PIES DE IMAGEN

El espiritismo y Conan Doyle, por Eduardo Berti


Conocido sobre todo por las historias protagonizadas por el detective Sherlock Holmes y su inefable asistente Watson, el cuentista y novelista Arthur Ignatius Conan Doyle (1859-1930) siempre tuvo un interés especial por los hechos sobrenaturales. Se sabe que creía en los fantasmas y en el más allá (a diferencia de su racional Sherlock) y muchos de sus biógrafos lo han pintado como un hombre demasiado crédulo. En cuanto a sus “ghost stories”, figuran entre las más destacadas del periodo victoriano y constituyen una notable excepción a ojos de muchos críticos para quienes, en líneas generales, los escritores convencidos de la existencia de aparecidos y otros fenómenos paranormales son los que paradójicamente han escrito las obras más fallidas y menos verosímiles.
    Conan Doyle –según se cuenta- se hizo amigo del famoso mago Harry Houdini convencido de que éste realmente tenía poderes sobrenaturales, y de nada sirvió que el mago arguyera que sus trucos no eran más que ilusiones ópticas. En 1893 adhirió a la Sociedad para la Investigación Psíquica, también integrada (entre otros) por el filósofo William James, hermano del escritor Henry. Años más tarde, Doyle anunció públicamente su adhesión al espiritismo y, al mismo tiempo, cayó rendido ante las fotos de fantasmas que por entonces exhibía William Hope (1863-1933), un controvertido medium y ex carpintero que, alrededor de 1905, fundó un círculo de fotógrafos de espíritus denominado Crewe Circle, grupo que llegó a contar con la participación del arzobispo Thomas Colley.





En 1922, ya mudado Hope a Londres, las fotos del Crewe Circle fueron investigadas por un tal Harry Price, en representación de la Society for Psychical Research (Asociación para la investigación de lo psíquico). El señor Price no tardó en concluir que William Hope y sus socios colocaban placas de cristal con el objeto de obtener en sus fotos unos efectos fantasmagóricos tan inquietantes como espurios. Pese a ello, el propio Price no pudo evitar ser fotografiado por Hope junto con su “aparición amiga”. Este es el retrato:





Otro dato llamativo es que Hope continuó trabajando y exponiendo sus fotos de fantasmas hasta el día de su muerte, el 7 de marzo de 1933, y que, pese al dictamen de Price, Conan Doyle no dejó de creer en las autenticidad de las fotografías de Hope. Pero lo más curioso tal vez sea que, casi al mismo tiempo, alrededor de 1920, Conan Doyle se vio envuelto en otro episodio también ligado a unas fotografías y que hoy se recuerda como el caso de las hadas de Cottingley. Dos niñas (Elsie Wrigth, de 16 años, y Frances Griffiths, de 10), conmovieron al mundo cuando mostraron varias fotos donde supuestamente aparecían unas hadas. Maravillado, Conan Doyle realizó una investigación tendiente a demostrar la existencia de estos seres. El libro se llama “El misterio de las hadas” (originalmente The coming of the fairies, 1923).
    Varias décadas más tarde, ya octogenaria, Elsie confesó en una carta que las fotos eran falsas, un montaje hecho con recortes periodísticos. Lo ocurrido se había escapado de sus manos. No habían imaginado que los adultos les creerían de tal manera.
    El mismo Prince que desenmascarara a Hope llegó a afirmar que Conan Doyle era “un gigante intelectual con corazón de niño”. Lejos del sentido común de su Sherlock, para quien era “un grave error teorizar antes de poseer datos científicos”, el gigante ingenuo no abjuró de sus creencias y allá por 1926, poco antes de morir, completó una “Historia del espiritismo”.

Eduardo Berti (Buenos Aires)

Más información y más fotos:
http://www.prairieghosts.com/hope.html
http://www.flickr.com/photos/nationalmediamuseum/sets/72157606849278823/
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1 comentario:

Janaina Minelli de Oliveira dijo...

A mi me sorprendió mucho encontrar a Coyle entre los precursores del espiritismo. Buen texto, gracias!

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