ESCRITORES EN SITUACIÓN

Sobre La clase peligrosa. Retratos de la Argentina oculta, de Juan Grabois, por Pablo Luzuriaga


El libro de Grabois editado por Planeta, La clase peligrosa, recibió un comentario en el diario La Nación. Llama la atención el lugar, en la edición online aparece bajo una nota que enaltece a la ministra de seguridad Patricia Bullrich, sobre una respuesta que ella le da a la diputada nacional Mónica Macha, en la que incluye el término "machirulo", una nota que no pareciera tener nada que ver con el libro de Grabois. Una sección de notas políticas, al paso. Los comentarios de los lectores también juzgan el libro de Grabois. ¿Qué más decir sobre ese espacio de La Nación, después de lo hecho por el artista y sociólogo, Roberto Jacoby? En el caso del libro de Grabois, se puede agregar que quizás sea índice de un acierto en el título. ¿Cuál es la clase peligrosa? Un tal "BorgesAlvares" que habla desde la memoria opaca del televisor dice que se trata de la operación de La Nación online, en donde meten temas como: "FEMINISTAS, ABORTISTAS, PAÑUERULAS VERDES, FARÁNDULA, GAYS, LESBIANAS, TROTSKOS, PROGRES, demás EXCREMENTOS DE LA SOCIEDAD". En el intercambio, los comentaristas previos ya venían azorados por el hecho mismo de que el libro tuviera un lugar en el diario, de que ese personaje horrendo que es Grabois para los comentaristas de La Nación tuviera un lugar allí; y "BorgesAlvares" se envalentona. Como indica el autor al final del libro, los que escriben sus comentarios al pie de las notas de La Nación no son la clase peligrosa, tampoco desde la cual habla quien narra las historias del libro, sino la clase que mantiene las condiciones de inequidad en el mundo que vivimos a diario y que se ve especialmente representada por el diario. El título del libro es ambiguo porque promete descubrir algo detrás de lo que asusta. Testimonio fiel de la vida de aquellos que más sufren y que son vistos como un peligro; los "misterios" de una Buenos Aires desquiciada durante el capitalismo en su fase actual; Retratos de la argentina oculta, el subtítulo tampoco aclara, podría ser la argentina oculta donde los poderosos hacen sus negocios o la argentina oculta de los más pobres entre los pobres. Sea cual fuere la opción que anule la ambigüedad, lo que está claro es que el libro apunta a lectores que no pertenecen ni a una ni a otra clase.

      Lo de Bullrich no tiene mayor explicación que un eventual cortocircuito en la mente del editor de esa sección online. Sin especular con detalles conspirativos sobre el cruce entre la ministra y el dirigente social y su, también eventual, reflejo y rebote en los principales medios. Lo cierto es que la palabra "peligroso", en el título del libro de Grabois, es un acierto. Grabois, y en esto se parece al Subcomandante Marcos, reúne tragedia con humor y acción política directa. Ha visto las cosas más terribles que suceden a diario en los sectores más golpeados por el capitalismo, con y sin bozal. Pero también puede reír, como en el cuento de la Bruja Mala que publicó en Infobae sobre la persecución de Bonadío a Cristina. Su palabra política se ve avalada por una singular condición de enunciación, pide que los demás creamos en él, que confiemos en lo que dice a partir de una ética de la conducta; cuando habla o escribe propone como pacto que su interlocutor vincule lo dicho con sus actos en la arena política. ¿Qué es lo que da credibilidad a Grabois? Dos fuentes. La primera se hunde en este libro, en su experiencia como dirigente social por casi dos décadas, hoy al frente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Y se remonta a 2001, la fuente principal que lo alimenta a diario, en la lucha junto a los trabajadores excluidos. La segunda confirma a la primera; es la vía del Papa, a través de cuya figura Grabois ocupa un lugar en la cabeza de los editores, en la prensa y la televisión, y a partir de quien enlaza las pequeñas conquistas sociales a los grandes temas del mundo.
       El libro expone en toda su dimensión al intelectual anfibio, figura que también recuerda al Subcomandante Marcos. Puede comer con un funcionario en un boliche del centro o con la señora del tupper que describió el cómico Dady Brieva en su intercambio con Novaresio. Se mueve en ambas clases como pez en el agua, pero prefiere mirar desde abajo. El horizonte de la revista Anfibia está, a su manera, en este libro. El testimonio lo acerca a Cristian Alarcón, el peronismo a Rodolfo Walsh, lo del Papa es su nota original. Está organizado en cuatro capítulos integrados por "retratos" de una prosa cuidada entre la crónica y el ensayo. Relatos y reflexiones que parten de acontecimientos concretos, la experiencia de los desalojos en el predio de Acuba, en Lanús, la experiencia de los cartoneros y recicladores, de la cárcel de Devoto, experiencias en el interior, los vendedores ambulantes, los senegaleses, La Salada. En el pasaje dedicado a sus compañeros cartoneros, dice:

