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Cuaderno de trabajo: La primera hora, por José María Brindisi.


ada día se me hace más evidente la idea de que el placer viene de la mano de la angustia. Me pregunto en qué momento mi cabeza dejará de funcionar a diez mil revoluciones y entonces me abandonará esta sensación opresiva de que cada vez tengo más hambre, más ganas o en verdad la urgencia de saber más cosas, de hacer más, de leer y tratar de entender y buscar y buscar.
    Me pregunto si tengo el deseo de que eso ocurra alguna vez, o sólo me estoy engañando.
    Me pregunto en qué medida ese estribillo molesto dejó de ser un susurro y se transformó sin aviso en un grito rabioso sólo porque marqué, hace unas cuantas semanas, los cuarenta.
    En qué medida me volví un idiota que con frecuencia, después de veinticinco años -es decir, desde que muriera mi viejo-, piensa en que sí, él también se va a morir. Yo también voy a morirme, pienso; acabo de entrar en la segunda mitad, y eso no es más que una siniestra cuenta regresiva.
    Y sé que el mejor momento es por la noche, porque al día siguiente todo parece posible.
    Y también sé, cada día, que todo se juega por la mañana: es el momento de decidir, de renunciar a unas cuantas cosas y proponerme ganar un par de batallas. ¿Me encierro a trabajar, o espero a que mi hija se levante para desayunar con ella? ¿Soy capaz de olvidarme de todo, de posponer momentáneamente, otra vez, la insoportable idea de convertirme en el mejor escritor del mundo?
    Así transcurren las primeras horas, o así bullen en mi interior mientras me hago el distraído.
    Y entonces, más tarde, nunca puedo saber cuándo pero llega, hay un instante, huidizo, una especie de revelación vulgar: no es otra cosa que la libertad que traen las renuncias, me digo.
    Y luego pienso: ya llegará el tiempo de hacer cuentas.

José María Brindisi (Buenos Aires)

Su último libro es Frenesí (2006)



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1 comentario:

APG dijo...

¿Cómo no entenderte? Transito el mismo terreno, en dos días es el mío.

Bienvenido a la web.

Saludos,
APG

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