necesario enviar a Abisinia para colonizarla, y otro hacía referencia a verdades que todo niño o niña de la Italia de Mussolini debía saber: “Cuatro comunistas, que tienen pocas ganas de trabajar, ganan 8 liras al día, y 4 fascistas ganan 15 liras por día. ¿Quiénes ganan más?”. En los textos de física los balillas solían dejar el lugar a fascistas adultos para ilustrar los contenidos. El capítulo introductorio a la mecánica clásica de uno de ellos se abría con un claro ejemplo de movimiento uniforme: la imagen de un desfile de falanges fascistas al compás del paso “romano”.
Seguir leyendo
APUNTES

Ramón Gómez de la Serna y Voltaire: relativismo y sustracción, por Pablo Luzuriaga


“La sentencia de muerte no tendrá el carácter aflictivo que hoy tiene. El sentenciado entrará en la invisibilidad con sólo aplicarle el medio microátomo.” (Una afirmación de don Alfredo, en “El dueño del átomo” de Ramón Gómez de la Serna).



Mucho antes que Alan Moore inventara al Dr. Manhattan (1987); el superhéroe impasible de la historieta Watchman usado como virtual amenaza atómica para salvar a la humanidad de su inminente autodestrucción; antes, incluso, que la guerra fría y, también, que el propio proyecto Manhattan que administró las bombas de Hiroshima y Nagasaki; previo a todo aquello, la destrucción nuclear fue una idea. Tras el ascenso de Hitler al poder, en 1933, Leó Szilárd imaginó, en su exilio londinense, la reacción nuclear en cadena. Pero no apareció en la mente del científico húngaro, que luego se trasladaría a Estados Unidos y participaría del proyecto en Los Alamos (Nuevo México), sino hasta que la leyó en una novela: La liberación mundial (1913) de H. G. Wells. En ella, el profético escritor inglés, anticipa las bombas atómicas y predice el uso político de su destrucción como amenaza. Es poco probable que Leó Szilárd haya leído, en cambio, otra profecía nuclear: “El dueño del átomo”, un relato escrito, en 1928, por el inclasificable Ramón Gómez de la Serna (ver sobre Ramón en EdM).
Seguir leyendo
RELATOS

"Siesta", por Luciana De Luca


Luciana De Luca (1978) participó en las antologías Cuentos Raros (Outsider), Brasil, ficciones de argentinos (Casa Nova) y El libro de los muertos vivientes (LEA). En 2013 publicó el volumen de cuentos Las fiestas no son para los niños (Milena Cacerola y El 8vo. Loco).

Abuelo, abuelo

Con la boca abierta y la mandíbula apaisada, dejando al aire sin vergüenza esos dientes de piano de estudio.

¡Abuelo, abuelo!

Dormido, ocupado en las cosas de dentro, acunado por la música de la digestión.

¿Abuelo?

Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

Un cuerpo, una decisión, por Miguel Vitagliano


El 30 de abril en los jardines del Museo de la Lengua, en Buenos Aires, se realizó una maratón de lectura con una finalidad muy concreta: reclamar que de una vez por todas se discuta la ley de la interrupción voluntaria del embarazo. Participaron alrededor de 80 escritores, periodistas, profesores universitarios, investigadores… Lo que sigue es el texto que Miguel Vitagliano escribió para esa ocasión.

Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Tecnocracia”, por Dardo Scavino


unque habría aparecido por primera vez en un ensayo de 1919, el vocablo technocracy sólo empezó a circular masivamente a partir de los años ’30: en un sentido positivo, primero, sobre todo entre quienes aspiraban a que la sociedad fuese gobernada por un conjunto de expertos capaces de tomar las decisiones más eficaces para el buen funcionamiento global del sistema, y en un sentido negativo, a continuación, entre quienes comenzaron a percatarse de que los regímenes capitalistas, fascistas y comunistas coincidían todos en un punto: el tratamiento de la sociedad como un sistema que era preciso estudiar, o vigilar, en permanencia para regularlo o tomar las medidas adecuadas con vistas a mejorar su rendimiento. Estos diversos regímenes reducían a los sujetos al estatuto de objeto de estudio y de control, de cálculo estadístico y de influencia propagandística. Como escribían Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la Ilustración, “poder y saber” se convirtieron en sinónimos porque saber cómo funciona un objeto –noción que involucra ahora a los sujetos humanos– significa prever sus comportamientos físicos, químicos o biológicos, pero también económicos, sociales y psíquicos, y estos conocimientos permiten desarrollar las técnicas susceptibles de orientarlos o manipularlos, del mismo modo que los ingenieros agrónomos aprendieron a mejorar el rendimiento de las cosechas gracias al estudio de la biología mientras que otros expertos lograron desarrollar máquinas más eficaces gracias al conocimiento de los materiales y la energía.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

