APUNTES

Sobre la revista Los inútiles [de siempre], por Pablo Luzuriaga


El 16 de octubre de 2014, tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras el 1º encuentro "Pasar revista a las letras". La agrupación Letras Vuelve de graduados de esa carrera convocó a 10 revistas para comentaran sus puntos de encuentro y diferencias. Las revistas Luthor y No Retornable se presentaron de forma cruzada, lo mismo hicieron: Kilómetro 111 y El Río Sin Orillas, Mancilla y Otra Parte, La Balandra y El Ansia. A continuación la presentación de Los inútiles [de siempre] que estuvo a cargo de Escritores del Mundo

Tengo el gusto de presentarles esta revista que traigo aquí entre manos. Los inútiles [de siempre]. Se trata de una revista muy nueva, el primer número fue publicado en 2013 y el segundo número este año. Como dice el editorial del número uno que cita a Isidoro Blaistein, que a su vez cita a Oscar Wilde, ¿Para qué sirve un poeta? Según desde dónde se formule la pregunta, para nada. Todo arte es inútil, todo poeta es inútil y para algunos familiares de poetas todo poeta es un inútil. Pero, dice Isidoro Blaisten (citado por los colegas de esta revista) si se formula la pregunta desde otro lugar, el poeta trastrueca la familia y los familiares, vuelve útil lo inútil y cuando el viento sopla por los ojos da vuelta la red, la seda de los párpados”. Según Sebastián Basualdo, que es quien dirige esta revista, el nombre tiene que ver con una mirada sobre el mundo, en relación a la belleza y el arte. "En un mundo capitalista -subraya Basualdo- donde el ser se ha desfigurado en tener, lo que dentro de esta perspectiva ideológica puede resultar inútil para algunos, para muchos otros, es absolutamente necesario o imprescindible”.


Los inútiles de siempre, es una revista impresa que dedica cada número a un único autor. Vida(s) y obra de Abelardo Castillo es el número 1. Vidas y obra de Alejandra Pizarnik es el número 2. Existen antecedentes de revistas que tuvieron este mismo principio, recuerdo ahora una revista de los años noventa que se llamó La Vaina, dirigida por Esteban Bértola que dedicaba cada número por completo a un único escritor. Le hacían una entrevista y pedían algún trabajo inédito para publicar. En el caso del número 1 de Los inútiles pasa esto mismo, en la revista pueden encontrar poemas inéditos de Abelardo Castillo. En este mismo panel se presenta hoy la revista El Ansia, dedicada en su caso a una serie de tres autores, lo que nos permite comparar y al mismo tiempo distinguir sus proyectos editoriales.
      Se trata de un único autor. En el caso del primer número, el que está dedicado a Abelardo Castillo, encontramos una suerte de continuidad entre la elección del escritor sobre el que trata la revista y el proyecto mismo que la revista propone. Pablo Ramos, el autor de El origen de la tristeza, que es el primer entrevistado, dice de Abelardo Castillo, en lo que podemos pensar es la primera línea de esta revista, su piedra fundamental: “Hoy diferenciar a Abelardo de su literatura es imposible. Creo que Abelardo es literatura, es su literatura; creo que él es un personaje en sí mismo, un personaje maravilloso”. El propio Abelardo Castillo, en la entrevista que se encuentra al promediar el número, dice siempre haber sentido que los escritores que uno admira son como lugares a los que uno viaja. Y para subrayar esta idea, el mismo Pablo Ramos cita una frase de Castillo que dice así: “Uno no corrige textos, uno corrige personas”. Vida y obra se amalgaman. En el primer editorial, Sebastián Basualdo define este proyecto del siguiente modo:

