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¿Por qué escribo microrrelatos?, por Víctor Montoya


ace no mucho, una acuciosa lectora de mi obra breve pero sustancial, me disparó, con cierta sonrisa irónica y mirada de pícaro animal, la pregunta del porqué escribía microrrelatos. La pregunta me atravesó de lado a lado, hasta que me repuse del impacto y, armado con lo mejor de mis argumentos, le contesté, simple y llanamente, que si escribía microrrelatos era porque se me pegaba la santísima gana. Luego, en un intento por ser más explícito, le dije que mis microrrelatos son una apuesta por la literatura futurista cuyas innovadoras técnicas responden a las exigencias de un mundo más moderno, donde el tiempo es plata y la prosa breve es oro.

    El desafío del creador de relatos breves no sólo va contra el reloj, sino también contra las corrientes literarias tradicionales, donde un mamotreto era necesario para conciliar el sueño de un empresario insonme y ocupar las horas de ocio de una damita encumbrada, quien tenía por diversión comadrear con las amigas o leer un libro de largo aliento en la mecedora de su alcoba.
    Ahora que los tiempos han cambiado, y las mujeres disponen de menos tiempo que en el pasado, es necesario crear una literatura que esté a la altura de las exigencias que demanda el acelerado ritmo de vida. Por eso mismo, los mamotretos de antaño son reemplazados cada vez más por las obras que, tanto por su extensión como por su precisión, son verdaderas piezas de orfebrería; comienzan en la condensación semántica y culminan en el instante de la revelación.
    En los libros de prosa breve, que se acomodan mejor a las posibilidades del lector y a las técnicas de la informática, el escritor pone a prueba su capacidad de síntesis, re-creando, con pasmosa naturalidad, situaciones diversas por medio de personajes arrancados de la realidad y la fantasía.
    Como comprenderás, le dije a mi lectora, correspondo a esa categoría de narradores que, casi de manera enfermiza y acostumbrados a valorar lo efímero en la literatura, cultivan una prosa breve, mientras más breve mejor. Se trata de una literatura que está muy cerca de prosa poética y que, al mejor estilo de los haikus, se parece a un félido veloz y cimbreante, constituido más por músculos que por grasa.
    Mi lectora, al advertir que mi explicación se me iba haciendo larga, larguísima, se tragó su pregunta, me regaló una sonrisa más amable y, a tiempo de despedirse, dijo: No dudo que al paso que avanzas, sin prisa pero sin pausa, un día me sorprendas con otros microrrelatos más micros todavía, como un mago de la palabra escrita, que siempre tiene más sorpresas escondidas en las mangas de la camisa.

Víctor Montoya (Bolivia / Suecia)
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4 comentarios:

Julio Ruiz Miranda dijo...

¿NO SE VIVE DEPRISA? ¿NO SE VA Y SE VUELVE A TODO A LA CARRERA? PUES POR ESO. Y PORQUE EL BUEN PERFUME NO SE VENDE EN GARRAFAS

Fefa Duarte dijo...

Es una forma de compartir el tema...cuando leen mis microrelatos se compenetran con lo leído tratando de darle un final deseado...o cambiarle el final o simplemente terminarlo de escribir...porque a veces no tienen final....en fin...simplemente porque un día decidí que existen demasiadas historias que contar y el tiempo es cruel....

Anónimo dijo...

Muy buen escrito. Les dejo un nanorrelato que me pareció interesante.

Autopsia
No tenía rastros de haber sido feliz.
Luciano Daniele

Anónimo dijo...

Si te apetece participar en nuestro blog de micros estaremos encantados
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