Alberto Laiseca (1941-2016)



Scott: ¿Cuándo empezaste a escribir?
Laiseca: Cuando estaba en la universidad, estudiando Ingeniería Química, que me había obligado mi papá (el padre de Laiseca era médico). Después de tres años, le dije que no era lo mío. No nos hablamos por un tiempo.
    Laiseca se agita, se cansa y se aburre con facilidad. También lo cansa y lo desanima el presente, al que ve cada vez más vulgar y menos ambicioso. En eso y en su anticomunismo, Laiseca es, acaso contra lo que el espíritu de su obra declara, completamente borgeano. Sus Poemas chinos son una hermosa muestra de esa añoranza, por un mundo antiguo donde belleza y experiencia estuvieron entrelazadas. También el amor: ´No hay falta ni arrepentimiento en buscarte / solo el peligro de la impaciencia que a veces me conduce al lago / con sus espejos parlantes y risas salvajes”.
    Tal vez por ese clima de epílogo, un rato después, le hacemos esta pregunta.
Scott: ¿En qué época te hubiera gustado vivir?
Laiseca: En la cuarta dinastía egipcia.
Scott: ¿Por qué?
Laiseca: Porque ahí se construyeron las pirámides. Me hubiera gustado ser obrero…
Scott: Pero obrero de una grandeza… Porque obrero fuiste, ¿no?
Laiseca: Sí, pero no trabajé en ninguna pirámide.

Tomado de “Un obrero de las pirámides” de Edgardo Scott,
En El Ansia. Revista de literatura argentina, número 1, octubre de 2013
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