“Cada número de Los inútiles estará dedicado a un escritor para intentar acercarnos todo lo posible a su experiencia literaria; pero no se restringe únicamente al homenajeado, sino que busca ampliar lo que, a nuestro entender, convive orgánicamente con la literatura. Vidas y obra, entonces busca poner de manifiesto cómo han confluido distintas generaciones alrededor de un mismo hombre, una sola mirada sobre el mundo que ha resultado ser decisiva para tantos lectores y escritores.”
     Vengo insistiendo, entonces, en el plural. El genitivo que especifica al nombre del autor lleva escondido un plural. “Vida(s) y obra (en singular) de…”. Las vidas parecieran ser, ni más ni menos, que las de los entrevistados que conocen a Abelardo Castillo y a Alejandra Pizarnik. En el primer caso escriben y responden sobre el autor de El que tiene sed: quien ya nombré, Pablo Ramos, pero también, Irene Gruss, Gonzalo Garcés, Fernando García Curten, Cristina Piña, Gustavo Nielsen, Juan Forn, Guillermo Martínez, Fernanda García Curten, Liliana Heker y Silvia Iparraguirre. Amigos, discípulos, viejos compañeros de ruta, su esposa. En el caso de Pizarnik, los entrevistados son: Ivonne Bordelois, Antonio Requeni, Fernando Noy, Cristina Piña y Roberto Yahni. Estas vidas, las de los amigos y conocidos de Abelardo Castillo y su propia vida, son las que hablan del autor al mismo tiempo que hablan de la obra. Las preguntas en cada entrevista incluso indagan sobre este mismo principio. ¿Cómo fue su primer encuentro con Abelardo Castillo? ¿Qué nos puede decir sobre Abelardo Castillo como persona y como escritor? ¿Cómo y dónde conoció a Castillo? ¿Es un maestro, también, de la vida? A través de las preguntas y las respuestas se va construyendo a lo largo del primer número un espacio mítico alrededor de la obra de Castillo: su escritorio en el departamento de la Avenida Pueyrredón del barrio de Once. Casi todos los entrevistados vuelven a esos encuentros, algunos incluso lo recuerdan como un espacio de libertad, el taller de Abelardo Castillo, en medio de la persecución y censura de la última dictadura militar. Cabe recordar, y más en este encuentro, que durante toda la dictadura, Abelardo Castillo, junto a Silvia Iparraguirre y Liliana Heker editaron la revista de literatura El Ornitorrinco y que años antes entre el 61 y el 74, también junto a Liliana Heker, Abelardo Castillo también había editado El escarabajo de oro. En El ornitorrinco, es donde se produce, por ejemplo, la importante polémica entre Heker y Cortázar sobre el exilio. Abelardo Castillo y Heker son quienes se quedaron en lo que hoy se conoce como el exilio interno.
      Por el escritorio de Abelardo Castillo pasaron muchos escritores. Y su figura como mentor de unos y otros queda bien relevada en el número que le dedican. Asimismo, Los inútiles [de siempre] insisten con su propuesta de vincular la vida del escritor y su obra, gesto que replican al potenciarlo en la propia entrevista que le hacen a Castillo cuando le preguntan por su relación con Marechal o con Borges, las preguntas apuntan a repasar anécdotas de encuentros e intercambios. En este sentido, llama la atención, por último, la mención a aquello que Abelardo Castillo se encontraba corrigiendo cuando llegaron para entrevistarlo, como si fuera un subrayado más sobre la relación entre obra y vida, lo que Castillo está retocando cuando se dispone a responder las preguntas de los inútiles es nada menos que su Diario, el que viene escribiendo hace décadas.
     Hay una pregunta que Los inútiles… le hacen a casi todos los entrevistados: ¿Considera que en este momento Abelardo es leído como debe ser leído? ¿Cree que Abelardo no es leído como debería? ¿Cree que Abelardo Castillo está bien leído y que se le da la importancia que debería? ¿Siente que Abelardo es reconocido como debiera ser y leído como debiera ser? Esta pregunta también reenvía al proyecto de la revista. El gesto crítico de dedicar cada número a un único autor no puede sino leerse como un intento por remover aquello que Bourdieu supo nombrar como el "campo literario". Hacer visible a un joven autor cuya literatura, a pesar de ser novedosa y original, no está siendo leída por la crítica, era el caso de la revista La Vaina en los noventa, o reubicar a un autor consagrado que está mal ubicado. Ese pareciera ser el caso de Los inútiles, respecto de Abelardo Castillo.