"Me costó entenderlos tanto como ellos a nosotros. Sólo una prolongada interacción entre personas de distinto origen cultural o, en este caso, la inmersión militante sostenida en las condiciones culturales de los excluidos, permite un diálogo sincero, de iguales, basado en la sincronización de registros lingüísticos y el acercamiento entre las pautas morales, aspiraciones y motivaciones originalmente distintas que tiene cada cual. La grieta entre integrados y excluidos sólo se salda con amor y cercanía, en lo pequeño y en lo grande. Hay que cruzar la muralla y estar ahí, que se te impregne el olor de los compañeros. Si no, no podés entender." (p. 41)

La inmersión militante habilita el diálogo entre subjetividades de distintas clases. Invoca al olor de la ropa que no se termina de secar, el olor después de empujar el carro, que se impregna en el militante que se acerca con el volante en la mano y se queda ahí, a ver el mundo desde el punto de vista del excluido, para convocarlo a organizarse y luchar por su emancipación. El testimonio del libro lo define como militante, y también como intelectual. El libro incluye cifras, números y reflexiones teóricas. En La clase peligrosa aparecen el punto de vista de Edi, el Chino, Tati, Montaña, el Mono, Edit y la Quela, del colectivo de cartoneros, también el de Emilio Pérsico, pero el diálogo incluye, además, figuras como Toni Negri, Zygmunt Bauman, Bartolomé de las Casas, Wright Mills, Marx, Max Weber, el cardenal católico Reinhard Marx; y el Papa. El libro propone el punto de vista de los pobres, en diálogo con los intelectuales del mundo y para un destinatario definido: potenciales lectoras y lectores de los sectores medios, que a través del libro decidan mirar por arriba de la muralla. En La clase peligrosa hay una manifiesta intención de comparar asuntos de los más variados con ejemplos de la cultura popular y de masas: películas taquilleras como Guerra Mundial Z, videojuegos, y otros guiños al lector joven o a lectores que puedan leerlo con gusto este verano, durante las vacaciones del dólar a 40, en una playa de la costa o en un lago del sur.
        El libro pertenece a una tradición del pensamiento argentino reciente. Una que incluye desde los trabajos de Semán y Merklen, a los de Maristella Svampa, Verónica Gago, Diego Stulwark y el Colectivo Situaciones que piensa la política desde el punto de vista de los sectores populares, tal como Ana Natalucci y Javier Auyero. En el pensamiento argentino reciente, crece la reflexión sobre el destino de los pobres. Elucubraciones sobre el principal nudo político: el territorio en los alrededores de las principales ciudades del país, el destino de los que se han ido del campo y se acomodan como pueden. A partir de los años ochenta esa población creció más rápido que la planificación estatal. Los barrios de los MTD, en el sur del conurbano, La Matanza (sobre cuyo nombre, Grabois anota la historia Querandí), y el crecimiento demográfico en el norte y el Oeste. Los pobres ciudadanos, los mismos que ocupaban la cabeza de Beatriz Sarlo –en la entrevista que junto a Horacio González, les hace Fontevecchia (junio de 2015)–, cuando dijo que el problema del gobierno siguiente –se refería al presente sin saber aún quién nos gobernaría porque fue antes de las elecciones–, que el problema central se podía anudar en un sintagma: la villa. Las villas como nudo por donde pasan todos los problemas cuya solución pondría en marcha al país. Problema, visto más allá del sarliano límite de la General Paz, como el de los barrios populares sobre el que, al parecer, habría un acuerdo generalizado entre las distintas tendencias: Carta Abierta ha reunido a gran parte de los principales interesados históricamente en el asunto: los pobres. Grabois en este libro, la revista Anfibia y el periodismo militante, de la Agencia Paco Urondo al PTS (en el país y el mundo), ubican el problema en primer plano.
          La evaluación sobre lo que todavía resta hacer en materia de emancipación de los sectores populares en el kirchnerismo ya tiene más de un año, el libro de Javier Trímboli se sigue discutiendo y propone un nuevo punto de partida. El de Grabois deja bien en claro su posición sobre el gobierno anterior: perteneció a un ciclo que se dio en toda la región, cuya última expresión y espacio de resistencia está por ser Bolivia, si es que gana el peligroso Bolsonaro. Con el kirchnerismo las condiciones de los más pobres no empeoraron, aunque no hayan cambiado tal como una política emancipatoria imagina, mejoraron en términos generales: el amparo del Estado. Por eso Grabois defiende a Cristina, habiendo sido opositor. Todavía está por verse si será candidato o no, en los próximos días estaría lanzando su propio frente electoral. El ingreso a la contienda política abre un signo de pregunta sobre su lugar de enunciación. La fuente del Papa y la fuente de su experiencia como militante (uno que desde 2001 pide más que un país en serio), ante su potencial candidatura parecieran descompensarse, caer hacia el lado del Papa. Las fuentes que autorizan su palabra entran en contradicción. La de 2001 fue señalada en septiembre último por Mariano Pacheco en el portal Lobosuelto! Anarquía coronada, y abordada en la entrevista que le hizo Diego Sztulwark en Clinämen, el programa de radio Tribu, a principios de octubre. Pacheco se pregunta por qué Grabois dijo que la generación de 2001 debía tomar un rol protagónico en el presente, si el 2001 no tiene nada que ver con las elecciones de 2019. Fuego en las calles, piquetes, saqueos, no están cerca de las boletas y las urnas. Pero Grabois, al parecer, habla de la democracia.