El verano de una familia argentina de vacaciones en Brasil, por Jorge Consiglio


Lo invisible

El tema de la invisibilidad tiene que ver con una cuestión de síntesis. Es algo así como el grado cero de la ontología. Hay una verdad: ser visto (comportarse como ingrediente del mundo) aporta sustancia al ser. Entregarse a la mirada de los otros equivale a sumar puntos a la existencia o, mejor, darle espesor, agregarle volumen. En otras palabras, ayudarla en su formulación. De ahí, de ese lugar central que paradójicamente tiene que ver con el abismo, se está al borde de dar nombre, de conceptualizar. La invisibilidad suprime de un plumazo esa tarea colaborativa –ese contrato− que supone el acto de mirar. El orden de lo visible –toda esa fabulosa alteridad que fija sus ojos en lo real− se rige por un criterio transaccional; es decir, los ojos pagan por la “camaradería”, en términos de Berger, que ofrecen los cuerpos. A cambio de una mirada se entrega “entidad”.

Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

Una, cien, doscientas literaturas emergentes, por Leandro Ávalos Blacha


En el Salón del Libro de París de 2014, Leandro Ávalos Blacha (Quilmes, 1980) leyó el siguiente texto en el panel « Literaturas emergentes ». El autor de Berazachussets, Premio Indio Rico 2007, hizo hincapié en la ineficacia de describir lo emergente en un literatura que está en plena ebullución.

En un mapa de nuevas voces de la literatura argentina se puede encontrar una gran variedad de registros, distintos modos de edición y de circulación de los textos. Mientras siguen apareciendo editoriales independientes, muy visibles en Buenos Aires, y cuyos autores, en algún momento nóveles, ya son reconocidos; también aparecieron muchas editoriales en el interior, varias especialmente en Córdoba como Nudista o China editora, y apuestas a la edición digital, como Los-proyectos, cuyo catálogo es íntegramente en ebook. Sumado a los ciclos de lecturas en bares o a algunos premios literarios, de estas zonas suelen surgir las primeras herramientas de difusión para los escritores inéditos.
Seguir leyendo
APUNTES

Los surcos de los otros, o alredor de un libro de J.Rancière, por Natalia Zito


Mi hijo me pregunta qué es enseñar. Arranco la respuesta como una maestra sin interrogantes. Le digo que enseñar es explicar a otro lo que todavía no sabe. No se me ocurre una de las mejores definiciones del diccionario: enseñar es dejar aparecer. Luego recuerdo que aprendí hace tiempo que el que sabe es el que pregunta. Mi hijo debe tener alguna versión de lo que significa enseñar. Me arrepiento de haber malentendido mi lugar y no haberle preguntado antes por esa versión.
     Si hubiera podido hacerlo, le habría transmitido que tiene capacidad para crear hipótesis, que confío en eso y me interesa lo que él tiene para decir, que no sé todo, que las ideas siempre se pueden mejorar, no importa la edad, siempre quedan cosas por conocer. Se lo habría dicho sin saber que se lo decía, sin proponérmelo especialmente. Me habría comportado como el maestro ignorante de Rancière. La paradoja del maestro ignorante consiste en que el alumno aprende lo que el maestro mismo no sabe.
     Lo que embrutece al pueblo, dice Rancière, no es la falta de instrucción, sino la creencia de la inferioridad de su inteligencia. El maestro ignorante es un libro que deberían leer los que vayan a ocupar algún lugar de enseñanza, es decir, todo el mundo. Es resultado del trabajo del autor en 1987, sobre las ideas de Josep Jacotot, de los comienzos del siglo XIX. Jacotot era un francés revolucionario exiliado. Era profesor de literatura en la Universidad Louvain en Bélgica y enseñaba francés sin enseñarlo. Jacques Rancière nació en Argelia, en 1940. Es filósofo, actualmente Profesor de Filosofía en la Universidad de París.
Seguir leyendo
 Abril/14

Escriben este mes: / Baudoin  // Consiglio /
/ López // Lukin // Pasik // Rodríguez // Rosi /
/ Scavino // Vitagliano // Zito  
Seguir leyendo
PIES DE IMAGEN

