APUNTES

Sobre Realismo capitalista, de Mark Fisher, por Pablo Luzuriaga


El final del modernismo como estética alternativa a la cultura de masas y al realismo socialista desemboca, tras prolongar su agonía durante décadas –y que su ocaso haya sido anunciado de incontables maneras–, en el Realismo capitalista: el estadio de la cultura en el capitalismo tardío, 2010. Ese es el nombre que Mark Fischer propone para el análisis del mundo actual que no es otra cosa que las advertencias, cumplidas y con creces, anunciadas por F. Jameson treinta años atrás. La cultura hegemónica contemporánea como resultado lógico del fin de la historia, disolución del conflicto político: en el neoliberalismo de la era posfordista la cultura es una y no habría alternativa. Como una ironía de la historia, tras la muerte del modernismo, su principal oponente, el totalitario realismo socialista, aparece bajo un nuevo rostro: el estalinismo del mercado.

     El libro de Fisher se propone como articulación eficaz de un cuerpo acotado de teorías críticas contemporáneas: los contrastes entre las culturas durante el capitalismo de masas y el capitalismo tardío que propone Jameson, la analítica de Zizek sobre esas mismas transformaciones, el estudio acerca del capitalismo de Deleuze y Guattari y la descripción de los cambios en el mundo del trabajo y la cultura de R. Sennet. El Realismo capitalista es la emergente cultural derivada tras la Corrosión del carácter. Son tres las razones por las que, según Fisher, vale la pena este nuevo concepto como diferencia de grado respecto del posmodernismo caracterizado por Jameson: en 1984 todavía existía una alternativa, hoy la caída del muro de Berlín ha quedado en el pasado; el posmodernismo todavía mantenía una relación con el modernismo, hoy se da por hecho la derrota política del modernismo; y, por último, a diferencia de los primeros ochenta, una generación entera nació tras la caída del muro y no cabe en su imaginario ninguna opción distinta al sistema en que vivimos.
     Fisher compone imágenes, figuras, lecturas de la cultura popular, del cine y la música, con esa generación en mente. En los primeros capítulos cuenta que su trabajo se concentra en los problemas de la salud mental y de las nuevas formas de la burocracia en el actual capitalismo porque ambas estructuras tienen un fuerte ascendente sobre la educación. Durante la década del dos mil, Fisher trabajó como profesor en un terciario y, según reconoce, las categorías y propuestas del libro se basan en esa experiencia. Sus estudiantes son nacidos y criados bajo el imperio del discurso único caracterizado por la frase de Margaret Thatcher: "No hay alternativa". Los jóvenes sufren de "impotencia reflexiva", son conscientes de que las cosas andan mal, pero son aún más conscientes que ellos no pueden hacer nada al respecto. "Muchos de los jóvenes a los que he enseñado se encontraban en lo que llamaría un estado de hedonia depresiva. Usualmente, la depresión se caracteriza por la anhedonia, mientras que el cuadro al que me refiero no se constituye tanto por la incapacidad para sentir placer como la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea buscar placer." (p.50)
       El estrés, los desórdenes de atención, la depresión, los ataques de pánico son evaluados por Fisher del mismo modo que la flexibilización laboral, la intensificación del individualismo y el consumismo insatisfecho, la gerencialización de la política, la expansión de la burocracia, los mecanismos de control social y la mercantilización de la educación: no son errores o desviaciones del sistema, sino "dispositivos orientados a bloquear toda capacidad de transformación". El diagnóstico es comparable al de Byung- Chul Han, la psico-política neoliberal, en el enjambre, se apodera de la emoción e influye en las acciones a un nivel pre-reflexivo. Los jóvenes, inmersos en el narcisismo del teléfono celular, están paralizados entre los límites estrictos de lo positivo, rehúyen a la negación, la complejidad, el roce o la experiencia de lo distinto. Ambos, Mark Fisher y Byung-Chul Han, comparten el diagnóstico: ingresamos por completo en una nueva era en la que el capitalismo tradicional, el fordismo, la sociedad disciplinaria y la sociedad de masas quedaron atrás y hoy asistimos al capitalismo tardío consumado, al posfordismo, la sociedad de control y el enjambre.
     Si bien comparten el diagnóstico, se distancian allí donde el surcoreano no ve salida alguna. Fisher, por el contrario, propone una suerte de manifiesto y llamado a la acción. En la edición en español de la editorial Caja Negra aparecen, a modo de apéndice, dos capítulos que no estaban en la edición original de 2009. "La privatización del estrés" donde establece relaciones directas entre los desórdenes mentales contemporáneos y el posfordismo, publicado en 2011 y "Deseo poscapitalista", un ensayo de 2012 extraído de un libro colectivo editado en Londres: What we are fighting for: A radical collective manifiesto. El manifiesto para una izquierda radical escrito por Fisher reflexiona sobre un argumento que usa la derecha para cuestionar al activismo de izquierda: frente a la novedad del movimiento Occupy London Stock Exchange, una crítica conservadora inglesa señaló con sarcasmo que la aglomeración de protesta había producido las filas más largas en toda la historia de Starbucks.
     Las izquierdas de Occupy Wall Street, Occupy London Stock Exchange, o los indignados en España, posteriores a la crisis económica y el salvataje a los bancos de 2008, quieren un cambio, pero también quieren sus iphone. Fischer argumenta a favor del encuentro entre el iphone y la lucha callejera y propone un modelo de militancia distinto al tradicional deber-ser del militante despojado de valores burgueses. El libro apunta a ese público, el de los jóvenes que se encuentran en las calles protestando contra el capitalismo global. Si bien la atmósfera que rodea a Realismo capitalista es la de la crisis de 2008, el tipo de reflexión sobre la militancia anticapitalista que propone podría remontarse a las primeras movilizaciones contra la Organización Mundial de Comercio que tuvieron lugar los años previos al cambio de siglo. En 1984 Jameson describió las principales características de la cultura durante el capitalismo tardío. En 1994 los zapatistas en Chiapas iniciaron un nuevo ciclo de resistencia pensando para combatir al actual capitalismo. Mientras tanto, nuevos voceros enuncian la frase de Margaret Thatcher. Lo nuevo va quedando viejo.

Pablo Luzuriaga
Buenos Aires, EdM, octubre 2016
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