APUNTES

Sobre Gineceo de Gustavo Ferreyra, por Aníbal Jarkowski


Con el tiempo, me fue ocurriendo que, al pensar en la obra de Gustavo Ferreyra, se me apareciera asociada a las de Shakespeare y de Faulkner. Soy conciente de los riesgos y el ridículo que amenazan cuando se establece una relación entre obra actual y clásicos de semejante magnitud. Sin embargo, aun así quisiera conservarla ofreciendo al menos un argumento.
Creo que la asociación responde a que el esplendor domina a esas tres obras.
“La hipérbole, el exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare”, anotó Borges en su “Prólogo” a Macbeth. La observación parece razonable. El esplendor de sus tragedias, y particularmente el de la composición de algunos de sus personajes, se manifiesta no sólo en el lenguaje de los soliloquios sino también en sus acciones: el esplendor mental se corresponde con los actos. En su desmesura –en su locura- Macbeth es capaz de invocar al Destino para desafiarlo a luchar.
En el caso de las novelas de Ferreyra, reconozco ese mismo esplendor en la desmesura mental de sus personajes, sólo que aquí no tienen correspondencia con los actos porque se trata de hombres y mujeres mezquinos, pusilánimes, vacíos de cualidad épica. Por esta tensión, creo, durante la lectura de estas novelas somos capaces de conmovernos hasta la desesperación con personajes a quienes también despreciamos. Creo también que, por este mismo esplendor interior, las ficciones de Ferreyra son, en su mayor medida, narraciones de estados mentales.
Entre las ya numerosas novelas de Ferreyra, tengo predilección por Gineceo. No tengo en claro el por qué; acaso porque todavía hoy, diez años después de haberla leído, está en mi memoria la descripción del ataque de asma que un adolescente sufre mientras está encerrado en el baño de la escuela.
Borges, en el mismo prólogo a Macbeth, escribió que “Shakespeare parece haber sentido que la ambición, el apetito de mandar, no es menos propio de la mujer que del hombre”. Gineceo refiere la historia de tres mujeres –una adolescente junto a su madre y su abuela- y en la mente de cada una se manifiesta, de esa manera esplendorosa, la misma voluntad de mandar que llevó a Lady Macbeth a mancharse las manos con la sangre del rey Duncan.


Aníbal Jarkowski[1](Buenos Aires)

[1] Su última novela es El Trabajo, Tusquets, Buenos Aires, 2007.



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1 comentario:

APG dijo...

Qué bueno poder leerte a diario.
Un verdadero placer.
Y sigo esperando la segunda parte de El trabajo.

Saludos,
APG

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