Adelanto: Visión del Posadas, de Jorge Consiglio


“Visión del Posadas” es un fragmento de la novela que Jorge Consiglio (Buenos Aires, 1962) tiene en preparación. Cuatro momentos narrados en presente; y nada tiene más filo que el presente para abrirse paso. Un hombre que dice yo va en un auto y suelta: “La persona que maneja se queda callada unos segundos. Sé dos cosas de su vida: 1) Está casado con la mujer más fea del mundo. 2) Es cornudo.” Sí, Consiglio escribe con el filo de las palabras. En 2013 recibió el Segundo Premio Nacional de Novela por Pequeñas Intenciones (Edhasa, 2011)


Momento primero

Dejo de escucharlo. Giro la cabeza. Miro por la ventanilla. Es un edificio de tres cuerpos que parece un ministerio. Esa es la sensación: un ministerio. Voy en un coche gris que se adelgaza con la velocidad. Maneja alguien que habla sin sacar los ojos de la ruta. Nos conocemos poco. Por eso engancha un tema con otro. Casi no respira. Es su forma de esconderse. Una de las muchas que hay. Circulamos por el acceso Oeste en dirección a Merlo. A la derecha, el Hospital Posadas. Enorme. Plantado en la escena como una postal. Estamos en El Palomar. No en Ciudadela, como creía hasta hace poco, en El Palomar. En el 76, el ejército y la aeronáutica se disputaron este territorio. Santiago Meyer contó que hubo un grupo de tareas metido en el hospital. Los llamaban SWAT. Los tipos practicaban tiro en los jardines. Perdí la cuenta de los años que hace que conozco a Santiago Meyer. El Posadas me quiere decir algo. Estoy seguro. No es la primera vez que lo siento. Tomo una bocanada de aire. Me gustaría poder fumar. La persona que maneja se queda callada unos segundos. Sé dos cosas de su vida: 1) Está casado con la mujer más fea del mundo. 2) Es cornudo. Da el perfil de un tipo que tiene posición tomada sobre todo. Ahora me ofrece una DRF. Me extiende el paquete sin agregar nada. Enseguida entiendo que se trata de un convite. Tomo una pastilla. Le doy las gracias. Espero que él saque otra y se la meta en la boca. No es lo que sucede. Devuelve las DRF al lugar en el que estaban. La secuencia me dice más de él que todo lo que habló hasta el momento.
Segundo momento
Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

Escritorio: La sala de máquinas de Sylvia Plath, por Miguel Vitagliano



Una placa recordaba que en esa casa de Fitzroy Road, en Londres, había vivido el poeta W.B.Yeats (1865-1939) durante una temporada. En cuanto Sylvia Plath la leyó no tuvo dudas de que esa era la que debían elegir con su esposo, el poeta Ted Hughes. La casa ya no estaba en las mismas condiciones que en los días del Premio Nobel, estaba partida en dos, la planta baja era una vivienda y los dos pisos restantes conformaban el dúplex alquilado por el matrimonio con dos hijos, un varón recién nacido y una nena de dos años. Pero ella confiaba en la maquinaria invisible contenida en esa casa, casi tanto como Yeats en la religión. Era 1962 y el matrimonio se había entregado a vivir su final. También Silvia Plath sabía qué era estar partida en dos, lo que ignoraba era cómo dejar estarlo. Había estado internada en una clínica psiquiátrica y desde hacía varios años sobrellevaba con medicamentos lo que sabía. En esos días escribió en un poema: “Agonizar/ es un arte, como todo lo demás./ Y yo lo hago excepcionablemente bien.” En enero de 1963, cuando Hughes ya había dejado la casa para irse con la poeta Assia Wevill, se decidió a publicar una novela de relente autobiográfico bajo el seudónimo de Victoria Lucas y un mes después se quitó la vida.
   La campana de cristal (The Bell Jar) era mucho más que una novela en contra del ex marido, buscaba descorazonar el papel que la sociedad le exigía cumplir a las mujeres. Un hogar con tantos hijos como cortinas floreadas, el silencio y el recato obedecido, la sonrisa ajustada, el olvido propio, los pisos brillosos y la comida lista. El suicidio siguió esa dirección: abrió la llave de gas de la cocina y, como si fuese un manjar a preparar, reposó la cabeza dentro del horno. Serena, exceptionally well, por eso antes encerró a los hijos en el piso más alto y tapó con trapos los bordes de la puerta para dejarlos a salvo.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

