MAPAS COMPARTIDOS

Verso a verso IX: Lezama Lima, por Liliana Lukin


mposible no dar a leer, en la continuidad de este proyecto, el fragmento completo del poema cuyo comienzo se cita en Verso a verso VIII:

Deseoso es aquel que huye de su madre. (…)

que continúa:

Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.

La madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.

y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma noche de igual ijada
                                                                                                    descomunal?


Escrito antes de 1945, dicen que es el texto que prefigura su novela Paradiso.
No importa aquí el futuro de este poema en esa novela, a la luz del futuro que ha tenido para nosotros, que por tantos años hemos tenido el poema y el verso, golpeando en la nuca como un martillo musical, otra vez una flecha, como diría Rilke en su Testamento, que lanza al poeta hacia adelante, más lejos de lo que él mismo se imaginaba que pudiera llegar.

Una flecha infinita, en esta huida del principio, marcada por la palabra del deseo en acto: deseoso es…,prometiendo que quien no ha cesado nunca de huir, no ha perdido.

Pero ¿qué se lee allí, si sustraemos ese “aquel que huye”, frase definida como la condición de un posible lugar de llegada, donde la flecha clavaría su punta, centro o periferia o caída en tierra apenas mellando superficie con la palabra de la sentencia?

Se lee “Deseoso es………de su madre, y se lee aquello por lo que se “huye”. En un movimiento como el de la flecha, hacia arriba, tenso el arco que lanza, hacia arriba, lejos, lo más lejos posible de esa que “es fría y está cumplida”, va el deseo.

Nunca tan lapidaria la palabra sobre la madre, definida en ese último verso con un “es” de absoluta convicción y sin duelo, de absoluta despedida.

Pero cuando escribe “cumplida”, ya no usa el presente “es”, sino un “está” de duración infinita: toda madre, parece decir, está cumplida. Pero más cumplida aún para quien se pretenda deseoso.
     Forma verbal definitiva, ese “está”, congelando el estado de madre, el estado de fría, el estado de cumplida, finalmente remite a cumplir, años, qué otra cosa, sino cumplir años de haber sido nacido de madre?

Y si faltara en el arco del origen, tendido hacia lo que hemos de ser, alguna precisión, se cumple, oh palabra precisa, en el verso:

Deseoso es dejar de ver a su madre

donde aplicando la misma clase de sustracción, pero ahora en el fragmento que devela una revelación, es decir, si sustraemos el “de ver”, leemos otra vez la oscilación entre un nudo y su desanudarse: “Deseoso es dejar…….a su madre”.

Así, la paradoja está presentada, lo insoluble del mandato, escrito, sagrado mandamiento que marca la escucha de toda posterior lectura y escritura en lengua castellana: es el deseo del que se huye el que se desea, siempre.
      Y que se cumplan las escrituras: huir, dejar, desear.

Liliana Lukin
Buenos Aires, EdM, julio 2013
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1 comentario:

Alicia Silva Rey dijo...

Maravilloso.

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