ESCRITORES EN SITUACIÓN

Un libro editado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (I), por Miguel Vitagliano

¿Qué es un escritor? ¿Qué es lo que hace que un individuo que tiene el hábito de leer y escribir sea considerado un escritor? Las respuestas serán disímiles, pero es inevitable que haya alguna puesta en juego. Como entidad gremial, la SEA no podría sino tener una concepción de lo que entiende que es un escritor. Porque no hay gremio sin oficio; y todo oficio tiene sus propias marcas específicas.
“A riesgo de que nos malinterpreten: BUSCAMOS TODO.” Así se presentaba la SEA en 2001, proponiendo lo que prefería llamar sus dos “grandes deseos”. El primero consistía en recuperar la memoria de los escritores y escritoras que en las últimas décadas pagaron con su vida, el exilio, o la invisibilidad “el costo de su elección estética, política, y existencial.” El segundo era “construir y fortalecer una entidad gremial de Escritores”, entendiendo por ello a quienes “utilizan la palabra como herramienta para recorrer los infinitos territorios de la vida, la imaginación, y la Belleza.”
Palabra Viva. Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974/1983, publicado en 2005 y reeditado en 2007 con el auspicio de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP) y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, es una muestra contundente de lo propuesto por la SEA en sus reuniones inaugurales. El volumen reúne textos, y a veces apenas sólo una síntesis biográfica, de 103 autores, de los cuales, como sostiene el prólogo firmado por la SEA, “muy pocos habían alcanzado en vida el reconocimiento de sus pares y de los lectores.” Más que apelar al impreciso interés que compartían todos ellos por la literatura, no se hace otro hincapié para justificar la reunión de escritores consagrados, reconocidos, con una obra realizada, otros inéditos pero convencidos de su trabajo, y otros en ciernes de los que apenas si se conserva algún intento inicial… La omisión es retórica; la manera que elige la SEA para pronunciarse es colocando al lector ante un silencio que lo conmina a la reflexión: ¿Qué es un escritor? ¿Para qué sirve un escritor? ¿Desde qué momento un escritor puede ser considerado como tal? De no tratarse de una omisión retórica, se entraría en una contradicción de fundamento al reconocer, y no al mismo tiempo, la especificidad del oficio.
Una carta de Haroldi Conti (detenido-desaparecido desde el 76), poemas de Miguel Ángel Bustos (detenido-desaparecido desde el 76), de Roberto Santoro (detenido-desaparecido desde el 77), una página de Arlt, el habitante solitario de Diana Guerrero (detenida-desaparecida desde el 76), y otros textos de Héctor Oesterheld (detenido desaparecido desde el 77), Pirí Lugones (detenida desaparecida en el 77), Rodolfo Walsh (detenido –desaparecido desde el 77), se entrecruzan con un poema del sacerdote Carlos Múgica (asesinado en 1974), una entrevista al propio cineasta Raimundo Gleyzer (secuestrado en el 76), el fragmento de un ensayo de Silvio Frondizi (asesinado en el 74), otro del sociólogo de Roberto Carri (detenido- desaparecido desde el 77), una carta a su abogada desde prisión (1973) del físico Ignacio Ikonicoff (detenido desaparecido desde el 77), los poemas pertenecientes al primer y único libro de Claudio Ferraris (detenido-desaparecido desde el 77), otros de Oficio de aurora (2002) de Alcira Fidalgo (detenida-desaparecida desde el 77), de Daniel Favero, desaparecido a los veinte años, y, entre tantos otros, también el poema de Alejandra Lapacó Aguiar (detenida –desaparecida desde el 77), a 1os 19 años, estudiante de Antropología en la UBA, o el poema que a los 13 años escribiera José Beláustegui, detenido-desaparecido el día en que cumplía los 23 años. La madre de Alejandra Lapacó Aguiar dice en el testimonio recogido por la SEA: “Les escribo a instancias de una compañera de mi hija, la que conoció lo que escribía mi hija que está desaparecida y piensa que si bien no era una escritora, ya que la secuestraron a los 19 años, lo hacía muy bien. Por desgracia cuando los militares entraron en mi casa se llevaron todos sus papeles y escritos, solamente he encontrado algunos de los versos que escribía en la primaria, para su edad creo que son buenos.” Y Rafael José Beláustegui: “José escribió poesías desde la infancia. Luego la militancia, a la que se entregó de cuerpo y alma, lo alejó de la literatura. Pero hay un poema de él, escrito a los 13 años, que merece ser recordado. Es sorprendentemente premonitorio y Matilde Herrera, su madre, lo recuerda en el libro José, que escribió sobre su precoz vida.”
Testimonios que trazan relaciones familiares, testimonios de amigos y compañeros rememorando experiencias, que convocan y aluden a otros en una sucesión semejante a la de quien tira de la punta de un hilo y descubre que la madeja está debajo de sus pies. Palabra viva es la reconstrucción de un tejido de voces individuales, pero expuesta para que salten a la vista los jirones desgarrados de una sociedad. Porque la memoria está menos en la reconstrucción cerrada y concluida en el pasado, que en esta reconstrucción trunca, incompleta, desacompasada que invita al lector a preguntarse por el presente y el futuro. ¿De cuántas faltas está hecho nuestro presente? ¿De qué manera un escritor hace una sociedad mientras se hace en ella? Un adolescente de trece años imagina su muerte, acaso como tantos otros a su edad, escribe un poema, acaso como tantos otros; pero no lo sabemos, su desaparición oblitera toda posibilidad de acercarnos a lo que podría haber sido su vida, y a lo que podría haber sido de nosotros con su vida.
No son meras frases. Las palabras nos hacen y nosotros fraguamos el mundo a nuestro alrededor con palabras. Cada uno de nosotros, y cada uno de ellos. En el Juicio a las Juntas Militares (1985) una mujer dio testimonio de haber oído una frase durante su cautiverio en un campo de detención, una frase retomada por Martín Kohan como constante provocativa en su novela Dos veces junio (2002), y que no puede sino leerse como el anverso perfecto de Palabra Viva: “¿A partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño?”
Miguel Vitagliano (Buenos Aires)
Imprimir

No hay comentarios:

Publicar un comentario