El ruido que hago al escribir, por Natalia Zito


o me gusta escribir sobre la escritura. Una especie de cliché parecido a un psicoanalista haciendo una intervención de consultorio en medio de un asado con los amigos de su pareja. Alguna vez, todos caemos.
    Empezaba nuevo taller de novela. Era mi regreso a las tertulias literarias después de una mudanza complicada que me había robado un año. No puedo escribir sin ese vaivén entre la soledad y la compañía. Llegué media hora tarde. Estaban sentados alrededor de una mesa con mantel negro, en el primer piso de una librería. Una de las voces leía. Pedí disculpas inaudibles, gesticulando mucho la o. Me senté en el extremo vacío de la mesa, no tenía a nadie enfrente. Eran seis o siete, cada uno con su pantalla y su celular al costado. Salvo por la voz estaban en completo silencio, no había papeles ni biromes, nadie se movía, excepto yo. Me distraje con eso. Desembolsé mi netbook como si la escena llevara diecisiete o dieciocho años repitiéndose. Con la voz del que leía, la voz y no su contenido, se me ocurrió algo para sumar a mi novela. Algo nuevo, puro producto de esa escena. Quise anotar. No tenía cuaderno. Ni siquiera se me había ocurrido llevar uno. Tengo un cuento entero escrito durante una clase en los tiempos en los que sí llevaba cuaderno. Lo escribí desaforada por dentro, con cara de tomar apuntes por fuera, con el goce extra de lo prohibido. Ese cuento es el envés de aquella escena en otro grupo en el que también hablábamos de literatura. La libretita que va siempre conmigo había quedado en el cambio de cartera. Tengo lista de espera de libretitas. Diferentes modelos que compro o me regalan van formando una pila por orden de llegada, en un hueco de la biblioteca, a la espera del final de la que esté en uso. Debería implementar un sistema de suplentes. Hubiera podido anotar en la netbook, pero cuando hago ruido al escribir, no puedo parar. El sonido del teclado es el whisky. Escribo para escuchar ese sonido y porque lo escucho, escribo. Prefiero el papel para leer y las teclas para escribir. Con el surco de la idea sin anotar, descubrí una botella de vino sobre la mesa. Era elegante verla erguida en medio de las pantallas que le daban la espalda. Las ganas de que me convidaran me hicieron sentir una más del grupo que casi no había reparado en mi presencia.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

La época en que Júpiter estuvo más cerca que la Luna, por Pablo Rosi


Pablo Rosi (Avellaneda, 1975) estudió la carrera de Ciencias Biológicas en la UBA. En 2002 llevó a cabo estudios de posgrado en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear en la CNEA - Instituto Balseiro. Realizó su doctorado en el área de Química Bioorgánica, en la Facultad de Farmacia y Bioquímica. Es docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de su universidad de origen. En la actualidad se encuentra dedicado a la simulación computacional de sistemas químicos y a la cristalografía, área de rápido crecimiento en la Argentina. Ha realizado colaboraciones en este campo en Francia y Brasil. Además de numerosas publicaciones especializadas (la última aparecida en 2013 en la revista PLOS ONE) en 2010 publicó Introducción a la Representación Molecular editado por el INET y destinado a la enseñanza media.

Fue durante la década de 1950. Pasó desapercibido para el gran público pero no para la élite científica y tecnológica de EE.UU. A principios del siglo XX Albert Einstein había predicho que la materia se podía convertir en energía a una tasa extremadamente favorable, eso es justamente lo que dice la fórmula matemática más famosa del mundo: E=mc2. Apenas un gramo de materia transformado íntegramente en energía alcanza para abastecer el consumo máximo de todo nuestro país durante una hora, 23793 MW. Quizá esto no impresione demasiado, salvo que se considere que con casi nueve kilos de materia se mantendría a la Argentina funcionando a plena potencia durante un año seguido, día y noche. Abrir esta caja de energía que encierran los átomos, sí, los mismísimos átomos, fue tecnológicamente posible a partir de 1945. La primera vez que se abrió esa caja su brillo opacó el del sol. Había nacido la bomba atómica.
Seguir leyendo
ESCRITORES EN SITUACIÓN

La escritura como política, por María Pía López


Durante el Salón del Libro de París 2014, que tuvo a Argentina como invitada de honor, María Pía López realizó la siguiente intervención en un panel que llevó como título “Cultura y Política”. El texto está atravesado por una pregunta que es un desafío incesante: ¿Es posible narrar con la misma lengua que nos fue expropiada y que definió el horror?

