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Dejarse llevar, por Esther Andradi


Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado
Wislawa Szymborska

as mañanas son vertiginosas. Saltar de la cama, cepillarse los dientes, levantar a los niños, asearlos, vestirlos, sacar el traje del armario, preparar el desayuno, hervir el agua, tostar el pan, untar la mantequilla, llenar la lavadora, funcionar y resolver sobre la marcha, correr y correr, con serenidad y soltura, sin perder un minuto ni un segundo, el vaivén de una puerta que no se termina de abrir ni se acaba de cerrar. Y descubrir azorada, perpleja, hipnotizada, que está en el agujero negro, que la nebulosa la envuelve, que se diluye todo lo que la rodea, que una fuerza irresistible la chupa, la arrastra, la lleva, la sumerge, su cuerpo tiene la consistencia de una hormiga en el water, es una mosca en la leche, la irresistible sensación de ser impelida sin mover ni un labio ni un músculo, se deja caer al vacío como una bailarina, está en el borde del agujero negro en el horizonte 24 de la Vía Láctea, en un amanecer permanente, o es un crepúsculo, pero no piensa ni siente, dejarse llevar, vuelta y vuelta, lo que devora también expulsa, el horizonte 24 es una ficción que se derrama como el jugo sobre el plato, ay hijo qué has hecho, el líquido sigue su recorrido por la mesa, se vierte sobre el piso, el niño lo impulsa con su cuchara, la niña sigue el fluido con su galleta, tomar una esponja, eliminar los últimos vestigios de lo que sea sobre la baldosa, secar la cerámica, liberar sus manos del trapo volador, correr a su trajecito recién planchado sobre la cama, se lo va a poner, se va a vestir, se va a convertir en la señora dueña de sí que dirige ese carrusel, que es restaurante, lavandería, spa, terapia de grupo y hasta psiquiatría si no hay modo, hotel cinco estrellas de día, burdel de madrugada, centro de rehabilitación.


Se pliega en dos, se vuelve lámina, el viento la agita, ahora es varias planchas de diferentes colores, sostenida por un eje muy firme, es un Calder mecido por la brisa, y da vueltas y vueltas y vueltas para regresar del futuro donde estuvo mirando su vida desde la licuadora.

A desayunar, que llegamos tarde- oyó su voz emergiendo desde un amanecer luminoso- y saltó a la calle cantando con sus crías de la mano para alcanzar el bus de las 7.43 que dejará a los niños en la escuela y después seguirá ella hasta el día completo que la convierte en la tarde.

Esther Andradi
Berlín, Alemania, EdM, Febrero 2014
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