RELATOS

Palabras de celuloide, por Noemí Ulla


Me desplazo por imágenes del cine visto a lo largo de los años, llego a paisajes desconocidos, a interiores ocultos. Escenas desacostumbradas me acercan o me alejan hacia tiempos remotos o actuales. La memoria selectiva, elige y rechaza.
   Antes de dormirse, Reynaldo me pide que le describa escenas de cine. No me detengo en detalles, pero me distraigo, prendada de palabras que me impresionaron en boca de algunos actores. Suelen aparecer voces aisladas y al repetirlas, Reynaldo se estremece. Cree que son mías, se confunde y enoja, pero también juega a adivinarlas. En desordenadas secuencias, recuerdo que Brad Pitt dijo: “Amor”. En Las cosas del querer “¡Váyanse los dos a la mierda!” rugió Manuel Bandera. “Senti chi parla” dijo Mónica Bellucci, con ironía, a Luca Zingaretti en Sanguepazzo. “Queridos amigos de América Latina, de mi tierra y de mi raza” anunció Carlos Gardel.
   Reynaldo me persuadió de que difundiera estos juegos, que podrían transformarse, cobrando, en negocios redondos. Podríamos tener por fin una casa grande. ¿Cómo?, si nunca tuvimos cabeza para los negocios, protesté. Pero sólo nos quedamos con el deseo de otra casa, porque la que ocupamos se fue poblando de nuevas escenas en blanco y negro, en colores vivos, y ya no podríamos separarnos de esas voces insistentes en los sueños y en la vida despierta.
   Reynaldo es hoy el oyente más severo como dueño de un estudio de cine internacional, donde debe reconocer las voces tanto como yo el dominio de sus sentencias, órdenes y sarcasmos, risas y burlas, si quiero seguir viva en el teatro de la fantasía que hemos montado.



El último libro de Noemí Ulla es Una lección de amor  y otros cuentos,  Rosario,  Fundación Ross, 2005.
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