2019

El título del libro, la tapa que se ilustra con el cartel de peligro, el tono autorreflexivo, ameno y burlón, además de trágico, y la sensación de acompañar al narrador en una aventura quijotesca, permiten pensar una cierta retórica política de Grabois. ¿Qué retórica para qué público? Preformatea un discurso, medido, ajustado que se realiza en su militancia. El libro es parte de un plan mayor, en el que aparece el video de su detención, las entrevistas, el acompañamiento a Cristina, también el traspié del aborto. Grabois no es sólo una figura pública, sino además una figura política. El hecho de que muchos políticos pasen por personajes de la televisión no los libera de sus aciertos y errores políticos. El libro es testimonio de un militante social de una de las más importantes organizaciones que vienen desarrollándose desde 2001. Grabois debió llamarse a silencio sobre el tema del aborto. Sus compañeras en la organización así lo pidieron en una asamblea. Y Grabois "manda obedeciendo": una de las consignas más generalizadas en las organizaciones sociales alrededor de 2001 hacia atrás y adelante. En la CTEP hay organizaciones que acompañaron al gobierno kirchnerista en las elecciones, como el Movimiento Evita, y organizaciones que fueron opositoras, también unas más intermedias, donde se ubica Grabois. La CTEP integra organizaciones autonomistas cercanas a lo que estaría haciendo Grabois en relación al aborto. El argumento de sus compañeras podría ser un buen argumento feminista del tipo, vos no sos mujer, no hables si no vas a decir lo que nosotras queremos decir. Se llama a silencio, da así su opinión y cumple, con el Papa y con el mandato de 2001. En ese sentido está más cerca de 2001 que de 2003. Pero también en la CTEP está Emilio Pérsico y el Movimiento Evita, que han ido por el camino electoral, y con éxito.
      Pacheco cita para caracterizar al 2001, y anteponerlo a los proyectos electorales de Grabois para el año próximo, un libro de Omar Acha que se refiere a esa generación, pero en términos intelectuales. El problema intelectual alrededor de Grabois pareciera despertar viejas pasiones, para nada tristes. Habría que comenzar diciendo que Grabois en diálogo con Sztulwark puso en práctica una impostura antiintelectual, que repite al comienzo de su alocución, en una charla colectiva con Myriam Bregman y Axel Kicillof. Hay que hablar en fácil, no en difícil. Desautoriza al progresismo intelectual de izquierda por su condición de enunciación, son los carapálida que no entienden a los cabecita. Pacheco define a la generación de 2001, la que Grabois convoca a tener un rol más protagónico, como Omar Acha define a los intelectuales que estarían marcados por el 2001: una generación que habría llegado para pedir transformaciones radicales con "el nivel" de radicalidad que tuvo la generación del 70. ¿Grabois convoca a tener un rol más protagónico a los militantes de las organizaciones que no se conformaban con el sueño de un país en serio? El libro de Acha está firmado en 2008, en el kirchnerismo de Cristina, que vino después, los sobrevivientes de la generación del setenta y los de la primavera democrática, tan mal tratados por Acha, todavía no habían dado de sí todo lo que luego demostraron. Dicen que a la generación del setenta le falta rock, quizás por eso el rock se haya vuelto política pública.
Esta imagen circuló por Whatsapp mientras estaban detenidos.
      Al que no pareciera faltarle rock es a Juan Grabois, al menos no en la imagen que circuló por Whatsapp mientras estaba detenido con los senegaleses. Rage Against de Machine se queda corta con esa tapa que imagina a los Gra Bois como una banda protesta de los noventa. El video que lo muestra hablando desde el móvil policial es el registro de una performance política. No interesa si lo que dice es verdad o es mentira (la lectura del último libro de Jorge Panesi, La seducción de los relatos, permite comprender de forma cabal el asunto, tan mal tratado en los medios, sobre los "relatos" y la política), sino el hecho de que el video exija una lectura, tal como la exigen las performance artísticas. Comienza in medias res, Grabois ya venía hablando, escuchamos sus primeras palabras:

