APUNTES

Thatcher y Pinochet en el país del no me acuerdo, por Paula Klein




Aliados. Paris, 14 junio 2013, Festival Manifeste IRCAM, Théâtre de Gennevilliers.

¿Cómo se construye el relato de la guerra de Malvinas? A través de una meritoria imbricación de video, teatro, canto y experimentación musical, la opera en “tiempo real” de Esteban Buch y Sebastian Rivas –escrita para seis instrumentos, electrónica en tiempo real y video en vivo a cargo de Philippe Béziat– reconstruye la mítica reunión de 1999 entre Margaret Thatcher y Augusto Pinochet.
    Siguiendo el consejo de Hemingway pero también una de las grandes lecciones del cine de oro norteamericano, Aliados propone una revisión de la gran Historia a través de dos sucesos puntuales. En un primer plano, el encuentro amistoso que tiene lugar durante la hospitalización en Londres del ex dictador a la espera de un eventual juicio. Presas de sus dichos y hechos, los aliados se obstinan en recordar un pasado glorioso que se desvanece ante los síntomas del Alzheimer y la senilidad. Contrastando con el discurso rayano el sinsentido de los dos titanes envejecidos, la historia del “soldadito argentino”, colimba clase sesenta y tres, permite dar voz a un testimonio ficcional recuperado de entre la multitud de aquellos que dejaron su vida en el hundimiento del General Belgrano.
     Entre la indolente exactitud de las cifras que constituyen el archivo y la multiplicidad de versiones de los testimonios, la ópera de Buch y Rivas explora el entramado sutil entre Historia, memoria y olvido a partir del cual se tejen los relatos de Malvinas en el imaginario nacional.

La Historia, las historias

A través del relato de este cuerpo a cuerpo entre Thatcher y Pinochet, Aliados nos traslada a una suerte de tercer tiempo en el que la lógica del documento se articula con la de la ficción.
     En lo que respecta al libreto, Buch se sirve de un collage de citas que parece renunciar de antemano a cualquier voluntad global de coherencia. Con claros ecos beckettianos, el sinsentido que emerge de los monólogos de Pinochet y Thatcher evoca la imposibilidad de los personajes de trazar una línea de continuidad entre pasado y presente. Como en Krapp’s Last Tape (La ultima cita de Krapp, Samuel Beckett), la distancia temporal no basta para volver inteligibles los crímenes cometidos durante la dictadura chilena y la guerra de las Malvinas. En el delirio de Pinochet, el General Belgrano se transforma en el Phoenix y la segunda Guerra Mundial remplaza los sucesos de Malvinas. La Dama de Hierro, presa del mal de Alzheimer, esgrime su deber histórico; la necesidad imperiosa que la conduce a atacar el General Belgrano, una amenaza en potencia para sus barcos.
    Sin embargo, las buenas causas e intenciones con las que los aliados intentan justificarse no están exentas de las jugarretas de la memoria ni de las redes engañosas del lenguaje. En su “Carta a los chilenos”, el ex dictador se sumerge en una autodefensa delirante: “Nunca he deseado la muerte de ningún muerto que hice matar”. Conmovida por los buenos recuerdos, Thatcher experimenta un arranque maniqueísta que incomoda a su anfitrión: “Allied against the dictators. Against Galtieri, against Saddam, against Stalin, against Hitler. Against all the dictators” (“Aliados contra los dictadores. Contra Galtieri, contra Saddam, contra Stalin, contra Hitler. Contra todos los dictadores”).
    Paralelamente, las figuras juveniles del edecán y la enfermera, alegorías de la memoria colectiva de ambos estados, desmienten los argumentos de los aliados. Oponiendo la lógica de la oublieuse mémoire a la del archivo, estos personajes retoman las cifras de la acusación del juez Baltazar Garzón y de ciertos documentos de la CIA, iluminando la magnitud de las muertes de la dictadura chilena y de Malvinas.
    Un quinto personaje, el “soldadito argentino”, contribuye a exasperar el contrapunto entre cuerpo y memoria en el que se debaten los protagonistas. El colimba asume la voz del testigo mudo, encarnación del testimonio imposible de los que dejaron su cuerpo en la batalla. Frente al espacio híbrido y la lógica intemporal en la que se lleva a cabo la entrevista entre las dos personalidades políticas, la voz del soldado muerto en el Belgrano señala compulsivamente la exacta ubicación en la que se encuentra su cuerpo, desaparecido en “cincuenta y cinco grados de latitud sur”.

Tan lejos; tan cerca: Malvinas o la guerra televisada .

