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Cuaderno de trabajo: La muerte del gato, por Viviana Lysyj


ste es el diario de escritura de la muerte de mi gato Príncipe. El cuerpo debajo del cuerpo, o de cómo los cuerpos amados estallan de vida y luego se deshacen en la muerte.
   "Vos no sos un gato, sos un angelito disfrazado de gato", suelo decirle muy a menudo estos últimos tiempos antes de que la leucemia felina se lo devore y le saque su preciosa sangre roja, glóbulo trás glóbulo, hasta la anemia más galopante en pocos días, "vos sos un angelito disfrazado de gato" le digo, y él me mira, entiende, sabe que mi frase es premonitoria, el salto al vacío de él, hacia la liberación final, y el mío, mi salto, hacia el desamparo absoluto en cuyo silencio me faltan sus maullidos, las variaciones tonales de sus maullidos que son para mí la música de las esferas, el pentagrama pitagórico con que descifro las necesidades y los estados de ánimo de mi gato, de mi príncipe, la expresión más desesperada del amour fou, la plenitud de un amor fusional y libertario a la vez, porque el amor imposible que acabo de descubrir es que la fusión eterna no existe, que hay un marco corporal siempre endeble, frágil, genético o adquirido, que va a separarnos, que él no es una prolongación de mi brazo, de mi vientre, o de mi mente, tampoco un hijo eterno que no crece ni abandona el nido materno sino un gatito que ha llegado a mi vida desde el extravío en la calle hasta el extravío más grave e irrecuperable de su sangre por el despertar de un virus latente que un día bosteza y estalla y despierta en mí el virus del lenguaje que también explota de palabras que se extienden en la pantalla de la computadora como las hojas de una enredadera donde yo tejo una botánica que nos mantenga unidos, porque ahí, enterrado en un enorme macetón del lavadero, mi gato va a dar a luz la planta más gatuna de la urbe, destilada en las gotas de las velas aromáticas color rojo sobre un montículo de tierra, una planta-altar de hojas exuberantes nacidas del compost de su cuerpo".


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