"...de República Argentina. El nivel de arbitrariedad del gobierno en nuestro país ha llegado a un grado intolerable. Un grupo de jóvenes vinieron a defender a los trabajadores de la vía pública, a los vendedores ambulantes que estaban tratando de ganarse el pan a partir de su propio trabajo, su propio esfuerzo, en un contexto de una terrible crisis económica. Personalmente llegué para ejercer mi rol como abogado y fui detenido de manera arbitraria con golpes, con insultos y aquí estamos junto a trabajadores migrantes de Senegal, junto a militantes sociales, a Rafa, Secretario General de la CTEP capital, a Sergio presidente de la Confederación de Cartoneros y Recicladores, Alejandro Valiente. Hemos sufrido todo tipo de maltratos, nos han detenido de manera absolutamente arbitraria, y hemos sido hostigados por nuestra pertenencia política y organizativa, entonces nosotros le pedimos al pueblo que haga sonar el repudio por estos actos de intimidación que se dan en el marco de la entrega de nuestro país al Fondo Monetario Internacional, el saqueo de nuestros recursos, el hambre y la miseria de las mayorías populares, muchas gracias." (se trata de un video de Crónica, sería muy bueno saber quién lo filmó y en qué condiciones).


Poco más de un minuto, una intervención redonda. ¿Qué pasó, quiénes somos, qué pedimos? Un abogado y dirigente social fue detenido por defender migrantes. Fuera de nuestro país, hasta que Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos, eso estaba mal visto. Al mismo tiempo es un video que pudo haber circulado en el movimiento antiglobalización de los noventa y principios de dos mil. Contra el neoliberalismo desembozado, desde el punto de vista del que peor la pasa y denunciando la entrega del país. Represión en el marco de la entrega, nunca la fórmula tan bien acompañada por las circunstancias; desde el interior del móvil policial, Grabois habla al mundo, senegaleses reprimidos en la República Argentina. Pocos días después, en una entrevista radial se va a enojar con el periodista que pregunte por el acompañamiento a Cristina. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?, dice Grabois. No responde, les dice que para preguntar por eso lo llamen en otro momento y no cuando está hablando de su detención arbitraria. No importa cuál sea tu ideología política, la detención arbitraria de dirigentes sociales no se puede relativizar. Pero también defiende a Cristina. La performance no se agota en sí misma, se explica en serie. Grabois no planificó su detención, supo estar en el momento indicado, en el lugar indicado y decir lo necesario. En el libro relata una detención anterior a senegaleses. Grabois interviene en el espacio público en distintos formatos y registros, escapa así del titular fácil.
     Publica La clase peligrosa. Retratos de la Argentina oculta, lo llevan preso con un grupo de senegaleses junto a otros dirigentes sociales, dice que va a defender a Cristina frente una avanzada hemisférica contra gobiernos populares como los de Lula y Correa, y dice, también, que la generación de 2001 debe asumir un rol protagónico en lo que está pasando. Mariano Pacheco se pregunta por qué Grabois hace el llamado si la generación de 2001, a diferencia del kirchnerismo, se caracteriza por los movimientos de masas, la calle, y la lucha reivindicativa; ¿por qué ese llamado asociado a las elecciones de 2019? El argumento de Grabois es claro: aquellos que el capitalismo quiere expulsar, se organizan y exigen condiciones dignas de vida, y lo hacen en forma pacífica y democrática. Cualquier salida del conflicto, por vías no previstas en el calendario, golpea, principalmente, a los sectores populares. Defender a Cristina no es defender a De Vido. Defender a la ex presidenta de lo que hace el Juez Bonadío y el gobierno de Macri con su figura, lugar en el que ella misma se ha metido, es defender una serie de ideas frente a otra serie de ideas. Ahí menciona como argumento la democracia, por la cual vale la pena tener un rol protagónico, desde 2001 e incluso antes, desde la "primavera". La democracia, ¿un valor "al nivel" de los setenta?
      Se trata de un argumento trágico. No quiere que se incendie el país, pero de incendiarse lo entiende y acompaña, como pueda. No sabe si Cristina se va a presentar o no, pero sabe que Cristina no debe ser proscripta. Si ella gobernara el país, Grabois no sería, necesariamente, funcionario de gobierno. ¿Su potencial candidatura estará avalada por el mandato de sus bases como el silencio sobre el aborto? Se ofrece como garante de la democracia e incluso le pone nombre y apellido a quienes especulan con salidas prematuras del macrismo. Pero el componente trágico de la performance no se agota ahí, ¿qué lo hace tan claro y simple?