Camino por un cementerio de una ciudad que me es ajena, entre tumbas que rezan epitafios en una lengua que comprendo bastante poco. Una caminata ociosa, sin búsquedas específicas. En algún recodo aparece la secuencia de monumentos funerarios para recordar a aquellos cuyos cuerpos no están: los deportados a los campos de concentración nazis, los condenados a trabajos forzados, los que fueron a Dachau o a Auschwitz. También recordatorios de los caídos en la resistencia a la ocupación. Si una sigue caminando, como lo hice, se topa con el muro que conmemora a los caídos en la Comuna de París, a los insurgentes que intentaron asaltar los cielos de una vida redimida y una sociedad igualitaria y fueron derrotados y masacrados. Me pregunto: ¿dónde están las tumbas de los colaboracionistas de Vichy, dónde las de quienes firmaron las órdenes de fusilamientos, dónde las de los policías o militares encargados de las razzias? La memoria debe ser incompleta para serlo, debe ser selectiva y esa selección es una afirmación. Si al lado de esos monumentos estuvieran los que conmemoran a los verdugos, la supuesta equidad restaría la conmoción de que en un hecho ominoso hay quienes son víctimas. Tal la lección dominical del cementerio Pere Lachaise.
Seguir leyendo
APUNTES

Sobre Giovanna Rivero y el poder del “margen, por Magela Baudoin


Giovanna Rivero es, sin exageración, la más poderosa narradora boliviana del presente y su fuerza radica, como lo veremos en breve, en su definitiva y axiomática peculiaridad. Una peculiaridad a la que llamaré “voz propia” y que a estas alturas ya ha probado que no solo es “exportable”, como lo demuestra su imparable conquista de nuevos territorios (geográficos y simbólicos), sino que se presenta con el augurio de una larga permanencia. Y no es mi intención hacer aquí una valoración sentimental: Giovanna Rivero es, y sospecho que seguirá siendo, difícil de olvidar porque su literatura se te queda como un escozor, como un aguijonazo dado por su oficio limpio y sin concesiones, del que se elevan una perturbadora inteligencia y una rara —cuando no incómoda— belleza. Veamos.

¿Por qué poderosa? La fuerza narrativa de Giovanna proviene, por una parte, de la calidad de su pluma. Eso es indiscutible. Su potencia mana de una concienzuda técnica, lograda al pie del trabajo disciplinado y puesto al servicio de la modelación de un estilo, que más que un estilo es una búsqueda permanente. Esta preocupación por la perfección, si podemos llamar así su autoexigencia, está unida, sin embargo, a su vocación aventurera, lo que se traduce en los riesgos artísticos que toma en cada giro, en cada desafío, en cada exploración. Para ser más gráfica recurro a una imagen prosaica que pudiera ser descrita en términos de las horas-silla que Giovanna dedica a leer y a escribir. Horas que por supuesto son evidentes en su evolución y en los tremendos saltos entre un libro y otro y entre un género y el siguiente.
Seguir leyendo
MAPAS COMPARTIDOS

Palabra: “Moda”, por Dardo Scavino


i Charles Baudelaire y Thomas Hobbes hubiesen podido encontrarse, no habrían logrado ponerse de acuerdo acerca de un punto preciso: para el inglés, el “hombre artificial” era el Estado; para el francés, la Mujer. Aparte de esto, ambos percibían el “hombre natural” como una criatura abominable. Porque la naturaleza, decía el poeta, incita al hombre “a matar a su semejante, a comérselo, a secuestrarlo, a torturarlo” y nos “ordena acogotar” a nuestros parientes pobres o inválidos, en vez de asistirlos, como nos lo enseñan la religión y la filosofía. Baudelaire concluye entonces que el crimen es natural y la virtud artificial, es decir, cultural o “sobrenatural”, lo que explicaría no solamente por qué esta “humanidad animalizada” precisó siempre “dioses y profetas” que predicaran el bien, sino además por qué el poeta no identifica el “progreso” con el desarrollo de la técnica sino con “las disminución de las huellas” de este “pecado original” que es la naturaleza animal, o brutal, del hombre.
Seguir leyendo
NOTICIAS DE AYER

Gatillo fácil y causas armadas: sobre la influencia del lenguaje en el Gobierno de los letrados, por Vanina Pasik


Policías impunes y pibes pobres presos. El Poder Judicial, esa caja donde mandan los códigos secretos de la facultad del derecho. La idiosincrasia que sostiene un sistema de policías impunes y presos sin condena.
   Los primeros dos puntos hablan sobre el juicio de la Masacre de José León Suárez, en el que quedó en claro que la distancia entre el lenguaje que se habla en los barrios y los códigos judiciales es un impedimento en el acceso a la justicia por parte de las mayorías.
   Los últimos dos puntos también son una muestra de la falta de acceso a la Justicia por parte de los humildes: la aplicación automática de prisión preventiva para pibes con vicera.
     Abogados, fiscales y jueces, casi sin darse cuenta, hablan un idioma incomprensible para el resto de los mortales.
Seguir leyendo