APUNTES

Sobre Éramos unos niños, por Miguel Vitagliano

Al mismo tiempo en que el Malba, en Buenos Aires, realizaba la primera retrospectiva de Robert Mappletorpe (1946-1989), “Eros and Order” (desde el 4 de junio al 2 de agosto de 2010) se distribuyó en los países de habla hispana el libro de memorias –o de los recuerdos compartidos con RM- de Patti Smith (1946). La coincidencia no fue menor; en medio de la sala de exposición había un rincón apartado en el que podían contemplarse ciertas fotografías que se consideraban más provocativas a la “sensibilidad” del público, es decir, dos espacios o dos planos, que encuentran su consonancia con el título del libro y, en especial, con la elección de su traducción: Just Kids puede traducirse como Éramos unos niños o también como Sólo éramos niños. La decisión marca el tono de la lectura.
Mejor dicho: la decisión modifica las expectativas de lectura del libro.
Éramos unos niños nos ofrece una lectura melancólica, hipnótica e irresistible, similar al de una novela de iniciación de Dickens, un efecto inesperado tratándose del libro de quien fue en los 70 la poeta, compositora y cantante propulsora del punk norteamericano. Una nena a la que su padre, en Chicago, llevaba a avistar OVNIS, una adolescente que quedó embarazada en su primera relación sexual y que entregó a su hijo en adopción antes de comenzar (y buscar) una nueva vida en New York de los años sesenta. Allí, en 1967, conoce a Mapplethorpe, tímido, inseguro y viviendo bajo la presión a distancia de sus padres católicos. Patti había conseguido trabajo como vendedora en una gran tienda y, como no tenía un peso ni lugar donde vivir, dormía escondida en los probadores. Aceptó que un hombre la invitara a cenar, pero no más, no quiere dar un paso más en esa noche, y out of the blue se cuelga del brazo de un joven que pasa, al que ya había visto, un joven fascinado por los collares, otro adolescente, y huye de allí para siempre con él. “Gracias, me has salvado la vida. No te he dicho mi nombre, me llamo Patti”. “Y yo Bob”. Desde esa noche Mapplethorpe será su otra mitad. Contarán monedas para ingresar a los museos, comerán de salteado, se amarán como espíritus que apartan sus propios cuerpos, padecerán el frío, la mala alimentación, las contradicciones entre las “buenas costumbres” y el deseo… “Dormíamos sobre los abrigos. Las noches en que se recogía la basura, salíamos a la calle y, mágicamente, encontrábamos lo que necesitábamos.” ¿Será el relato de Patti lo que vuelve cautivadora la lectura o será que Éramos unos niños nos propone nombres más cercanos –desde Gregory Corso a Sam Shepard- para un trama impregnada de Oliver Twist? “Cuando regresó a casa, otra persona lo había impresionado más. ´He visto alguien que va a ser muy grande´, dijo. Era Janis Joplin.”
Resulta curioso que en Éramos niños todos aparezcan sin tapujos a veces más preocupados por la propia imagen que por la obra; desde luego que puede decirse que Ellos son su Obra, pero entonces, ¿cómo hablar de una pretendida evolución de la niñez a la adultez sin caerse fuera del siglo? Preocupados por “llegar” a la muestra, a la atención del grupo de Andy Warhol, al disco, al libro. En una ocasión Allen Ginsberg le ofrece a Patti, que luce hambrienta, comprarle un sándwich y, de inmediato, se contiene al descubrir que no se trataba de un muchacho. Tiempo después, cuando Patti “llegue” a su “llegada”, el autor de Howl le preguntará: ¿Cómo vas a contar algún día la vez que nos conocimos? Muy simple. Voy a decir que me compraste un sándwich, contestó.
Nada de esto hubiese cambiado si el libro se hubiese traducido como Sólo éramos niños, aunque se desatacaría más la distancia y con ella, quizás, la lectura podría elegirse irónica. Romper esa naturalización que hace de este texto una lectura entrañable. Pero nada en el libro hubiese cambiado, sí nuestras expectativas hacia él. Si en los años ochenta habíamos asistido a la madurez de las estrellas de rock de las décadas anteriores –Robert Plant ya no era la figura esmirriada de otros tiempos, por ejemplo-, ahora, al cumplirse la primera década de este nuevo siglo, nos encontramos con que aquellos niegan haber sido lo que fueron. Porque lo que se propone en Just Kids es mirar hacia atrás asegurando que lo vivido fue una cuestión de “inmadurez”, de candidez, de extrema inocencia, de algo que habría de superarse con el tiempo, o de la falta de ese algo que ahora sí se tiene. ¿De qué manera observará Patti Smith los movimientos juveniles de hoy día? ¿Pensará también que algún día van a “madurar”?
Miguel Vitagliano (Buenos Aires)
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4 comentarios:

Matías F. dijo...

Yo también me quedé con esa inquietud sobre qué haría Patti en su futuro, como de indagar en su poesía, que ignoraba tuviese.
El libro, con todo lo que se le pueda señalar, es hermoso.

Escritores del Mundo dijo...

Es que si el libro no nos atrapara, ¿qué sentido tendría escribir sobre él? Discutimos con un texto que nos interesa o que nos provoca, si no fuera así, simplemente lo haríamos a un lado, ¿no es cierto, Matías?
M.V

Julia dijo...

Querría decir que lo escrito se trataba de mí también, pero justamente porque no me siento especialmente tentada por la cultura del post-punk, nunca había percibido la figura de Patti como un ícono. En cambio, algunos de mis amigos rusos, quienes sí se asocian a TIME FOR HEROES cantada por Doherty unos siete años atrás, usan como role-models a RM y Patti, al igual que a personajes muchísimo más alejados en el tiempo, tales como Stephen Tennant (ver: Jon Savage, "Teenage: The Prehistory of the Youth Culture"). Lo curioso es que se habla mucho de "niños" y de la rebeldía frente a la madurez, cuando justo la niñez en el sentido de "infancia" muchas veces resulta otro extremo de fuerte alienación. Será porque ésta, en cierto sentido, pertenece a los padres. En todo caso, había observado el discomfort que provoca en las personas dedicadas al culto a la juventud la alusión a su infancia. Te preguntás otra cosa, ¿y cómo juzgarán los íconos a sus devotos de hoy? Bueno, ojalá sean capaces de ver en los chicos un reflejo de ellos mismos.

Julia (Moscú)

Matías F. dijo...

Es cierto, es cierto Miguel. No estaba para un análisis un poco más sesudo que simplemente poner en dos líneas cómo me había conmovido. Gracias por tu respuesta.

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