      Es un argumento autonomista, de raigambre democrática, pero en un sentido plebeyo. Una práctica con la que La Cámpora no ha tenido nada que ver desde el principio: del "apoyo crítico" a "la jefa", hubo apenas dos pasos. Cristina es La Cámpora. Cristina, en términos relativos, representa una serie de ideas, los derechos, el Estado, el tibio anhelo del país normal, también ideas más fuertes, como la soberanía económica, la patria y la identidad nacional. La cultura popular kirchnerista fue un producto estatal. Grabois es peronista, pero en un sentido marcado por el 2001. Y está lo del Papa. Aunque trágico no es sacrificial, en eso su discurso político se acerca, otra vez, al zapatismo. En algunas charlas le da por el humor, en la que comentamos con Bregman y Kicillof, organizada por la CTEP-Capital, toma por ese camino. Humor, polémica, desacuerdo, tragedia, amor cristiano y conducta. El libro concluye con un epílogo: una "utopía naif".
      Si Juan Grabois pertenece a esa nueva generación de la que habla Omar Acha, y la convoca, vale la pena prestar atención. También si pertenece a una nueva generación, en sentido más amplio como el que propone Lucio Fernández Mouján, analista político y él mismo nacido como militante al calor del 2001. Aunque no estemos de acuerdo con lo que dice Acha sobre los setenta y los ochenta y aunque no comulguemos con el Papa, ni nos convenza el recorte generacional. Porque es cierto que no tenemos veinte años, que hay que pedir más que un país normal y es cierto que el macrismo está incendiando todo lo que durante el kirchnerismo supimos contener. Grabois convoca a defender la democracia, esa es una marca generacional por la que vale tener un rol protagónico. La presencia de Felipe Solá, el día que lo detuvieron junto a los senegaleses, llamó la atención. Gran parte de las organizaciones que podrían exigir la liberación de Grabois frente a su detención arbitraria consideran a Felipe Solá responsable político del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteky. Otros recuerdan su foto con De Narváez y Macri. La nueva generación que hace ya diez años convocaba Acha, la que volvería a exigir transformaciones radicales después de los setenta, con Felipe Solá no se entiende bien. Pero lo cierto es que ahí estuvo, frente a las cámaras, también estaba D´Elía. Días después, Felipe Solá, como Kicillof, acusó a Massa por ser macrista hasta las seis de la tarde y hoy ha roto definitivamente con el Frente Renovador. No hay dudas sobre un punto: Juan Grabois dice que la generación de 2001 tiene que asumir ahora un rol de protagonismo desde una singular condición de enunciación. ¿No gusta la corrupción? El capitalistmo es corrupción. El consumidor de Ahora 12 puede votar a María Eugenia Vidal, a Macri o a Tinelli, no hay mucho más por esa vía. ¿Hay algo más por la vía de Grabois? Dos fuentes legitiman su palabra: la fuente 2001, el mandato de sus bases, y la fuente vaticana, el mandato del Papa. ¿Qué mandato va a obedecer si alguna vez manda a través de las urnas?
       Está claro que la impostura (uso esta palabra porque pertenece a su propio universo) antiintelectual es un escollo en el diseño de la retórica política. A los potenciales lectores y lectoras de su libro, "carapálidas" preocupados por el país, uno de fuerte tradición laica, muy probablemente a favor del aborto y envalentonados por el avance feminista, la impostura antiintelectual les seca la garganta por donde tiene que pasar el sapo del Papa. Las 3T ("Tierra, techo y trabajo") son una elaboración intelectual. El libro La clase peligrosa es una elaboración intelectual, ¿hace falta decirlo? En la entrevista colectiva organizada por la CTEP-Capital, Kicillof responde con la fórmula brechtiana. Si no entendés lo que dice el economista es porque te está cagando, si le entendés todo, quizás sea neoliberal. Las teorías, cuando no parecen teorías. Kicillof tiene el Brecht que le falta a Grabois, y Grabois la mugre, en el sentido del tango, que le falta a Kicillof. A Myriam Bregman, como a los partidos de izquierda en general, todo le parece más simple. Myriam Bregman y Grabois enfrentan al capitalismo. Kicillof, que puede hablar en esa mesa habiendo sido ministro de economía, es más moderado. Están llamando a un frente contra las políticas de ajuste neoliberal en el país y la región. 
       A llorar a la Iglesia.
     