     Frente a la pregunta por la lectura de la obra de Abelardo Castillo, la mayoría de los entrevistados responde que su obra es leída, que Castillo tiene numerosos lectores, García Curten dice que es leído: “con fervor y pasión”; Liliana Heker dice que los lectores son “muchos y apasionados”. Pero tanto Heker, como Guillermo Martínez y Cristina Piña subrayan cierta negación por parte de la crítica académica a incluir dentro del canon a Abelardo Castillo.
    Cristina Piña dice: “Sin duda por eso, los capitostes que, desde la universidad o los medios, se ubicaron en el lugar de taste-makers tras el advenimiento de la democracia, le han retaceado a su obra la atención que merece, descuido que ahora está compensando una generación de académicos jóvenes que lo ha vuelto a leer con el reconocimiento, el esmero y la valoración que exige.”
     Martínez, por su lado, dice: “No le dieron el lugar dentro del canon académico que se merece. Con él hubo algo un poco ensañado, justamente porque quedó como el último representante de una corriente que se trataba de dejar de lado, a favor de otras formas de ver la literatura. Yo creo que a Abelardo se lo respeta mucho en general en los círculos literarios, pero no creo que se lo haya estudiado en profundidad, o la insistencia, con la que se ha estudiado a otros autores de su misma generación”. [Aprovecho esta afirmación de Guillermo Martínez para recomendarles la lectura de “Sobre los escritores de culto”, un breve escrito que publicó en el número que salió esta semana en Escritores del Mundo].
     Traigo estas dos respuestas a la pregunta de Los inútiles [de siempre] porque creo que son bien pertinentes a este encuentro de revistas que estamos realizando aquí en la Facultad de Filosofía y Letras. Los “capitostes” de la universidad, ¿quiénes son?, el “canon académico” sobre la literatura argentina contemporánea, ¿quién lo escribe? ¿Se trata de la bibliografía obligatoria de los programas de Literatura Argentina II o de la materia Problemas de Literatura Argentina? ¿Jorge Panesi es un capitoste? ¿Nicolás Rosa lo era? ¿Enrique Pezzoni? ¿Acaso todo se reduce a esa polémica inventada un verano que en Página/12 no tenían sobre qué escribir y alguien dijo que Beatriz Sarlo había echado a Soriano de la Facultad?
     ¿En la universidad definen a quién se lee como se debería y a quién no? ¿Es una atribución de la carrera de Letras? Sin dudas que la variedad de perspectivas sobre la literatura que hoy se está poniendo en juego aquí demuestra a las claras cómo el quehacer de la literatura y la crítica corren también por carriles distintos, ni mejores ni peores, a los que circulan en la universidad. Quizá, más que pensar en lo que la crítica de las revistas hace y no hace la universidad, o al revés, se podría pensar cómo encontrar puentes, puntos de encuentro. Proponer una distinción tan tajante entre los círculos académicos y los círculos literarios, ¿a quién le sirve? Cuando una política de la crítica, para erigirse como tal, se fundamenta en ser la oposición de otra crítica; corre el riesgo de quedar mucho más emparentada a su oponente de lo que cree.
     En el editorial del primer número, Sebastián Basualdo propone lo siguiente (y con esto termino): “La literatura no es una competencia, la originalidad en su sentido etimológico de ser fiel al origen nos obliga a una sola verdad; no se trata de buscar a los mejores, sino a los únicos”. Los inútiles logra con una coherencia sorprendente su cometido, aquello que se propone en el editorial, se repone una y otra vez en las distintas zonas de sus dos números; y también logran instalar esa perspectiva en los términos de un conflicto político de la crítica. Desde Escritores del Mundo saludamos esta iniciativa que ya tiene dos números y parece ir por más; y sólo dejamos un interrogante que nos fue calando desde el primer acercamiento hasta la lectura de la última nota: qué hubiera pasado, qué preguntas se formularían, si las vida(s), ese plural, también fueran las del autor que la revista lee como un yo, pero que también podríamos, formulando preguntas desde otro ángulo, como decía Blaistein, pensar como un nudo donde se cruzan muchos yoes.

Pablo Luzuriaga
Buenos Aires, EdM, febrero 2015
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