ADELANTOS

El hombre detrás de la vanguardia, por Martín Greco


Junto a Carlos García acabamos de publicar un libro sobre Evar Méndez, el director del periódico Martín Fierro (1924-1927), a quien llamamos el hombre detrás de la vanguardia. La redacción nos llevó más de quince años. Afortunadamente logramos recuperar fuentes desconocidas e inéditas, entre ellas unas doscientas cartas que abarcan el período de 1907 a 1954, y en tal sentido la investigación resultó para nosotros un verdadero proceso de descubrimiento y aprendizaje. Ya anticipamos alguna de esas conclusiones en artículos y ensayos, por lo que no abundaré aquí en asuntos como el supuesto apoyo de Alvear a Martín Fierro y el supuesto carácter elitista del periódico, así como los desconocidos avatares en torno al cierre del periódico y otros asuntos que se tratan en el libro.
     Ahora quiero detenerme solamente en la gran paradoja que domina la fortuna póstuma de Evar Méndez (1885-1955). Nosotros mismos ignorábamos ciertos hechos que nos obligaron a reconsiderar, no sin sorpresa, las hipótesis de partida: creíamos, como la mayoría de la crítica reciente, que Méndez era un intelectual aristocrático que desdeñaba el público y la plebe. Sin embargo, al reconstruir su trayectoria fuimos advirtiendo que dicha percepción, debida a curiosos desplazamientos, no era fidedigna.

     Si bien Evar Méndez incurrió en muchas de las limitaciones ideológicas de sus contemporáneos, no fue, pese a lo que suele repetirse, oligarca, elitista y conservador, sino hijo natural de una familia de escasos recursos de Mendoza, no completó sus estudios secundarios por la obligación de trabajar desde muy joven, participó en la revolución yrigoyenista de 1905 junto al caudillo mendocino Lencinas por lo cual llegó a ser detenido, fue simpatizante del anarquismo y del socialismo, colaborador de Alberto Ghiraldo y José Ingenieros, masón, ateo, anticlerical, antimilitarista y antifascista, adversario hasta el final de su vida, según él mismo dice, de “reaccionarios derechistas”.
      Suscribió intervenciones públicas progresistas contra episodios resonantes como el fusilamiento de Francisco Ferrer en 1909, la represión de la Liga Patriótica en 1919, el destierro de Miguel de Unamuno en 1924, la ejecución de Sacco y Vanzetti en 1927, el franquismo en 1939 y el nazismo durante la guerra. Actuó en cooperativas editoriales y en intentos de constitución de representaciones gremiales para la reivindicación profesional de periodistas y escritores, entre ellas la Asociación de Periodistas y Afines que en 1919 realizó una larga huelga contra las empresas periodísticas de Buenos Aires, en la cual, dice un testigo de la época, Méndez, debido a “sus convicciones sobre la misión social del poeta” y “sus ideas revolucionarias, se dio de lleno a la contienda” gremial.
     Su anticlericalismo añade una nueva dimensión a las polémicas relacionadas con el cierre del periódico Martín Fierro: las peleas del director con los jóvenes redactores pueden ser leídas en clave religiosa.
     Méndez fue, por estrechez económica, lo que ahora se llamaría un trabajador de las industrias culturales, en las que desempeñó las más variadas funciones: periodista, crítico de teatro, música y cine, cronista social y parlamentario, editor, prologuista, traductor, vocero de prensa, jurado de concursos, bibliotecario, funcionario público. Es decir, en términos del ensayo pionero de Jorge Rivera, Méndez no era un escritor heredero, como Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo o Victoria Ocampo, sino un escritor profesional. A lo largo de su vida trabajó duramente sin alcanzar jamás posiciones de privilegio. No poseía propiedades ni rentas; vivió siempre en hoteles, modestos cuartos de pensión y departamentos alquilados, de lo que da cuenta la larga lista de domicilios relevados, entre ellos el de Bustamante 27, donde se fundó Martín Fierro, que quedaba a tres cuadras de la calle Boedo y a veintiocho de la calle Florida. Públicamente Méndez no vacilaba en calificarse como cuyano plebeyo, mezcla de “indio y español”.
     ¿Por qué, entonces, la imagen aristocrática que de él ha conservado la posteridad?
     Esta es una de las preguntas a las que busca responder La ardiente aventura. Cartas y documentos inéditos de Evar Méndez, director del periódico Martín Fierro.
      El trabajo se propone volver a situar a Evar Méndez en la historia del campo cultural argentino. Para ello, estudia su trayectoria intelectual ―hasta hoy en gran parte ignorada― y su participación en el periódico Martín Fierro, reflexiona acerca de las funciones del director de una publicación cultural y revisa algunos lugares comunes y ciertas inexactitudes de la historiografía literaria. De este modo, junto con la recuperación de fuentes hasta ahora desconocidas o inéditas, aspira a abrir nuevos caminos para investigaciones y reflexiones críticas sobre un momento central de las vanguardias hispánicas.

Martín Greco
Buenos Aires, EdM, septiembre 2017
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