A raíz de una nota publicada el domingo último en El Cohete a la Luna, Grabois publicó un duro tuit acusando a Horacio Verbitsky por haber mentido acerca de una reunión que Myriam Bregman habría tenido con Cristina: "Verbitsky, botonazo decadente, miente para acomodar la realidad a sus intereses. Ahora le quiere marcar la cancha a @myriambregman y darle lecciones de moral desde la Fundación Ford. La militancia que siga creyendo en semejante gorila mitómano va a volver... a los mismos errores". La propia Bregman dijo también que se trataba de una fake news. Más tarde, Cynthia García salió en defensa de Verbitsky, dijo lamentar: "tan desubicada expresión. Basta de explotar la fama de izquierda cool @JuanGrabois. Es hora de construir en serio". Y el intercambio siguió: "Me dejaste pensando che... –dice Grabois– Creía que los militantes cool eran las estrellitas bien pagas de 678 y los groupies de la Marcha de Rolando. Los que construimos organización popular en lugares a los q el GPS no te deja entrar, nunca fuimos muy cool." Cynthia García: "Otro comentario desubicado. Lo digo con respeto. Parecieras no tener conciencia del momento. Esta es tu idea de construcción @JuanGrabois? No tenés por qué saber quién soy. No tengo esa soberbia del termómetro de la calle. Pero efectivamente mi GPS no llega al despacho de Stanley". Juan Grabois: "Y sí, al MDS van los de abajo y sus organizaciones a luchar x sus reivindicaciones. La gente `conciente´ como vos va al Banco Provincia a conseguir pauta. Podemos tragarnos sapos para construir, pero la obsecuencia se la dejamos a uds. Si querés la seguimos por otro medio, chau".  Y el intercambio siguió y siguió. El primer tuit de Grabois fue retuiteado cerca de doscientas veces y recibió casi cuatrocientos comentarios. Lo mismo sucedió con la respuesta de García.
      En su nota, Verbitsky comentó La clase peligrosa: "Juan Grabois, quien acaba de publicar un libro donde hace el panegírico de Bergoglio, y Eduardo Valdez, acompañaron a CFK a su último encuentro con el señor Glock. (...) Ahora inició un acercamiento con Ofelia Fernández, la ex dirigente estudiantil del Colegio Carlos Pellegrini y una de las más aplaudidas expositoras en defensa del aborto en las audiencias convocadas por el Congreso. Como dice el propio Bergoglio, nadie es irrecuperable." El futuro del frente opositor a las políticas del gobierno neoliberal todavía no es claro. "Mandar obedeciendo" y el vértigo de twitter parecen ir a contramano. Lo que sí es claro es que la matriz retórica de Grabois es el oxímoron (una figura que también gustaba al zapatismo): reúne opuestos, eso estaba detrás del café que le propuso tomar al mediático oficialista F. Iglesias. Alrededor suyo, tiene cerca a Myriam Bregman (su abogada), dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas, y al Papa Francisco, jefe del Vaticano; contra su libro, escriben La Nación y Verbitsky.  

Pablo Luzuriaga
Buenos Aires, EdM, Octubre 2018



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