Quizás uno de los mayores hallazgos de Aliados consiste en la imbricación de temporalidades y de espacios. Entre la materialidad obliterada de la guerra y el cuarto en el que Pinochet espera un veredicto, la memoria defectuosa simultanea los tiempos de la Historia esfumando los limites entre 1945, 1982 y 1999. La distancia y la proximidad se revelan entonces como los ejes en torno a los cuales se construyen las ficciones sobre la guerra de Malvinas. En este sentido, Aliados confronta la atmósfera televisiva con la que fue planeado el encuentro con aquella otra experiencia de simultaneización de lo no simultáneo que se produce por la amnesia y las fallas de memoria de los personajes. El olvido aparece entonces como una potencia que permite anular el tiempo narrativo, basado en el carácter lineal, sucesivo y causal de los hechos, obliterando las dimensiones del pasado, presente y futuro.

Sirviéndose de los primerísimos planos que capta el vídeo en vivo y la arriesgada puesta en escena de Antoine Gindt –con un escenario en el que los personajes actúan, prácticamente durante la totalidad de la obra, de espaldas al público–, Aliados cuestiona la lógica mediática que está en la base de la transmisión de los sucesos de Malvinas. Como espectadores, nuestra visión del encuentro está mediada por las tomas del video en vivo. Rechazando un tratamiento televisivo de las imágenes, Béziat se demora en los pequeños gestos de los personajes, privilegia los planos fijos de ciertos objetos cotidianos como la tetera, la maquina de escribir o el cofre con los medicamentos de Pinochet pero también ciertas secuencias imprecisas, fugaces o desenfocadas de los documentos oficiales.
     A través de estas estrategias, el “tiempo real” de la ópera, entra en conflicto con las sucesivas capas temporales que se superponen en la obra. Así, las imágenes que deberían servir como punto de anclaje de lo real no hacen más que acentuar los clichés de la guerra, la manipulación de sentido con la que los medios británicos y argentinos dieron cuenta de los avatares del enfrentamiento. Desde esta perspectiva, el supuesto carácter documental de la proyección que sirve de prólogo a la obra no tarda en frustrar las expectativas del público: se trata de las mismas imágenes y fotografías estereotipadas de la guerra con las que Gindt tapiza el escenario. Ya sea empapelando la pista de danza para el último tango entre la baronesa y el senador o bien capturadas por la proyección continua del video de Béziat, las fotografías en blanco y negro de Malvinas introducen la dimensión del tiempo histórico en un espacio que se pretende ajeno a toda irrupción del mundo externo.

Testigos de aquello que el historiador François Hartog describe como una transformación de los “regímenes de memoria (1)”, el interés por la Historia es remplazado en nuestra sociedad por una verdadera obsesión memorialista. Paradójicamente, la escalada de empresas de defensa del patrimonio, de exploración de las raíces de nuestra identidad y de las genealogías, no es más que un correlato del sentimiento de hipertrofia generalizada de la memoria que caracteriza a las sociedades de la información. Resulta interesante, desde esta óptica, cuestionarnos acerca de las nuevas formas de colaboración entre Historia y ficción que cada arte propone a la hora de tejer los relatos que modelan nuestra memoria colectiva.

Ciertamente, al abordar la espinosa cuestión del deber de memoria –la enfermera de Thatcher repite “Your duty is to remember (…) even the bad things ” (“Su deber es recordar (…) incluso las cosas malas”)– Aliados nos devuelve una visión de la Historia como un combate entre memoria y olvido. Enfrentamiento entre las voces de los que escriben la Historia y las de aquellos testigos mudos a los que solo la ficción puede devolverles un espacio de enunciación. Gracias a un cuidadoso contrapunto entre la lógica de la defectuosa memoria y la estética del archivo, Buch y Rivas desarticulan el credo según el cual la memoria es custodia del pasado, matriz de Historia (2).
     Abandonando de antemano cualquier tipo de oposición simplista entre realidad y ficción, Aliados pone en evidencia el rol de ésta última en la mise en intrigue de los hechos históricos. Como lo recuerda el colimba cuya voz abre y clausura la obra, la Historia no es más que un “Teatro de operaciones”. Un teatro hecho de gestos maquinales y de discursos acechados por el silencio o el sinsentido, de miradas fijas en un fuera de campo impreciso, en alguna zona más allá de los cuerpos de los protagonistas, escindidos entre el deber social de memoria y la apremiante violencia del olvido.

Paula Klein
París, EdM, septiembre 2013

1. Cf. Hartog, François, Régimes d’historicité: présentisme et expérience du temps, Paris, Seuil, 2012.
2. Cf. Le Goff, Jacques, « Les bouleversements contemporains de la mémoire » in Histoire et mémoire, Paris, Gallimard, 1988.
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