APUNTES

Masamadre, de Mariana Ares y Ana Barry, por José María Brindisi


La masa madre es, como se la define puntualmente en algún manual de cocina, una mezcla compuesta en esencia de harina y agua, por lo general en proporciones similares, en la que se alienta la reproducción de los hongos o levaduras que de forma natural se encuentran dispersos en el ambiente. Se trata de un método de fermentación antiguo, el modo en que se hacían el pan y sus derivados antes de la aparición de la levadura prensada o en polvo tal como hoy la conocemos.

    Pero el documental de Ares y Barry tiene poco y nada que ver con los vericuetos de la gastronomía —aunque sí con la alimentación—, y el título en verdad remite, convertido en metáfora, a la génesis y la multiplicación (que también es la de los panes). En concreto, hace centro en un par de organizaciones piqueteras del partido de La Matanza pero tomando el fenómeno que les dio ese nombre no como un estribillo ni una consigna sino como uno de las eslabones de la cadena, o a lo sumo una de sus consecuencias. La historia, en verdad, es otra, y es muy anterior: se trata del barrio María Elena —km 26 de la ruta 3, Gregorio de Laferrere-, que en 1983 fue apenas un asentamiento en medio de la nada. Como suele ocurrir en estos casos, la creación del barrio, o su mutación, significó también un acto de resistencia: la inminente democracia exhibía ya sus innumerables grietas, y no faltaron los adelantados que, ávidos por conseguir votantes, preferían amontonar gente en una villa sin preocuparse de ninguna otra variable.
   Sin efectismos, pero asimismo sin rehuir a la realidad que pretendían retratar, Ares y Barry se desplazan de uno a otro habitante del lugar con sigilo, como si rascaran suavemente su corteza. Los testimonios se van sucediendo sin acumularse, y sin tornarse monótonos; más bien es como un tejido, en el que las imágenes nunca van un paso adelante sino que se entrelazan y son, ellas mismas, parte del discurso. Así nos acercamos a una realidad que muchos creemos conocer, pero sólo desde la distancia y si la reducimos a unas pocas frases.
   En ese sentido, uno de los logros de la película es la naturalidad con que lo político y lo social se vuelven una sola cosa: lo precario se convierte en solidaridad, ésta en organización, luego en necesaria representatividad. Masamadre es una muestra de todo lo que es posible hacer a partir de ese recorrido o esa lógica, pero cuidado: también pone en evidencia que las cosas deberían ser de otro modo, así de sencillo y contundente.
   En estos días en que peligrosamente cada vez más gente exige que se deje de hablar de ciertas cuestiones, con todo cinismo, porque resultan cansadoras y ya ocurrieron hace demasiado tiempo, una película como Masamadre puede resultar un saludable mazazo para sacudir a todo aquel que esté a punto de quedarse dormido sobre la catarata de slogans que la tele y sus repetidoras nos proponen a diario. Acaso sea, por qué no, una oportunidad única para dejar de hacerse el tonto.

José María Brindisi
Buenos Aires, EdM, febrero 2014

Masamadre se proyectará en el ciclo La cámara lúcida, en INCAA TV, el jueves 17 de abril a las 22 hs. (repite el viernes 18 a las 20).
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